José Luis Rodríguez López de Haro: la memoria recuperada tras el exilio

Noemí Velasco Ciudad Real
Inauguración del busto del Dr. López de Haro en el Hospital de Mineros, año 1935. Archivo Histórico Nacional

Inauguración del busto del Dr. López de Haro en el Hospital de Mineros, año 1935. Archivo Histórico Nacional

La familia de José Luis Rodríguez López de Haro, uno de los médicos del Hospital de las Minas durante la II República, entregará este sábado el busto que le dedicó en 1935 el pueblo de Almadén por su dedicación profesional y compromiso social. El "médico de los mineros" y su familia salió al exilio en marzo de 1939, después de haber tenido relación con personalidades de primera línea política como Clara Campoamor. Sus pasos le llevaron a República Dominicana, donde echó raíces y allí fue donde llegó el busto que el bando franquista estuvo a punto de destruir

La dictadura franquista borró de la historia a ciudadanos que destacaron en el mundo de las artes, la cultura, la ciencia y la medicina por su orientación ideológica y política bajo el miedo y la represión. Hace ochenta años, José Luis Rodríguez López de Haro, el médico de los mineros, tuvo que echar la mochila a la espalda y cruzar el charco hacia las Américas acompañado de su familia para salvar la vida, como tantos otros republicanos, comunistas o anarquistas.

Atrás quedó el busto que erigió el pueblo de Almadén en 1935 por su labor al frente del Real Hospital de las Minas de Almadén, una escultura que en medio de la exaltación el bando nacional tiroteó y arrastró por las calles y plazas, la misma que vuelve este fin de semana al lugar que nunca debió abandonar después de un periplo de vicisitudes que tampoco debieron ocurrir.

Almadén recuperará este sábado su memoria con la entrega del busto original de José Luis Rodríguez López de Haro al Real Hospital de las Minas de Almadén, convertido hoy en museo, declarado Bien de Interés Cultural y que incluye el Archivo Histórico de las Minas de Almadén.

José Luis Rodríguez Villacañas, el único hijo vivo del médico, pisará Almadén junto a parte de su familia para devolver el busto y reparar la historia de un hombre que “dedicó toda su vida a socorrer a los necesitados” y que llegó a ser un importante cirujano. Su único pecado fue perseguir la libertad y la penitencia fue elevada: tuvo que abandonar España como refugiado y echó raíces en República Dominicana.

De Francia al Hospital Minero

El doctor José Luis Rodríguez López de Haro nació el 8 de febrero de 1898 en Horcajo de Santiago (Cuenca), hijo del doctor Pedro Rodríguez del Campo y de la señora Matilde López de Haro, según indica el panel informativo que acompañará al busto. Así pues, vino al mundo en medio de la Restauración, en la víspera del colapso del imperio colonial español.

La familia indica que “desde muy temprana edad siguió el ejemplo de San Francisco de Asís”, de manera que dedicó toda su vida “a socorrer al necesitado”. Estudió en Francia y pronto consagró su carrera como cirujano, antes de ganar la oposición del Hospital Minero de Almadén en 1931.

Ángel Hernández Sobrino indica en el blog ‘Crónicas de la historia’ que el doctor “unía un brillante expediente académico con una considerable experiencia profesional”, a pesar de tener por entonces 33 años. Había sido médico en el Hospital de la Beneficiencia de Madrid y, después de ser médico titular de Ossa de Montiel, había pasado a desempeñar el mismo puesto en Almadén. Además, había publicado ya algunos artículos en revistas médicas y realizado más de un centenar de intervenciones quirúgicas.

Bronquitis crónicas y silicosis

La bibliografía advierte que el hospital de Almadén era por entonces “el mejor de muchos kilómetros a la redonda”, y que para acceder a un centro hospitalario similar había que ir a Ciudad Real -a 100 kilómetros- o a Córdoba -a 130 kilómetros-. Como en toda villa minera, en aquella época eran habituales los accidentes, los hundimientos de las explotaciones, las caídas en pozos y en coladeros, y las explosiones de dinamita o de grisú, por lo que era necesario que hubiera un buen cirujano.

Entre las enfermedades más habituales estaban la silicosis, por inhalación del polvo de sílice, el envenamiento por plomo o el hidrargirismo por el mercurio, aparte de la neumonia, la bronquitis crónica, por los bruscos cambios de temperatura entre el interior y el exterior de la mina, y la tuberculosis pulmonar, que produjo 37 muertes entre 1925 y 1930.

