Rubén Darío y Argamasilla de Alba

Pero la señora Jantipa, además, ofreció “abadejo a la arriera”; otra variedad de bacalao, esta vez desalado, que en Argamasilla se cocinaba con un sofrito de cebollas y ajos: los primeros en más cantidad que el tomate. 

El pasado doce de febrero, José Mª Barreda escribió en LANZA un estupendo artículo en el que menciona la visita que el periodista, diplomático y poeta nicaragüense Rubén Darío realiza a nuestra tierra en 1905; concretamente a Ciudad Real, Alcázar de San Juan y Argamasilla de Alba. Siete días después, Martín Miguel Rubio Esteban, también en LANZA, nos documenta (con profusión de detalles) la vida y literatura del más importante poeta del “modernismo literario” en lengua española, escribiendo otro interesante artículo. 
Pues bien, como no hay dos sin tres, uniéndome a este improvisado homenaje que le han hecho los amigos y señores ya nombrados al autor (entre otros magníficos textos) del libro: “Cantos de vida y esperanza”, donde incluye el poema titulado: “Letanía de nuestro señor don Quijote”, referiré algunos detalles de la visita que el nicaragüense, acompañado del también periodista: Pedro González Blanco, hacen en el mes de febrero a nuestra tierra. 
Dos artículos, como bien dice Barreda, escribió Rubén Darío de esta visita en el periódico LA NACIÓN, de Buenos Aires: medio de comunicación del que era corresponsal. El primero, titulado: “En tierra de Don Quijote” lo redacta en Argamasilla, por lo tanto en febrero, siendo publicado en el diario argentino el 9 de abril. El segundo, escrito en Madrid, mes de marzo, se titula: “La cuna del Manco” y fue publicado el 21 de mayo. Una anécdota tenemos que añadir a lo anterior y es la siguiente: aunque se sabía en Argamasilla de los dos artículos en cuestión, hasta que nos los trajo y regaló, en 1982, Rosita Cueva: una dama argamasillera casada con un diplomático de Guatemala que, por casualidad, los descubrió en su casa, almacenados entre otros muchos periódicos, no los habíamos visto tal y como se publicaron.    
De entre las cosas que podemos destacar de lo escrito por Rubén Darío, además de lo ya expresado en los dos artículos que nos han precedido, es la fonda donde se hospedaron tan ilustres huéspedes; que fue la de la Xantipa, (Jantipa, como la mujer de Sócrates) llamada sin embargo Xantipa por Azorín en sus crónicas, por imitar irónicamente la gramática del s. XVII, que ya sabemos utilizaba la x en vez de j. 
“Desde luego, se me pidió –dice el escritor-  que indicase lo que quería comer”. Copiando a Cervantes, el poeta le pide a la dueña del hospedaje todo el menú que el alcalaíno señala para don Quijote. “Jantipa se puso las manos en la cabeza y me manifestó, que á lo más me serviría un ajo de patatas”. Este plato de nuestra cocina popular tiene como base el bacalao salado, aceite crudo, patatas, ajos enteros, tomate y cebolla, laurel, y un poco de pimentón dulce (en algunos sitios le añaden unos gajos de pimiento verde o rojo); es plato recio de cuchara; se cocinan todos los ingredientes a la vez, es decir, en crudo como un estofado. 

Pero la señora Jantipa, además, ofreció “abadejo a la arriera”; otra variedad de bacalao, esta vez desalado, que en Argamasilla se cocinaba con un sofrito de cebollas y ajos: los primeros en más cantidad que el tomate. 
Además de lo anterior, a los huéspedes, la dueña de la fonda les ofreció: huevos pasados por agua, gachas y algún chorizo de su matanza. “Protesté –dice Darío- y mi protesta ocasionó el agregado de un pollo, todo lo cual y un vinillo blanco sin clasificar me fue servido sobre dudosos manteles y ante las tijeras y las medida, que atestiguaban la profesión del hijo de la viuda socrática”. 

Una carta llevaba Rubén Darío de recomendación: “para un señor hidalgo que me resultó bachiller y letrado”; seguramente que se trataba de Fructuoso Coronado: de cultura extensa e intensa que, junto a otros señores, coloquiaban de los cervantino en la rebotica de don Carlos Gómez. Asimismo conoció a Ramón Antequera Bellón; personaje interesante e importante de la localidad; pues además de haber sido alcalde de Argamasilla y propiciado la compra, 1862, por el Príncipe Sebastián de Borbón de la Casa de Medrano, luego, justamente en las fechas que Rubén Darío visita la localidad, editaba una revista titulada: “El País de don Quijote”. 

“Entre él, dice Darío, el barbero, el cura (D. Cándido Montalbán), y el boticario (ya nombrado, D. Carlos Gómez), junto con el médico (D. Ángel Pereira), que es culto y muy amable, creo que forman la intelectualidad del pueblo”. 
Nos imaginamos las andanzas de Rubén Darío, junto con la compañía, por nuestra localidad y la vuelta a la famosa fonda, donde un mes después, se hospedaría Azorín. Un día y medio estuvieron Rubén Darío y Pedro González Blanco en Argamasilla. 

La fonda donde se hospedaban había sido una gran casona, vendida por Jantipa, menos una estrecha parte, a Mauricio Serrano. Situada en el centro del pueblo, Jantipa, viuda ya de Pascual Aparicio, había logrado instaurar en tan estrecho solar la fonda que la haría famosa. Y sería Azorín el que pondría en letras de molde, para la posteridad, que la dueña del hospedaje había perdido numerosos bienes raíces en la partición de la testamentaría: “Yo fui un día -dice la Xantipa- a casa del notario ¿comprende usted? Y el notario me dijo: Usted ese huerto que tenía ya no lo tiene”. La situación no se entiende si no sabemos, que Jantipa se casa con un industrial, viudo (uno de los mayores contribuyentes del municipio) con siete hijos, a los que hay que sumar los que ella tiene con el flamante marido: otros once. 

Pero este último tema pertenece a otro artículo. Ahora lo que nos ocupa, es dar a conocer la experiencia que el periodista, poeta y diplomático, tuvo en nuestra tierra, y con ello rendirle también nuestro particular homenaje; sin olvidar a Cervantes, el genio literario que escribió las aventuras del hidalgo manchego y con ello nos regaló un universo lleno de magia y belleza. 
Que don Quijote, símbolo de justicia,  ideales y sueños,  nos siga acompañando.