El número de personas chinas que viven en la provincia de Ciudad Real es de 1.003, de las cuales un 33,5% están ubicadas en Ciudad Real capital, seguida de Puertollano con un 14,66%, Alcázar de San Juan con un 6,75%, mientras que Valdepeñas es la ciudad en la que residen el 4,89% del total de ciudadanos chinos ubicados en nuestra provincia, según los datos reflejados por el INE (Instituto Nacional de Estadística).
La población china llega y se queda en Ciudad Real por una elección personal. La tranquilidad y comodidad de la ciudad, su excelente posición geoestratégica y la afabilidad de sus gentes la convierten en un destino ideal para muchas de las personas orientales que visitan la capital manchega y deciden convertirla en su hogar.

Con motivo de la proximidad a una de las principales celebraciones del calendario oriental, el Año Nuevo Chino, que tendrá lugar este viernes, Lanza ha entrevistado a varios ciudadanos procedentes del país asiático y que llevan años viviendo en Ciudad Real. Da Li, propietario de una tienda de alimentación, Wu Xiaoping, Li Li para los amigos, propietaria de una tienda de complementos y bisuteria y, Qi Wang, Iván, que regenta junto a su madre una de las tiendas de ropa de moda de la capital.
Los tres protagonistas proceden del mismo lugar, Zhéjiang, una pequeña provincia en China situada al este del país que abarca. Un entorno eminentemente rural que abarca también algunas urbes a lo largo del Mar de la China Oriental.

Tanto Da Li como Li Li llevan más de dos décadas en Ciudad Real, destino elegido para formar y aumentar sus respectivas familias. Iván, por su parte, el tercer entrevistado por Lanza, el más joven de sus compatriotas, llegó a la capital ciudadrrealeña acompañado de sus padres cuando sólo tenía 11 años. Lleva otros tantos años más aquí, en la ciudad que se ha convertido en su hogar, donde ya se ha hecho con los hábitos de un ciudadrrealeño más. Además, es aquí donde Iván tiene a sus actuales amigos, fundamental en la vida de cualquier adolescente: “La verdad es que no me gustaría regresar a China para el resto de mi vida. Me gusta vivir en Ciudad Real, es mi ciudad actual y donde tengo toda mi vida y mis amigos. En China tengo a mi familia a la que echo mucho de menos, pero estamos en contacto con las nuevas tecnologías. Antes de la pandemia solíamos viajar para ver a la familia al menos una vez al año, pero ahora no podemos viajar”, explica Iván. Coincide con sus dos compatriotas, Da Li y Li Li cuando argumenta que el escaso tiempo de vacaciones del que disponen para hacer estos viajes a su lugar de origen no es compatible con las largas cuarentenas que están obligados a pasar antes de poder circular libremente como un ciudadano más.

Familia y trabajo
Son dos de los núcleos prioritarios en los que se sustenta una cultura que llegó tímidamente hace décadas a nuestra provincia, cuando los primeros restaurantes chinos abrían sus establecimientos para ofrecer una parte de su gastronomía a los occidentales, admiradores de la capacidad de trabajo y la correcta educación, su buen servicio y el respeto demostrado por los vecinos procedentes del país asiático.
Hoy, su integración en el mundo y, por supuesto en la provincia, es cada vez más plausible. A los ciudadrrealeños ya les son familiares las proliferantes tiendas de alimentación, de chuches, de ropa y complementos, de útiles y herramientas para la vida diaria y, más recientemente su expansión hacia el mundo de la hostelería regentando bares y restaurantes españoles.
Una vez superada la barrera idiomática, los chinos se reconocen como personas con una gran capacidad de trabajo y de servicio a los demás, por lo que su expansión hacia nuevas áreas de negocio seguirá creciendo y, probablemente, sorprendiendo al mundo occidental en los próximos años.
Covid 19 y el Año Nuevo
Las personas de nacionalidad china tienen muy claras sus metas focalizando desde temprana edad la energía para llegar a ello. Sin embargo, algunos de sus planes y celebraciones más destacadas también se han visto truncadas con la llegada de la Covid 2019. Las medidas de seguridad sanitaria impuestas por el Gobierno como consecuencia de la situación pandémica actual tendrán un efecto directo también en la celebración de estas fiestas destacadas en el calendario oriental, con celebraciones más contenidas y con las personas del núcleo familiar.
La situación pandémica comenzó a tomar un papel especialmente destacado entre los ciudadrrealeños cuando los propietarios de las tiendas chinas comenzaron a tomar medidas de seguridad. Ellos, los vecinos chinos, fueron los primeros en usar mascarillas y en acondicionar sus locales con plásticos de protección a modo de barrera entre el propietario y los clientes.
“Nosotros sabíamos la problemática de la Covid a finales de enero, cuando en Wuhan empezaron a anunciar las primeras medidas. Yo recibí esta información a través de los informativos chinos el 23 de enero, pero 3 días antes, el Presidente chino ya había informado del problema a la población”, explica Da Li, quien afirma que él ya había escuchado vagas informaciones sobre el virus en el año 2019.
Desde que Wuhan informó de las primeras medidas sanitarias adoptadas, los chinos residentes en el continente asiático y los ubicados en diferentes partes del mundo entendieron que la expansión del virus al resto del mundo era una cuestión de tiempo. Tenían perfecta conciencia de que la problemática era seria. “Ahora este tema es muy complicado porque nadie sabe la realidad; los datos que tenemos los ciudadanos no son exactos y no podemos tener una situación real de lo que verdaderamente está pasando”, comenta Da Li, quien asegura que lo único que él puede hacer para proteger a su familia es cumplir escrupulosamente las medidas estipuladas por el Gobierno, como llevar bien la mascarilla y mantener la máxima higiene para asegurar la vida.

