La Junta reactiva a la ‘policía’ del fuego

Belén Rodríguez Ciudad Real

Juan José Parrilla y Miguel Rodríguez, dos agentes de la Brigada de Investigación de Incendios Forestales de Ciudad Real / Clara Manzano

La Brigada de Investigación de Incendios Forestales (BIIF) de Ciudad Real logra aclarar las causas de un gran número de incendios, una información de mucha utilidad para prevenirlos. Sus componentes, 12 agentes medioambientales adscritos al servicio Infocam de la Junta, son la parte menos conocida de un dispositivo en el que trabajan más de quinientas personas en época de alto riesgo

Saber por qué y cómo empieza un incendio; de quién es la responsabilidad (casi siempre humana) y si hay o no intención de quemar el monte o provocar daño es una labor cada vez más importante para los servicios de medio ambiente de los gobiernos autonómicos. Castilla-La Mancha no es un excepción, es más, en su momento (2009) fue de las primeras comunidades en especializar a agentes medioambientales en investigar las causas de los incendios forestales, eso que los técnicos están pidiendo potenciar a raíz de la catástrofe de los últimos días en Galicia.

De esta misión se encarga en Ciudad Real la Brigada de Investigación de Incendios Forestales (BIIF), formada por doce agentes que se turnan para hacer guardias de veinticuatro horas (presenciales o localizables) durante los meses de alto riesgo (del 1 de junio al 30 de septiembre), o siempre que se declare un incendio forestal importante, aunque no sea la temporada.

El agente medioambiental Juan José Parrilla es uno de los “detectives del fuego” más veteranos de la provincia. Empezó en este servicio con la creación de las brigadas y trabajó cuatro años consecutivos en la BIIF. Después llegaron los recortes, los cambios de Gobierno y en el dispositivo (dejó de haber patrullas dedicadas en exclusiva a esto), hasta que en este 2017 se han vuelto a potenciar.

Dos bases  BIIF en Almodóvar y Manzanares

En estos momentos en Ciudad Real hay dos bases de agentes ‘BIIF’ en Almodóvar del Campo, desde la que se controla la zona oeste de la provincia, y en Manzanares, para la zona este. En cada una de ellas trabajan seis agentes, dos de guardia las veinticuatro horas del día en época de alto riesgo, que acuden cada vez se declara un incendio forestal. La tensión esos días es máxima y el trabajo “muy duro”, admiten tanto Parrilla como Miguel Rodríguez, otro agente de la brigada. “Lo peor es cuando se declaran en tu zona un par de incendios a la vez, nos ha pasado, aunque no es lo más normal”.

Llegar cuanto antes al incendio

Como a los bomberos forestales a esta brigada también se la moviliza en cuanto prende el monte. “Lo mejor es llegar cuanto antes”, responde Parrilla, con la dificultad que eso entraña en una provincia tan extensa como esta. “Si llegas pronto al lugar en el que ha empezado un fuego puedes ver muchas cosas: testigos que te digan que han visto o incluso al incendiario”, añade Rodríguez.

“La investigación en incendios forestales no se basa sólo en llegar a una zona quemada y ver cómo se ha quemado y dónde ha salido el fuego, hay muchas otras actividades que se hacen en ese medio. Si nosotros estamos allí cuanto antes, como en cualquier escena de un crimen, es mucho mejor”.

El trabajo de estos agentes y su equipo con útiles que no tienen nada que envidiar a cualquier policía científica, no se limita a examinar un terreno quemado, encontrar el origen del fuego y recoger vestigios, “hablamos con la gente y tomamos acta de manifestación voluntaria. Nosotros somos auxiliares de jueces y fiscales, somos policía judicial en sentido genérico, si dado el caso tenemos que poner que en un incendio se ha cometido un delito lo hacemos porque es nuestra obligación”, dicen.

Los agentes, con el material que utilizan para conseguir hallar indicios que les permitan esclarecer el origen de un incendio / Clara Manzano

Los agentes, con el material que utilizan para conseguir hallar indicios que les permitan esclarecer el origen de un incendio / Clara Manzano

Cazar a un pirómano no es fácil

Pero que nadie piense que detener a un pirómano es fácil. “Llegar en el momento que alguien provoca un incendio es más una casualidad. Claro que en comarcas o lugares en los que se produce esta situación de forma reiterativa se pueden montar dispositivos de vigilancia especial y ahí si se han dado casos de cogerlos con las manos en la masa, sobre todo porque quien está no se espera que estés allí”.

