Castilla-La Mancha, tu mundo interior

Patrocinado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

Viaja a través del tiempo a tu mundo interior en Castilla-La Mancha

La historia emana de cada rincón de Castilla-La Mancha, entre castillos, molinos de viento, yacimientos y lugares patrimonio de la humanidad. Aquí prosperaron civilizaciones, se libraron grandes batallas y se forjaron mitos literarios como Don Quijote

Castillos, parques arqueológicos y molinos de viento, aparte de plazas históricas, yacimientos arqueológicos y lugares patrimonio de la humanidad. Si existiera el Ministerio del Tiempo en cada rincón de Castilla-La Mancha habría una puerta por la que viajar al pasado, donde descubrir “tu mundo interior”.

La región emana historia y su mapa está salpicado de lugares monumentales en los que prosperaron civilizaciones, convivieron culturas, se libraron grandes batallas o se forjaron mitos literarios tan universales como Don Quijote de La Mancha. “¡Elige qué puerta quieres abrir, que empezamos nuestro viaje!”, propone la Junta de Comunidades.

Yacimientos y parques arqueológicos

Anfiteatro en el Parque Arqueológico de Segobriga, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

Anfiteatro en el Parque Arqueológico de Segobriga, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

En Castilla-La Mancha “todos los caminos conducen a Roma”. De hecho, su esplendor pervive todavía en esta tierra. Testigo del imponente poder territorial del Imperio Romano es el Parque Arqueológico de Segóbriga, con sus impresionantes teatro y anfiteatro, muy bien conservados.

Tampoco hay que olvidar la ciudad romana de Noheda, con los mosaicos figurativos “más espectaculares de todo el Imperio”, ni el parque de Carranque, donde también descansa una de las más importantes colecciones de mosaicos del país. Valeria, Ercávica y las minas de lapis specularis, hoy visitables como La Condenada, en Cuenca, que nutrían de este material a todo el imperio para cubrir los vanos de las ventanas, son otros ejemplos de la presencia de Roma en la región.

Otro de los puntos de mayor interés patrimonial y monumental de Castilla-La Mancha es el Parque Arqueológico de Tolmo de Minateda (Hellín), el conjunto más importante de Albacete (con diferentes estratos arqueológicos), provincia en la que también encontramos la monumental ciudad iberorromana de Libisosa.

Motilla del Azuer en Daimiel, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

Motilla del Azuer en Daimiel, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

La comunidad autónoma también da la oportunidad de descubrir otras culturas ancestrales. La visita al Parque Arqueológico de Recópolis de Zorita de los Canes (Guadalajara) transporta al visitante a la época de los visigodos, mientras que para conocer a los íberos solo hay que viajar al Cerro de las Cabezas en Valdepeñas (Ciudad Real), una de las pocas ciudades íberas íntegramente conservadas.

Entre los lugares más singulares destaca la Motilla del Azuer, en Daimiel, también en esta provincia, una excepcional construcción que data de la Edad de Bronce y que es hasta la fecha el pozo de agua más antiguo de la Península Ibérica. En el Parque Arqueológico de Alarcos se puede aprender cómo fue la batalla medieval con la última gran derrota cristiana antes de las Navas de Tolosa, y que pone a disposición del viajero un interesante recurso interpretativo de realidad aumentada.

Ciudades patrimonio de la humanidad

Una vista de Cuenca, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

Una vista de Cuenca, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

“No se ganó Toledo en un credo”. En el año 1085 y tras 374 años de dominio musulmán, los cristianos tomaron Toledo tras un largo asedio. “Emperatriz de Europa, segunda Roma y corazón de España”, en palabras del dramaturgo Tirso de Molina. Es la ciudad de las tres culturas porque en ella cohabitaron cristianos, judíos y musulmanes en tiempos de paz y prosperidad, y fue la ciudad imperial de Carlos I. Declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1986, Toledo tiene una parada obligatoria.

También la tiene Cuenca, la segunda ciudad declarada patrimonio de la humanidad de Castilla-La Mancha en 1996. El casco antiguo es ejemplo de ciudad medieval fortificada que ha conservado su paisaje urbano original. Ambas ciudades además conquistan al turista amante del arte moderno, ya que son sede de la colección Roberto Polo del Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha, que exhibe obras de las vanguardias europeas de principios del siglo XX nunca expuestas hasta ahora.

