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24 febrero 2024
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Las Religiosas de María Inmaculada, 100 años trabajando en la promoción integral de las mujeres

de
Aurora Galisteo / CIUDAD REAL
La congregación de Ciudad Real celebra hoy su centenario. Conocidas popularmente como "las monjas del doméstico" las religiosas están al servicio de la juventud. Gestionan una residencia de estudiantes, en la que viven actualmente 30 jóvenes, un centro social, por el que pasan cada día décenas de mujeres a las que se forma para su plena integración social y laboral, y es, además, una comunidad enfermería donde se cuida y atiende a las religiosas de más edad de la congregación

Las Religiosas de María Inmaculada celebran este sábado su centenario, 100 años de trabajo intenso en Ciudad Real con, por y para las jóvenes, especialmente con todas aquellas que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad. Ése es su carisma y en esa labor se vuelcan cada día.

Así lo ha explicado a Lanzadigital la superiora de la Congregación, Antonia Maldonado, quien añade que en la actualidad la comunidad cuenta con 39 hermanas, algunas de ellas de edad avanzada, porque la de Ciudad Real es una comunidad enfermería, aquí cuidan y atienden también a las religiosas más mayores o que necesitan cuidados especiales.

Además, fieles a su carisma, las “monjas del doméstico”, como se les conoce popularmente, continúan realizando una importantísima labor por la promoción integral de las jóvenes a las que preparan para participar activamente en la transformación y mejora de la sociedad.

María Dolores Sueiras, otra de las hermanas de la Congregación ciudarrealeña, explica que siguen así siendo fieles al carisma de su fundadora, Santa Vicenta María, “quien tuvo la intuición y el carisma de atender a las jóvenes en una época en la que eran especialmente vulnerables y marginadas en la sociedad. Ella se volcó con ellas en su formación humana y consiguió mejorar sus condiciones de vida. Lo mejor que nos ha dejado es su carisma: su pasión por las jóvenes, muy marcada por la acogida, la prevención y el acompañamiento”.

La Congregación de las Religiosas de María Inmaculada lleva trabajando cien años en Ciudad Real desde estos postulados. Cien años en los que han sido “miles” las mujeres jóvenes y no tan jóvenes, de toda la provincia, las que se han beneficiado de su apoyo, prestando especial atención a todas aquellas que han vivido, o viven, en condiciones difíciles.

La superiora, Antonia Maldonado, explica que la casa de Ciudad Real, ubicada en la calle Caballeros,  cuenta con tres sectores: el de enfermería para la propia comunidad religiosa, el centro social y la residencia universitaria.

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Carmen, una de las voluntarias que ayuda a las hermanas en la residencia universitaria y en el centro social que gestionan /J. Jurado

Centro social

El Centro Social atiende diariamente, entre las 10,30 y las 12,30 horas, a alrededor de una veintena de mujeres, añade María Dolores Sueiras, prioritariamente a jóvenes necesitadas y a mujeres inmigrantes que buscan un trabajo. Pone en contacto a empleadores que necesitan esos servicios con las mujeres que están dispuestas a prestarlos.

Además de ofrecer una oportunidad de trabajo, también ofrece una capacitación profesional a través de talleres (ayuda a domicilio, cocina, primeros auxilios, geriatría, costura,…) con los que mejoran su empleabilidad. Una vez que las usuarias han conseguido un empleo se les hace un seguimiento para comprobar que realmente sus condiciones han mejorado, en contacto permanente también con las familias. Además de las religiosas, el centro social cuenta con la colaboración de casi una decena de personas voluntarias que son los encargados de impartir los talleres y acompañar en el proceso a las mujeres que así lo demandan.

Residencia universitaria

La residencia universitaria acoge este año a 30 jóvenes estudiantes aunque su capacidad total es de 70. Se cuida que sea un espacio donde la acogida, la escucha y el acompañamiento sean prioritarios. “En nuestra residencia nos importa la vida de las chicas que comparten con nosotras un periodo intenso de su vida. Y queremos ofrecerles lo mejor que tenemos”, explica la madre superiora. “También les ofertamos y animamos a participar en la formación religiosa pero siempre desde el respeto. Aquí tienen cabida todas las jóvenes que deseen estudiar, independientemente de sus creencias”, añade.

Otro aspecto importante de la residencia, que cuenta con unas magníficas instalaciones, es el trabajo que la Congregación realiza para formar a sus jóvenes estudiantes, hay muchas de medicina, enfermería, derecho, magisterio, formación profesional, etc, en la dimensión social y solidaria, promoviendo también actividades culturales y de ocio y tiempo libre.