Ninguno de los miembros de su familia se ha contagiado, tampoco en su provincia en China: “Mis familiares en China viven en una provincia agrícola, muy cerca del campo y no han tenido ningún problema”. De igual forma se manifiestan Li Li e Iván, los otros dos entrevistados por Lanza que, por el momento, no han lamentado ningún fallecimiento, ni contagio en su familia. Eso sí, no se olvidan de cumplir estrictamente con las normas sanitarias dictadas por el Gobierno, que aceptan sin ningún tipo de crítica, ni cuestionamiento.
Con estos preliminares es inevitable que el Nuevo Año Chino tenga una celebración diferente a la de años anteriores. Al igual que los ciudadrrealeños, los ciudadanos chinos solían juntarse con amigos y familia en torno a una mesa llena de las mejores elaboraciones gastronómicas, esmerándose en preparar algunos de sus platos más típicos.
El punto de encuentro solía ser uno de los restaurantes chinos de la capital, pero la actual situación ha hecho que esto cambie. “Algunos chinos que viven en Ciudad Real solían quedar entre ellos para hacer muchas celebraciones de nuestro calendario, pero la pandemia lo ha cambiado todo. Ahora las celebraciones tendrán que ser en familia y, seguramente con videollamadas, pero no habrá reuniones de mucha gente”, explica aceptando la perfectamente la situación y sin ningún tipo de cuestionamiento, Iván.

Da Li
Dicharachero, amable, empático y perfecto conocedor de la cultura española. Da Li llegó a España con solo 18 años para montar su propio negocio. Eligió Ciudad Real por la buena conexión que tenía con Madrid, donde llegó desde su provincia, Zhéjiang. “Con 18 años ya no era un niño y quería tener mi propio negocio. Donde yo vivía tenía que trabajar para otras personas y yo quería ser mi propio jefe, aunque tuviese mayor responsabilidad”, comenta paciente y simpático Da Li, mientras su mujer, también china, a la que conoció cuando ya estaba ubicado en Ciudad Real, le echa una mano despachando en la tienda para no hacer esperar a los clientes.
Da Li fue uno de primeros ciudadanos chinos en llegar a la capital donde comenzó su andadura como autónomo montando una de las típicas tiendas de chuches y alimentación. Sus raíces ya están bien ancladas en Ciudad Real donde ha formado su propia familia junto a su mujer con la que es padre de tres hijos, nacidos, todos, aquí y perfectamente integrados en el sistema educativo español y en la cultura occidental: “Ellos son más occidentales que orientales, casi. Son occidentales de costumbres con caras de chinos”, bromea Da Li al preguntarle sobre cuáles eran los principales problemas de integración con la cultura española.
“El calendario chino tiene muchas fiestas, pero en Ciudad Real se notan menos que en otras ciudades más grandes, como por ejemplo Madrid, donde muchos chinos se reúnen en un lugar común para celebrar juntos. Ahora con la pandemia se han dejado de hacer este tipo de celebraciones porque hay que ser respetuosos con las normas de seguridad para evitar los contagios”, explica Da Li al preguntarle sobre las fechas de las fiestas más destacadas de la cultura tradicional china, señalando el Año Nuevo chino, 12 de febrero, o la Luna Llena, 15 de agosto, como dos de las más importantes.

Wu Xiaoping, Li Li
Lleva la sonrisa por bandera, tan grande que se percibe incluso debajo de esa mascarilla obligatoria que impide mostrar uno de los símbolos más universales de agradecimiento y empatía, la sonrisa.

Li Li lleva 25 años en España, 20, desde que decidió ubicar su residencia en la capital ciudadrrealeña después de pasar por Valencia, primer lugar donde vivió y por Puertollano, segunda residencia, desde donde se trasladó hasta su ciudad definitiva, Ciudad Real.
Tras todos estos años en la capital, Li Li vive ahora con sus dos hijos y su primera nieta de tan solo 4 meses, nacida aquí, donde también sus hijos han decidido echar raíces.
La principal dificultad que deben sortear todos los chinos que llegan a España en busca de una nueva vida es el idioma, también para Li Li fue el mayor problema. Sin embargo, una vez superada la barrera idiomática avanzan hacia la consecución de sus metas focalizados y sin distracción: “Recuerdo al principio lo difícil para entender el idioma. Ni siquiera sabía las palabras básicas para poder saludar y no entendía nada”, comenta Li Li, que pese a la complejidad del asunto, gracias a su perseverancia, constancia y fuerza de voluntad para no cesar en su empeño de aprender logró dominar el idioma castellano que entiende con absoluta claridad y habla con pasmosa soltura: “Primero escuchar mucho para entender y, después empezar a hablar con las personas para aprender. Tenía un negocio y no tenía otra manera, necesitaba aprender el idioma para poder comunicar con las personas de aquí”.

