Familias de acogida: El puente hacia una vida mejor

Familias de Acogida

Estas familias permiten a los niños crecer en el ambiente que necesitan / Elena Rosa Rico

No se lo piensan dos veces y cuando la administración les llama porque tienen una acogida de un menor urgente -porque debe sacarse de su domicilio familiar debido a situaciones graves-, ellos preparan en su casa una habitación o una cuna más para el que será el nuevo miembro de su familia de forma temporal. Se trata de las familias de acogida que, de esta forma, se convierten en puentes que permiten transitar a los pequeños hacia un futuro mejor, en el que no les falte amor y cuidados, alejándolos de situaciones muy duras y posibilitándoles un entorno estable. Y todo es posible también gracias a la efectividad del programa que desarrolla la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

La Convención Internacional de los Derechos del Niño reconoce a todo menor el derecho a una familia, ya que es lo que permite relacionar al niño a una historia y, sobre todo, le ofrece un perímetro de protección contra la violación de sus derechos. Los niños alejados de su familia se convierten en víctimas fáciles de la violencia, la explotación, la trata, la discriminación u otro tipo de maltrato. Sin embargo, puede pasar que la familia que debería en principio proteger al niño le infrinja malos tratos.

Y es que los pequeños necesitan, para el pleno desarrollo de su personalidad, amor y comprensión por lo que cuando su propia familia no es capaz de protegerlo y cuidarlo, deberá crecer en un ambiente de afecto y de seguridad moral y material, para lo que la sociedad y las autoridades públicas tienen la obligación de cuidar especialmente a los niños sin familia o que carezcan de medios adecuados de subsistencia.

Ese es un derecho reconocido para todos los niños y la administración debe ser la garante de su cumplimiento cuando no es posible en su propio entorno, para lo que necesita unos cómplices que son auténticos héroes: las familias de acogida.

No es fácil abrir de repente las puertas de tu casa a un menor que no conoces, que suelen tener algún tipo de problema -en su mayoría emocional o afectivo- porque quienes debían quererles y protegerles no lo han hecho.

Y hacerlo, además, sabiendo que saldrán de tu vida en cualquier momento de la misma manera que entraron: porque las familias de acogida no son adoptantes sino el puente que esos menores necesitan hacia una vida mejor en la que sí reciban la atención que merecen, bien porque la situación que provocó la retirada del niño a sus padres ha cambiado o bien porque serán adoptados por una familia que llene su vida de amor y cuidados.

Así lo explica a Lanzadigital.com la directora provincial de la Consejería de Bienestar Social, Prado Zúñiga, quien destaca que la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha lleva más de dos décadas gestionando el programa de acogimiento familiar.

Familias de Acogida

Familias de Acogida

No se piensan abrir de par en par sus casas cuando reciben una llamada de urgencia / Elena Rosa

“Es una medida que ofrece al niño o a la niña, mientras está bajo la tutela de la administración, la posibilidad de vivir durante un tiempo en un ambiente familiar complementario al suyo, en donde puede recibir el cuidado y la atención que le faciliten un desarrollo armónico de su personalidad, al tiempo que mantiene la relación y el vínculo con su familia de origen. Se trata de una atención temporal, eso tiene que quedar muy claro, ya que legalmente esta situación es incompatible con la adopción” aclara la directora provincial de Bienestar Social.

En la actualidad, hay 146 menores acogidos a esta medida que es obligatoria cuando se trata de niños de hasta tres años y altamente recomendable en menores de 6, que no solo no irán si hay informes que lo desaconsejen.

“El total de menores tutelados por el Gobierno de Emiliano García-Page en la provincia de Ciudad Real en la actualidad es de 249” indica Zúñiga, quien hace hincapié en que la retirada de la guarda y custodia de los hijos a una familia es “la última de las opciones” que se plantea la Junta y que sólo se toma cuando ya se han agotado el resto de vías de intervención para corregir la situación familiar que provoca que el menor no esté debidamente atendido.

“Una vez que tutelamos nos hacemos responsables de su guarda, pasan al programa de acogimiento familiar, que puede ser en extenso -cuando se hacen cargo de los menores otros familiares como los abuelos o los tíos- de los que ahora mismo hay 86 acogidas y en ajeno -con familias que no tienen ninguna vinculación con la familia biológica- que actualmente cuida a 60 menores”.

