Educación: “Los hijos no son la prolongación de los padres ni de sus expectativas”

Mercedes Camacho Ciudad Real
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La sobreprotección a los hijos les perjudica evitando que tengan herramientas para enfrentar los fracasos o la frustración / C. Manzano

Es mucho más frecuente de lo que en principio pudiera parecer que los padres pretendan que sus hijos sean como una prolongación de ellos mismos en el sentido de que, generalmente, su objetivo o lo que más desean es que cumplan algunos de los sueños que ellos no no pudieron alcanzar por falta de oportunidades, ya sea laborales, deportivas, de formación... Sin embargo, ese no es el papel que deberían desempeñar los padres, para quienes su principal misión debe ser ayudarles a construir su propia identidad y dejar que ellos mismos decidan su futuro como en du día hicieron quienes hoy son los adultos, como más o menos posibilidades.

“Quiero que mi hija estudie una carrera”. “Prefiero que mi hijo sea un gran jugador de fútbol”. “Quiero que mi hija haga cursos en el extranjero”. “Mi hijo hablará al menos dos idiomas”. Y podría seguir porque esas son con frecuencia frases que se escuchan a los padres siempre con la buena intención de que sus hijos puedan llegar más lejos de lo que ellos lo hicieron. Pero esa sana intención, desafortunadamente, no es lo más correcto.

Así lo explica en una entrevista con Lanzadigital.com María José Galván Bovaira, profesora en la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de la UCLM en la titulación de Educación Social en el Campus de Cuenca, que además es experta en trabajo psicológico con familias y Servicios de Atención Psicológica de la Universidad en ese campus, quien hace hincapié en que la mejor educación que los padres pueden brindar a sus hijos es apoyarles tanto a construir su propia identidad como en el proceso de resolver sus propios problemas, incluyendo la posibilidad de que se planteen preguntas que supongan un análisis de esos conflictos que encuentran en el camino.

“El objetivo que debemos perseguir como padres es hacerlos autónomos porque, a su vez, eso no sólo es beneficioso en su vida en general cuando sean adultos, sino que también contribuye a cosechar éxitos en la etapa educativa” asegura Galván, quien destaca que el objetivo general de padres y profesores es afrontar una educación adaptada a cómo es el niño.

En este sentido, la especialista aboga más que por tratar de inculcar los deseos paternos a los niños –sacar buenas notas, ser buen deportista, aprender en las extraescolares…- de lo que se trata es de que los padres acompañen a sus hijos para que hagan suyos esos objetivos porque, de lo contrario, no será efectivo el proceso y, por ejemplo, si a ellos no les gustan las extraescolares, no fructificará el proceso de aprendizaje.

Independientes de las expectativas

Y es que es demasiado frecuente que los padres fijen las expectativas en los pequeños de la casa, siempre con esa buena intención de que lleguen más lejos que ellos en una sociedad que cada vez es más competitiva, pero pierden de vista que “los niños no son expectativas sino que, más bien al contrario, son independientes de ellas. La función como padres es ofrecerles el escenario más adecuado para que ellos lleguen a ser quienes elijan”.

Entre los consejos que ofrece esta experta en trabajo psicológico con familias y Servicios de Atención Psicológica de la UCLM destaca, en primer lugar, la necesidad de que los padres incluyan a sus hijos, da igual si son pequeños o mayores, en su agenda porque a veces el ritmo que marca la sociedad hace que se olvide.

Y, en segundo lugar, trabajar mucho en explorar cómo son nuestros hijos, cómo se relacionan con las cosas nuevas, cómo aprenden… “para darles así esa respuesta que necesitan, siempre respetando sus tiempos. No olvidemos que los niños tienen una personalidad y un carácter que, aunque incluya algo de genético, también se aprende y se construye”.