Ahora bien, la acción de Rodríguez López de Haro no quedó reducida a la atención a los mineros y la gente cuenta que fue un “buen hombre” que siempre ayudó a los desamparados, que intervino a muchas personas humildes que no podían desplazarse a otros centros sanitarios por falta de medios económicos y que su labor social fue mas allá del trabajo en el hospital.

El compromiso con la República

Réplica del busto de José Luis Rodríguez López de Haro en Almadén / Lanza

Réplica del busto de José Luis Rodríguez López de Haro en Almadén / Lanza

La fotografía de la multitud que siguió la colocación del busto en honor al doctor el 2 de junio de 1935, en frente del Hospital y en la conocida hoy como plaza José Luis Rodríguez López de Haro, no deja lugar a dudas. Hijo predilecto de Almadén, el “médico anarquista”, según indican algunos foros, supo ganarse el aprecio de los vecinos en tiempos de la II República.

Además, cuentan que llegó a tener contacto con personalidades de primera línea política, como Clara Campoamor, una de las grandes impulsoras del sufragio femenino en España, y Alejandro Lerroux, líder del Partido Republicano Radical -incluso, se presentó a las elecciones por este partido-. La placa que acompañaba al busto, del que desde hace unos años hay una réplica en la misma plaza, hacía referencia al homenaje del “pueblo de Almadén” a esta persona de gran valía humana que destacó en amplias facetas de la vida.

El alcalde de Almadén, Siro Ramiro Nieto, confirma a Lanza que José Luis Rodríguez López de Haro fue “un ilustre vecino” y una persona “socialmente muy reconocida y querida”. El recuerdo hoy en la localidad es “muy vago”, pues marchó joven, pero se ha mantenido la visión de que “era un buen médico y una persona muy caritativa”. Por ello, la devolución del busto, cuya restauración ha financiado Mayasa y que permanecerá a partir de ahora en el interior del Real Hospital de las Minas, en palabras de Ramiro, “es un enorme gesto de gratitud”.

El drama del exilio

Músicos, pintores, poetas, historiadores, médicos, ingenieros, catedráticos, juristas y periodistas, algunas de las mentes más brillantes del país, se vieron obligados a abandonar su tierra y afrontar el drama del exilio al final de la Guerra Civil. Mientras que alrededor de medio millón de personas cruzaban la frontera, el bando nacional desplegó su represión por todo el país y el episodio del busto arrastrado por las calles de la ciudad fue uno de tantos otros.

En marzo de 1939, el médico de los mineros y su familia cruzó los Pirineos camino del destierro, después de pasar por Madrid, Valencia, Cartagena y Barcelona al servicio del Frente Popular. Tras pasar por Cuba, José Luis Rodríguez López de Haro, su esposa Eulalia Villacañas Millán, y sus hijos, Matilde, José Luis, Pedro y Antonio, pasaron a engrosar la lista de más de 4.000 refugiados que acabaron en República Dominicana.

La influiencia de los refugiados en República Dominicana

En una exposición producida por el Archivo General de la Nación de la República Dominicana, que estuvo en el Centro de Estudios Andaluces de Sevilla en 2009, la historiadora Graciela Azcárate señala que “los españoles encontraron el asilo y la hospitalidad que necesitaban” y “los dominicanos un soplo de aire fresco”, ya que llevaron “fuerza” y “coraje”.

Los refugiados que llegaron entre 1939 y 1940, muchos “niños de la guerra”, cooperaron en el desarrollo del país y tuvieron “un gran peso en la sociedad y en la cultura”. De hecho, Azcárate destaca que la llegada de los refugiados españoles fue un “hito” en la historia de México, Cuba, Argentina y República Dominicana.

A este país huyeron personalidades como el pintor José Vela Zanetti, cuyo legado artístico permanece en diferentes puntos del país, y el compositor Enrique Casal Chapí.

En Santo Domingo fijó López de Haro su residencia definitiva y desarrolló su profesión hasta su fallecimiento el 14 de febrero de 1976, tres meses después de la muerte del dictador Francisco Franco y cuando España afrontaba el reto de la Transición.

Un pueblo que defendió su historia

Pese al drama de la guerra y la dictadura, la historia tendrá un final reparador, pues la guerra y la represión no pudieron acabar con la huella que dejó José Luis Rodríguez López de Haro en Almadén. El miedo no impidió que los vecinos consiguieran rescatar el busto maltratado en 1939, conservarlo oculto en medio de la dictadura y enviarlo al exilio, hasta República Dominicana.

La escultura consiguió sobrevivir al Franquismo y cruzó el mar para acudir al encuentro con el médico y su familia, que este sábado devuelve su aprecio y amor a Almadén con un gesto lleno de simbolismo, que hace gala de la solidaridad y la fraternidad en un pueblo que ha sabido defender su memoria.