Toledo, ciudad patrimonio de la humanidad, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

Toledo, ciudad patrimonio de la humanidad, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

Patrimonio de la humanidad también es Almadén, en concreto, sus minas. Con una historia que retrocede millones de años, el Parque Minero de Almadén permite al turista descender a las entrañas de la tierra, hasta 50 metros de profundidad. En la localidad también gozan de interés el Hospital de San Rafael y la Cárcel de Rozados, lugares donde comprender el duro trabajo de la minería.

Y mucho más. El Arte Rupestre del Arco Mediterráneo, también declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, está abierto a la visita turística para descubrir cómo el hombre prehistórico hace miles de años ya sentía sensibilidad por la belleza y la plasmación artística… en Hellín, Nerpio, Ayna, Fuencaliente, Alpera y Riba de Saelices.

Parque minero de Almadén, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

Parque minero de Almadén, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

Por último, en Talavera de la Reina, además de su domus romana y las imponentes murallas medievales, es imprescindible que conocer la cerámica, patrimonio inmaterial de la humanidad, declaración que comparte con la de Puente del Arzobispo.

Tierra de castillos

Castillo de Calatrava la Nueva en Aldea del Rey, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

Castillo de Calatrava la Nueva en Aldea del Rey, © Turismo de Castilla-La Mancha / David Blázquez

“¡El cuerno suena y hay que defender las murallas!” Castillos, castillos y más castillos que se reparten por las cinco provincias de la región. Los viajeros que aman el mundo medieval están de enhorabuena, pues muchos de ellos se encuentran en un magnífico estado de conservación.

Es el caso del Castillo de Belmonte (Cuenca), construido por el Marqués de Villena en 1465 y reconstruido en el siglo XIX por Eugenia de Montijo, esposa del emperador Napoleón III. Está restaurado por completo y acoge recreaciones históricas y combates medievales.

Si la idea es hacer noche en su interior, los catillos de Oropesa (Toledo), Sigüenza (Guadalajara) y Alarcón (Cuenca) albergan actualmente Paradores de Turismo, y si la opción es convertirse en un auténtico guerrero medieval hay que acudir al castillo de Consuegra. Durante la visita teatralizada hay que coger la espada.

En Guadalajara, el castillo de Torija fue construido antes del uso de la artillería y por eso presenta unas altas murallas construidas para dificultar el acceso de los asaltantes. En Ciudad Real sorprenderá el ingenio de la Orden de Calatrava para dominar los territorios desde la fortaleza de Calatrava la Nueva, en Aldea del Rey.

Finalmente, en Yeste (Albacete) hay un monumental castillo de origen andalusí, de imprescindible visita para conocer cómo disponían sus ciudades los musulmanes en torno a una fortaleza y su evolución hasta convertirse en residencia palaciega tras la conquista cristiana.

La Mancha y los molinos

Sancho Panza dijo a don Quijote, “mire vuestra merced que aquellos que allí se parecen no son gigantes”. Eran molinos y los había por cientos. Actualmente, son más de 50, muchos de ellos visitables en Campo de Criptana, Alcázar de San Juan, Consuegra, Puerto Lápice, Herencia, Madridejos, Tembleque, Belmonte, Mota del Cuervo, El Romeral, Los Yébenes o Munera.

Al igual que el turista no se puede ir de Castilla-La Mancha sin ver los molinos, tampoco sin adentrarse en las plazas, que siempre han sido el corazón neurálgico de pueblos y ciudades. Fueron los Reyes Católicos en 1480 quienes decretaron que la “plaza mayor” fuera el lugar de una población con suficiente espacio abierto para celebrar el mercado y en el que debía instalarse el Ayuntamiento.

En la región, el visitante no puede dejar de visitar algunas tan singulares como la plaza barroca de Ocaña, la tercera plaza más grande de España, y la de Tembleque, aparte de las renacentistas de Sigüenza, Alcaraz o de San Clemente, la plaza triangular de Atienza, la típica plaza castellana de Puebla de Montalbán o la neoclásica de Villanueva de los Infantes.