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Se debe prestar atención a las inquietudes que expresen los niños y dejarles elegir extraescolares, además de tiempo para jugar / Elena Rosa

El peligro de la educación desde la hiperpaternidad

Y es que, afirma Galván, uno de los principales objetivos del proceso educativo es no caer en un error muy frecuente en la actualidad: la hiperpaternidad, que está provocando que criemos la generación más frágil de la historia porque no tienen herramientas para enfrentarse a la resolución de problemas, al fracaso, a las adversidades o a la frustración.

En este sistema, debido a las características sociales que imperan con y que se centran en la obligatoriedad de estar formado para el mundo laboral “con todas las competencias habidas y por haber” para desenvolverse bien en el futuro, los padres se han hecho los dueños progresivos de la vida de los niños y se la han organizado a golpe de agenda y actividades, asfixiando a los menores sin ser conscientes de ello.

“Son padres que están permanentemente encima de sus hijos, que les introducen en su agenda las actividades que creen van a dotarlos de estas competencias y no les dejan tiempo para el juego y la espontaneidad”, asegura la profesora Galván, quien agrega que “son también padres que facilitan a sus hijos todo lo habido y por haber y procuran que no haya nada que se interponga: ni equivocaciones, ni improvisación, ni esfuerzo… Ni, en definitiva, el correcto desarrollo del niño.

La línea roja

En este sistema de crianza –que se identificó en EEUU hace muchos años pero se está extendiendo por Europa- se llega al punto de que si hay que sentarse con ellos a hacer los deberes porque hay música, inglés, natación… Les dicen a sus hijos ‘yo me siento contigo porque soy consciente de que tienes mucha tarea, por lo que yo te ayudo y yo te hago’. De esta forma, llega un momento en el que acaparan todo el tiempo y están metidos en la escuela no para colaborar, sino para hacer el seguimiento del trabajo de sus hijos, además de que eligen los que creen que son los mejores colegios y en los que tendrán todo lo habido y por haber…”.

Encontrar el límite o la ‘línea roja’ que separa a un padre sobreprotector de un hiperpadre es complicado, especialmente teniendo en cuenta que hay un condicionamiento social como la imposición de competencias para desarrollar un trabajo, y que la crisis económica ha ‘asustado’ a toda la sociedad y, en especial, a los padres que ven cómo ahora mismo tenemos la generación más preparada de la historia de nuestro país y, en cambio, es en este colectivo en el que hay un mayor índice de desempleo.

“Pero la línea, donde se encienden todas las alarmas, es cuando comprobamos que los chicos no deciden cuáles son sus actividades extraescolares o, al menos, alguna de ellas. Por ejemplo, los padres decidimos que hay que ir a inglés porque es muy necesario pero, más allá de eso ¿qué eligen ellos?”.

Los juegos, básicos para el desarrollo

Asimismo, la profesora de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de la Universidad de Castilla-La Mancha en Cuenca considera que también es fundamental detectar si se posibilita a los hijos tiempo de juego libre -no ir a practicar deportes o a la ludoteca- “porque es básico para su desarrollo”.

Entre las pautas que la profesora de la UCLM ofrece a los progenitores para tratar de cambiar este modelo de crianza, destaca que los padres comiencen por preguntar a sus hijos si quieren participar en las clases a las que los apuntan e interesarse por lo que piensan y si se divierten. “Lo peor es que te encuentras a niños que tienen la agenda llena y no se lo pasan bien, cuando las actividades extraescolares son para pasarlo bien” indica.

Y también es necesario, a su juicio, separarse un poco “porque los hijos no pueden ser el centro de atención de la vida de los padres. Son fundamentales en su vida y por supuesto que siempre van a estar a su lado, pero también hay que darles un margen y los padres deben tener también tiempo para ellos para tomar un café con los amigos o hacer lo que les guste como personas independientes”.

Finalmente, concluye la profesora de la UCLM María José Galván, “a los niños se les mima, y es necesario, pero no hace falta suplantarles porque son ellos quienes tienen que vivir su propia vida”.

Test para saber si eres un hiperpadre de Eva Pillet

Infografía: Elena Rosa

Infografía: Elena Rosa