Los otros 103 menores que tutela la Junta están en acogimientos en residencias, que son recursos propios, en muchos casos porque son acogimientos especiales como, por ejemplo la tutela de un grupo de hermanos, “que a veces no hay una familia que los pueda asumir a todos a la vez”, o niños con capacidades diferentes, además de los niños mayores de 8 años que también son más difíciles de adoptar.

Varios tipos de acogida

Hay varios tipos de acogimientos familiares que se distinguen, fundamentalmente, por el tiempo, administrativamente hablando, que el menor pasa con la familia. El primero de ellos es el de urgencia,que tiene que ser imperativo cuando se trata de menores de 6 años -con menos de 3 es obligatorio y menos de 6 fundamental, sólo se podría evitar con muchos informes específicos-.

Este acogimiento no tendría que tener una duración superior a 6 meses, ya que si los excediera se trataría de un acogimiento temporal, con una duración máxima de dos años. Si se pasa ese tiempo, se trataría de una acogida permanente.

“El acogimiento permanente se prolonga hasta la mayoría de edad del niño o niña, momento en que, si hay acuerdo entre la familia y el adolescente, podría ser adoptado. Pero nunca antes”.

Familias de Acogida

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Prado Zúñiga, directora provincial de Bienestar Social, destaca la importancia de este programa / Elena Rosa

Campañas

Para la administración es fundamental contar con una ‘bolsa’ de padres de acogida para poder ser ágiles cuando les llega un nuevo caso, especialmente si es de bebés.
Aunque se trata de una medida que ya se conoce, Prado Zúñiga cree que aún no lo suficiente por lo que se siguen haciendo campañas de captación de forma periódica, “al menos una todos los años”.

Y es que es necesario seguir haciéndolas porque a las familias que hay en la bolsa pueden cambiarle las circunstancias o, “simplemente necesitan un descanso emocional ya que es inevitable que, especialmente cuando son acogimientos de bebés, se crea un vínculo maternal y paternal”.

Ayudar a crear una historia de vida

El objetivo del acogimiento familiar es ofrecer una alternativa adecuada, temporal y complementaria a menores que, por diversas circunstancias, no pueden ser atendidos por sus familias.

Por eso la familia acogedora se compromete a cuidar de ese menor, educarlo, apoyarlo incondicionalmente, integrarlo en su red social, respetar su identidad personal y familiar, y ayudarles a crear su historia de vida.

“Tenemos acogimientos de niños de más de 5 años que saben perfectamente cuál es su historia de vida: quienes son sus padres y lo que ha vivido. Y si bien es importante compensar esos daños, no hay que dejar de lado que no son sus padres, que tienen unos biológicos con los que en muchos casos van a tener que facilitar las visitas, aún sabiendo que puede ser duro”.

Los niños distinguen

Sin embargo Zúñiga reconoce que es importante ese contacto en muchos casos, aunque pudiera no parecerlo, porque esos niños crecen y llega un momento que son mayores y distinguen muy bien que es lo adecuado, las normas, cómo se les pide incluso opinión y como se les respeta, “porque son niños que no han sido respetados, ni escuchados ni atendidos por sus familias biológicas”.

Entonces, indica la directora provincial de Bienestar Social ellos ya se dan cuenta de lo que es vivir en una familia estable con todo el apoyo emocional, “ellos sí que van estableciendo sus comparaciones y a pesar de ello quieren y quieren muchísimo a sus padres, ese vínculo maternal. Por eso es necesario elaborar su historia de vida”.

Familias de Acogida

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En la provincia hay ahora mismo 5 familias disponibles y 44 tienen acogidos niños / Elena Rosa

Dos permanentes y dos temporales

Un ejemplo lo constituyen Carlos Organero Díaz y Victoria Rodríguez-Bodada, que tienen dos hijos y han sido familia acogedora permanente de dos hermanos -que aún siguen con ellos-y que, tras acoger temporalmente a tres bebés, han estado cuatro años sin estar en la bolsa “porque desprenderte del bebé, aunque sepas que se va a una adopción y que va a estar bien, cuesta. Emocionalmente cuesta”, asegura Victoria, si bien Carlos matiza que es importante tener en cuenta “siempre que esos pequeños no son tuyos, que los estás ayudando y que algún día tendrás que dejarlos volar en busca de su felicidad”.