Su presencia también es importante para disuadir a posibles incendiarios o personas irresponsables que queman rastrojos en condiciones adversas. “Si la gente nos ve con nuestros chalecos y equipos se toma más en serio nuestra labor, es consciente de que estamos encima de los incendios”.

Así ha sido este verano en el que admiten que pese a las pésimas condiciones meteorológicas, con calor extremo desde junio y prohibición de tareas que requieran fuego en el monte hasta finales de este mes de octubre, no ha habido graves incendios forestales en la provincia, aunque sí muchos días de tensión.

“Lo importante de saber las causas de un incendio es que nos ayuda adelantarnos para que en el futuro podamos evitarlos o gestionarlos de otra manera. La investigación es importante para prevenir”, insisten.

Decisiones por su trabajo

Como consecuencia de sus investigaciones la Consejería de Medio Ambiente del Gobierno regional ha tomado decisiones en estos últimos años. “Ahora está más limitado el uso de maquinaria trabajando en el monte. En épocas de alto riesgo se impide y cuando se permite su entrada se recomienda que lo hagan con unos condicionantes bastante estrictos para que en caso de accidente y problemas ellos mismos puedan controlar el incendio y que sólo se quede en conato [incendio de menos de una hectárea]”.

Cada vez más especializados, los agentes ambientales de las BIIF reciben formación específica, o bien el curso básico de investigación o el avanzado, o ambos.

En época de alto riesgo siempre hay cuatro agentes de guardia para toda la provincia (dos por zona). “Nunca se sabe cómo te va a salir un incendio y cuándo te va a salir, hay días que tienes tres avisos en una tarde y otro día a lo mejor no te sale ninguno, el problema está en que si nos llegan más de dos avisos por incendios forestales, no agrícolas, tenemos que dejar la investigación de uno de ellos para el día siguiente”.

Tras las primeras indagaciones el área siempre se consigue acotar, “las superficies pueden ser de 60 o 70 metros cuadrados, hay sistemas más difíciles de detectar que otros, si hay artefactos los encontramos”, aseguran. De hecho han solicitado un detector de metales para encontrar piezas relacionadas con fuegos provocados en tendidos eléctricos que los imanes convencionales no logran detectar, la única herramienta que les falta.

En ocasiones encuentran indicios claros de que el fuego ha sido provocado, “pero hay que explicar que no todos son intencionados, muchos son accidentes y negligencias. Nos pasa en plena temporada de cosecha, hemos tenido bastante casos de chispas que saltan de cosechadoras que bien por averías o porque no están en buen estado provocan un incendio”.

En esta última campaña de extinción de la que todavía no se ha hecho balance (se mantiene la prohibición de hacer fuego en el campo hasta el 31 de octubre), una de las causas de incendios a principios de verano fueron las cosechadoras que trabajan en suelo agrícola, pero limítrofes con el monte. En junio hubo un repunte de este tipo de incendios y durante el verano “ha habido un poco de todo, se han comprobado, algunos intencionados provocados por cerillas y también, aunque muy poquitos, por causas naturales e incluso tres por rayos”, explican.

El trabajo de estas brigadas se ha hecho cada vez más imprescindible para el Infocam / Clara Manzano

El trabajo de estas brigadas se ha hecho cada vez más imprescindible para el Infocam / Clara Manzano

Mucho potencial

“Somos una herramienta con bastante potencial, la clave está en que se nos utilice adecuadamente y así podremos sacar mucha faena adelante. Por profesionalidad no tenemos nada que envidiar a otros cuerpos de investigación”, señala Juan José Parrilla.

“Nuestro trabajo es muy bonito, sobre todo para que se puedan evitar los incendios, que nos podamos anticipar, una vez que el incendio se desmadra hay poco que hacer”, agrega su compañero Miguel Rodríguez.

Aclaren las causas o no hacen exhaustivos informes de cada fuego que investigan, que luego envían a la Dirección General de Política Forestal del Gobierno regional, que tomará después las medidas que considere.

Como expertos en incendios forestales creen que otra clave para mejorar es impulsar la concienciación contra el fuego en los colegios y también entre la ciudadanía, “sabemos de muchas personas que no son muy conscientes del peligro que entraña ir a su parcela en verano, porque no puede hacerlo en otra época, y utilizar el fuego o hacer arreglos con maquinaria que requieran de su uso. Hay que evitar estas conductas”.