Li Li es muy agradecida y de naturaleza optimista, no hace falta pasar mucho tiempo a su lado para percibir su fuerte vitalidad y la gratitud y generosidad con la que habla de la gente en Ciudad Real: “Yo he tenido mucha suerte al llegar aquí porque he tenido muchas amigas que son como familia”, así de claro lo manifiesta sin perder un ápice del brillo que reflejan los ojos de quien está feliz con su presente.
La gastronomía, otra de las principales diferencias entre ambas culturas, no supone ninguna barrera entre los residentes chinos entrevistados por Lanza.
En torno a la comida giran muchas de las celebraciones de la especie humana sin importar la cultura a la que pertenecen. Como los españoles, los orientales también celebran en compañía de quienes más quieren y con exquisitas elaboraciones culinarias las fechas más señaladas del calendario, sin embargo, no tienen ningún problema en confesarse amantes de algunos de los “alimentos estrella” del recetario español: “A mí me gusta toda la comida. Me encanta el jamón y las aceitunas”, confiesa Li Li sin perder esa sonrisa que la delata como una gran entusiasta de la gastronomía española.
Qi Wang, Iván
Iván y su familia eligieron Ciudad Real como primer destino del viaje que emprendieron desde su provincia en China, por referencia de otros familiares que ya estaban ubicados en la capital.
Iván trabaja, junto a su madre, en una de las muchas tiendas de ropa china de la capital. Llegó a Ciudad Real con sus padres hace 11 años y su integración pasó por el sistema educativo castellano manchego.
Estudió en uno de los centros de la capital, Los Marianistas, donde aprendió las bases de la cultura española y a comunicarse con los demás: “El idioma me resultó muy complicado al principio, pero ya lo entiendo todo y puedo comunicarme bien, gracias al colegio. Ahora ayudo a mi madre para traducirle cuando ella no entiende bien lo que le quieren decir”.
El joven reconoce echar mucho de menos a su familia, sobre todo a sus abuelos con quienes ha tenido mucho contacto de pequeño y de quienes conserva un vivísimo recuerdo: “Mi abuela es una mujer muy buena y cariñosa. De pequeño he pasado mucho tiempo con mis abuelos y ahora los echo mucho de menos”. Añoranza que soluciona gracias a las nuevas tecnologías.
Felices con las nuevas etapas vitales que comenzaron en Ciudad Real, la mayoría de los chinos se muestran encantados con la adopción de tradiciones y rutinas de la cultura española. Incluso han incorporado a su calendario algunas de las fechas marcadas en rojo solo en el calendario occidental, como por ejemplo la celebración de la Noche Vieja española.
Han incorporado a sus rutinas costumbres gastronómicas o algunos hábitos como la sabrosa y tentadora siesta española, sin embargo hay algunas cuestiones que siguen preservando de su cultura, como por ejemplo la forma de saludar: “una diferencia muy grande es la forma de saludar. Las personas chinas solo nos ponemos la mano en el hombro a modo de saludo, mientras que los españoles abrazáis y os besáis. No es que nos parezca mal, es que nos resulta raro, estamos acostumbrados a nuestra forma y no solemos tener tanto contacto físico como los españoles”, explica amablemente Iván mientras sigue pendiente de que todo funcione correctamente en la tienda de ropa donde trabaja.
Sistema educativo
En muchas ocasiones, la integración a través del sistema educativo español hace que la barrera idiomática se elimine rápidamente haciendo que los menores de edad de la familia hagan de “traductores” para sus adultos, facilitando así la interacción con sus vecinos ciudadrrealeños. Y es que la comunicación es la llave para poder expresar y sentirse como en su propio hogar.

Sin embargo, y pese a encontrar en el sistema educativo una herramienta prioritaria para conocer el idioma del castellano, es otra de las grandes diferencias entre las dos culturas. “En China los niños van al colegio mañana y tarde y, trabajan mucho y muy duro desde pequeños” explica a Lanza, Da Li quien añade: “Ya sabes la fama que tiene nuestra cultura en las matemáticas. En mi país los niños van al colegio mañana y tarde y tienen más tareas. Aquí en Ciudad Real van solo por la mañana y por las tardes, la tarea. Ya está. En China las tareas para los niños son más cantidad y más exigentes”.
En el otro lado del sistema educativo, los profesores y educadores que imparten clases a personas de nacionalidad china coinciden en la perfecta adaptación e integración de éstas con el resto de sus compañeros. “Cuando aún no conocen el idioma se hacen entender perfectamente a través de señas y no suelen tener problemas para relacionarse con el resto de compañeros, que procuran hacer todo lo que esté de su parte para ayudar al nuevo alumno o alumna que llega”, explica María del Mar Solís, una de las profesoras de Educación Infantil del colegio San José.