Por eso ahora, que ya se han recuperado emocionalmente y están acogiendo a otro bebé de seis meses, este padre de acogida insiste en que también los propios hijos se marchan cuando son mayores y son cosas que hay que asumir en la vida.

“Cuando nos preguntan, es verdad que a la mayoría de las familias lo que les preocupa es la finalización del período de acogimiento y nos dicen, ‘si está muy bien pero es que luego te lo quitan’. Y ese es el error: No te quitan nada porque desde el principio sabes que no es tuyo, aunque lo trates como si lo fuera durante el tiempo que está contigo porque estos niños se merecen todo el cariño y los cuidados, al tiempo que disfrutamos de ellos el tiempo que están con nosotros y de las muchas cosas que nos regalan. Y es una satisfacción saber que acaban con una familia que les quiere y protege”, insiste, al tiempo que reconoce que con la mayoría de ellos siguen manteniendo contacto.

Tenerlo muy claro

Sobre lo que sí insisten Carlos y Victoria es acerca de la importancia de tenerlo muy claro y que no exista ninguna duda en la familia, no sólo entre los padres sino también si hay hermanos porque van a convivir con ese niño.

Para esta familia, lo fundamental en todo este proceso, “especialmente cuando te enfrentas a él por primera vez” dice Victoria, es el apoyo que durante las 24 horas del día han tenido del personal técnico de la Consejería de Bienestar Social, “incluso han llegado a venir a las nueve de la noche a mi casa, y hacer el viaje específicamente para eso, porque necesitábamos ayudas”.

Y es que, recuerda Carlos Organero, los niños que llegan a los procesos de acogida están “dañados”: a veces físicamente pero siempre emocionalmente Y precisamente ello implica, si cabe, la necesidad de más paciencia y más cariño que cualquier otro pequeño “para tratar de paliar las carencias que han tenido a lo largo de su corta vida”.

Familias de Acogida

Familias de Acogida

Las familias de acogida deben tenerlo muy claro como ocurre a Montserrat, Carlos y Victoria / Elena Rosa

“No podíamos abandonar al niño a su suerte”

En el caso de Montserrat del Pozo García y su marido Jesús Merino, no se habían planteado la posibilidad de acoger porque, además, eran ya bastantes en la familia. Sin embargo, las circunstancias vitales de un amigo de su hijo en el colegio le llevaron con 13 años a pasar a estar tutelado por la Junta y, como ellos mantenían mucho contacto con el menor, le ofrecieron esa posibilidad.

Montserrat entonces lo habló con su marido y con el resto de sus hijos que le dijeron “sí” sin dudarlo.

Han pasado ya alrededor de cuatro años -en los que incluso llegaron dos miembros más a la familia, dos sobrinos que quedaron huérfanos- y la familia Merino del Pozo no cambiaría la decisión que tomaron en su momento, ni siquiera teniendo en cuenta los momentos más complicados.

“Para mí la mayor satisfacción es que pudiera volver con su familia si se corrige la situación que motivó la tutela, por eso creo que, salvo que los hayan rechazado o sea un motivo gravísimo, es bueno que se mantenga la relación con sus familias biológicas”, apunta Montserrat, quien destaca que sus hijos -que hoy ya son mayores de edad- no dudarían en ser también padres de acogida.

Cómo ser familia de acogida

Finalmente, la directora provincial de la Consejería de Bienestar Social recuerda que el único requisito para poder ser una familia de acogida -no importa si es monoparental o del mismo sexo la pareja- es tener más de 25 años y una cierta solvencia económica que permita mantener al menor -aunque hay ayudas mensuales-, por lo que anima a las familias, “siempre dejando claro que no es una adopción y que es incompatible con la misma”, a probar esta experiencia que supone una gran oportunidad para los menores y que acaba siendo gratificante para los padres de acogida.

“Siempre hacen faltan familias. Actualmente hay cinco disponibles, además de las 44 que están acogiendo a niños en estos momentos”, concluye Prado Zúñiga.
Quienes estén interesados en informarse sobre la posibilidad de ser familia de acogida pueden hacerlo dirigiéndose al trabajador social de su localidad, llamando al teléfono 925 27 4552 o escribiendo un correo electrónico a acogimiento.bs@jccm.es.