Franco creó once campos de concentración en la provincia de Ciudad Real

Carlos Monteagudo Ciudad Real
Prisioneros republicanos en un campo de concentración franquista / Biblioteca Nacional de España

Prisioneros republicanos en un campo de concentración franquista / Biblioteca Nacional de España

Alcázar de San Juan, Almadenejos, Almagro, Almuradiel, Chillón, Ciudad Real, Daimiel, Manzanares, Santa Cruz de Mudela, Valdepeñas y Villanueva de los Infantes, fueron las localidades que albergaron campos de concentración franquistas en nuestra provincia.

“En los campos de concentración franquistas no hubo cámaras de gas, pero se practicó el exterminio y se explotó a los cautivos como trabajadores esclavos. En España no hubo un genocidio judío o gitano, pero sí hubo un verdadero holocausto ideológico, una solución final contra quienes pensaban de forma diferente”. Así se desprende de la investigación del periodista Carlos Hernández de Miguel plasmada en su libro ‘Los campos de concentración de Franco’, que documenta casi 300 de estos espacios en toda España.

En la provincia de Ciudad Real, según el estudio de Hernández de Miguel, llegó a albergar once campos de concentración en las localidades de Alcázar de San Juan, Almadenejos, Almagro, Almuradiel, Chillón, Ciudad Real, Daimiel, Manzanares, Santa Cruz de Mudela, Valdepeñas y Villanueva de los Infantes. Siendo los de Daimiel, Alcázar y Manzanares los campos “más estables”.

Según el propio autor, en declaraciones a Lanza, los campos de concentración de Ciudad Real son “muy diferentes con respecto a otros campos de España”, ya que la provincia fue de los últimos territorios de toda España en caer en manos franquistas, lo que hizo que éstos se formaran entre el final de la Guerra Civil y el inicio de la posguerra. “Los campos de Ciudad Real son campos en los que los prisioneros van, más que por ser capturados, porque se han rendido”, explica el autor. Lo cual hizo que éstos “duraran poco”, ya que las autoridades competentes de aquel momento ‘investigaban’ y ‘clasificaban’ a los prisioneros y en función del papel que hubieran desempeñado durante la contienda armada.

Se investigaba a cada uno de los prisioneros, principalmente mediante informes de alcaldes, curas, y de los jefes de la Guardia Civil y la Falange de las localidades natales. A partir de ahí, clasificaban a los prisioneros en tres grupos, en términos franquistas: los “forajidos”, considerados “irrecuperables”, iban directamente a juicio, en el que se les decretaba cárcel o paredón. Los “hermanos forzados”, es decir, los que creían en las ideas fascistas pero obligados a combatir en el bando republicano; y los “desafectos” o “bellacos engañados”, los que estaban del lado republicano pero los represores valoraban que no tenían una ideología firme y que eran “recuperables”.

En el caso concreto de la provincia de Ciudad Real, el autor confiesa que “ha sido una de las provincias que más me ha costado documentar la existencia de los campos. Primero porque había muy poco investigado y segundo porque apenas hay documentación, pues durante el franquismo se destruyó muchísima información”.

Uno de los campos de concentración con los que más documentación había era del de Daimiel, el cual estaba ubicado en el interior del convento de los Padres Pasionistas y en la ermita del Cristo de la Luz. Según dicha documentación, estuvo operativo desde abril del 39 hasta noviembre de ese mismo año, y en su interior albergaba unas 1.300 personas. Además, en esta localidad también se usó el Ayuntamiento  y la cárcel para albergar prisioneros.

El convento de los Padres Pasionistas de Daimiel fue utilizado como campo de concentración

El convento de los Padres Pasionistas de Daimiel fue utilizado como campo de concentración

Otra de las ciudades donde también se llegó a albergar a un gran número de prisioneros fue la capital provincial, que rondó los 12.000, aunque el autor lamenta la falta de documentos que impiden ubicar el sitio exacto de dicho campo de concentración. No obstante, según otros documentos, la plaza de toros de Ciudad Real, al igual que en otras muchas ciudades de España, también se llegó a utilizar como lugar de internamiento. “No es descartable que a parte de la plaza de toros se utilizara otro campo de prisioneros”, indica el autor. De hecho, como anécdota, el poeta conocido como Leopoldo de Luis estuvo encerrado en el campo de concentración de Ciudad Real.

En Alcázar de San Juan también se tiene constancia de la ubicación del campo de concentración, en el interior del convento de la Santísima Trinidad, que estuvo operativo desde abril de 1939, aunque se desconoce el número de prisioneros que llegó a albergar.

El convento de la Santísima Trinidad de Alcázar de San Juan también albergó un campo de concentración en su interior

El convento de la Santísima Trinidad de Alcázar de San Juan también albergó un campo de concentración en su interior

‘Campos de trabajo’ en Almadén

Las minas de cinabrio de Almadén fueron uno de los principales objetivos militar de Franco en la provincia de Ciudad Real, tanto que llegó a establecer allí un campo de trabajo para su extracción, si bien, el autor reconoce que tuvo a Almadén “hasta el último momento en la lista”, pero acabó descartándolo, pues ha preferido catalogarlo como ‘campo de trabajo’ y no de concentración. “En muchos documentos me encontraba que aparecía citado como campo de concentración, pero de segundo nivel, no lo firmaban comandantes, sino subalternos. Lo terminé descartando porque estaba en la absoluta duda y no encontré un documento que me diera la certeza al 100%”, comenta el escritor.

Castilla-La Mancha, tercera comunidad con más campos de concenración

El territorio castellano-manchego fue el tercero que más campos de concentración franquistas albergó, 38. Solo Andalucía, con 52 campos, y la Comunidad Valenciana con 41 le superan en este particular ránking del horror. La cifra total de campos de concentración identificados en la obra es casi el doble de la que se había logrado documentar en trabajos anteriores. Este es el listado de campos de concentración habilitados en Castilla-La Mancha que el autor ha podido documentar

Casi un millón de prisioneros y prisioneras en toda España

En base a la documentación analizada, el autor estima que pasaron por los campos de concentración franquistas entre 700.000 y un millón de españoles y españolas que sufrieron hambre, torturas, enfermedades y muerte. El ejército sublevado y la posterior dictadura utilizaron todo tipo de recintos para habilitar estos lugares de exterminio, torturas y reclusión. Miles de espectadores asisten hoy en día a festejos taurinos y a todo tipo de espectáculos en plazas de toros que, en su día, fueron testigo del sufrimiento, el hambre, las torturas y la muerte de miles de prisioneros; los cosos de Pamplona, Madrid, Málaga, Cáceres, Santander, Hellín, Castellón, Valencia, Trujillo, Gijón, Tolosa, Lorca, Mérida o Ronda son un buen ejemplo de ello. Lo mismo ocurre con recintos deportivos, hoy reconstruidos, en los que se hacinó a infinidad de cautivos: el estadio del Viejo Chamartín en el que jugaba el Real Madrid, el campo del Puente de Vallecas también en la capital de España, los Campos de Sports de El Sardinero en Santander o el Stadium Gal del Real Irún.