El fuego y el humo de las Luminarias vuelven a llenar las calles de Fontanarejo

Aníbal B. C. Fontanarejo
Fontanarejo, semioculto bajo el humo de las Luminarias

Fontanarejo, semioculto bajo el humo de las Luminarias

Las Luminarias, como se conoce este ancestral ritual que forma parte del inventario del patrimonio cultural inmaterial de Castilla-La Mancha, concita cada año el interés de numerosas personas que atraídas por su singularidad acuden a ver cómo este municipio acaba envuelto en una espectacular masa de humo.

El fuego y el humo volvieron a ocupar cada rincón de las calles de Fontanarejo, un pequeño pueblo de poco más de 250 habitantes, que el último día de abril, cuando se pone el sol por el Morro Serrano, quema cientos de haces de romero para recordar la lucha de sus vecinos contra la peste.

Las Luminarias, como se conoce este ancestral ritual que forma parte del inventario del patrimonio cultural inmaterial de Castilla-La Mancha, concita cada año el interés de numerosas personas que atraídas por su singularidad acuden a ver cómo este municipio acaba envuelto en una espectacular masa de humo.

Los vecinos, al toque de la campaña de la iglesia parroquial de San Felipe y Santiago, aprovechan los últimos rayos de sol para encender los fardos formados con plantas de romero, que recogidas horas antes, colocan a las puertas de sus casas para hacerlos arder generando grandes hogueras y una enorme humareda que envuelve al municipio y lo hace  desaparecer del valle del río San Marcos.

Este ritual, que ha permanecido en el tiempo durante siglos, no tiene uno origen claro, aunque, el acervo popular sitúa sus orígenes en la utilización del romero como planta purificadora para luchar contra las epidemias que asolaron en el pasado gran parte del país.

El ritual se ha mantenido durante siglos

El ritual se ha mantenido durante siglos

De hecho, hasta hace sólo unos años, los vecinos dejaban las puertas y ventanas de sus viviendas abiertas para que el denso humo circulara por ellas, purificando todo lo que encontraba a su alrededor.

Revivían así la lucha de sus antepasados contra la peste que hubo en el pueblo, empleando el humo purificador y desinfectante del romero en sus viviendas para evitar el trágico final.

Así lo recuerda Gliceria Fernández Arias, una mujer octogenaria, que como cada año se sienta a la puerta de su casa para ver arder la luminaria.

Gliceria, que acaba de cumplir 88 años, explica con detalle cómo esta tradición ha pasado de padres a hijos, y lejos de ir a menos, ha dicho, “cada año va a más”.

Brasas en la calle

“Ahora se ve mejor. Antes se quemaba un poquito romero, luego los viejos, que tenían la devoción de hacer todos los años un poquito de lumbre, pasaban las brasas a sus casas, ahora, las brasas se quedan en la calle para que a su alrededor se celebre la fiesta”.

La consejera de Economía y el alcalde de Fontanarejo con el humo de las luminarias al fondo

La consejera de Economía y el alcalde de Fontanarejo con el humo de las luminarias al fondo

Este año Las Luminarias han contado con la presencia de la consejera de Economía, Empresas y Empleo, Patricia Franco, quien aseguraba que había sido una oportunidad única de vivir una tradición tan ancestral que ya forma parte del patrimonio cultural inmaterial de Castilla-La Mancha.

Franco recordaba que haber vivido un espectáculo de luz, color y aromas ha despertado en ella el interés que antes despertó a antropólogos y otros cientos de personas que cada año acuden a este municipio atraídos por esta costumbre, que no deja indiferente a nadie.

Las Luminarias, ha explicado el alcalde de Fontanarejo, Fernando Fernández, “gozan ahora de muy buena salud” y están tan “profundamente arraigadas entre las gentes de este pueblo, entre los que están y los que han emigrado, hasta tal punto que todos vuelven cada año para reunirse con sus familiares y no dejar pasar la oportunidad de quemar sus haces de romero”.