“En la residencia viven en un ambiente de familia que muchas de ellas demandan porque vienen de familias desestructuradas o rotas”, explica María Dolores Sueiras quien insiste en que su principal labor es estar al servicio de la juventud, orientando, acompañando y ayudando a las jóvenes en la superación de las dificultades y el desarrollo de todas sus capacidades, con una formación integral: humana, cristiana y profesional.

 

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Fachada del edificio de la Congregación de María Inmaculada en Ciudad Real /J. Jurado

En la casa de María Teresa Medrano

La llegada de las Religiosas de María Inmaculada en Ciudad Real tuvo lugar el 1 de enero de 1918 de forma muy discreta. En aquel momento la General de la Congregación era la Madre María Teresa Orti. La ciudarrealeña María Teresa Medrano Rosales, tras el fallecimiento de su madre, decide con 42 años entrar a formar parte de la Congregación y cede a la misma la que fuera la casa de sus padres, “una casa hermosa, con jardín grande, un corral que es má grande que una palza de pueblo y otro patio central con plantas y piso bajo y principal con galería de cristales. Da también una tiendita, Dios se lo pague todo y le dé ser una buena religiosa como así esperamos, pues aunque tiene años, su vocación es muy antigua, pero no podía dejar a su madre anciana, ella tiene 42 años y una cara joven”, explica la General, María Teresa Orti, en una de las cartas que custodia la Congregación.

La inauguración estaba prevista para el día 1 de enero. Saldrían de Madrid la mitad de las fundadoras a las 12 del mediodía del domingo 30 de diciembre para llegar a Ciudad Real a las siete de la tarde. El día 31 tendrían misa calladita y el día de la Circuncisión del Señor “la fiesta inaugural, con la particularidad de tomar en ella la toquilla la fundadora, Teresa Medrano Rosales”.

“El día 30 esperaban en Ciudad Real a las relligiosas pero en Madrid, a la hora de sallir de casa, no circulaban ni coches, ni travías, (por el mal tiempo), y se quedaron pues, y como la fiesta estaba preparada con invitaciones y demás para el día 1 de enero, salieron el 31 en el tranvía y sin equipajes; pues ni ómnibus, ni coches de punto, ni carros, salían a la calle. En fin, ya están allí y esperamos será para gloria de Dios, solo están 5; 3 Madres y 2 Hermanas, pues dos que habían de salir de Toledo y fue imposible por no salir los coches para la estación”, continúa explicando la carta de la General.

Así pues, y según recoge María Digna Díaz, el día 31 de enero salieron de Madrid no tres, sino cuatro religiosas de la clase de de directoras: M. Presentación de María Arruego, M. Ramona Serrano, M. Consuelo de María Angulo y M. Sara Cabrerizo.

El día de Año Nuevo, con las que pudieron viajar, Francisco Javier de Irastorza y Loinaz, obispo de Ciudad Real, tal y como estaba previsto, celebró la Eucaristía y dejó reservado el Santísimo Sacramento, “pero no impuso la toquilla de postulante a la fundadora, María Teresa Medrano, porque su familia no querría asistir a la fiesta de inauguración. El desacuerdo propició una nueva celebración para el 7 de enero, en que le fue impuesta la toquilla a Teresa Medrano, cuando rondaba ya los cuarenta y cinco años de edad, aunque, al parecer, la Madre General la veía tan joven que le rebajó tres años en su edad”, sigue contando la historiadora María Digna Díaz.

La ciudarrealeña Teresa Medrano vistió el hábito de la Congregación, también en Ciudad Real, el 26 de julio de aquel mismo año, con el nombre de María del Prado. Hizo sus primeros votos en Madrid el 31 de julio de 1920 y emitió la profesión perpetua también en la fiesta de San Ignacio en el año 1925. El mismo día que se cumplían 31 años de sus pertenencia a la Congregación, y en su misma casa de Ciudad Real, falleció, era el 7 de enero de 1949.

“Una laguna de catorce largos meses en las crónicas de la comunidad impiden conocer detalles de su etapa final, de su oblación definitiva a la llamada del Serño y de cómo vivió la comunidad de Ciudad Real su despedida”, termina María Digna Díaz su relato sobre la fundación de la Congregación de las Religiosas de María Inmaculada en la capital.

La casa se quemó casi entera en 1942

El edificio donde actualmente se encuentra la comunidad de Religiosas de María Inmaculada, en la calle Caballeros, no es el original. Según explica la hermana María Dolores Sueiras, la casa original, que era propiedad de los padres de Teresa Medrano Rosales, sufrió un incendio en 1942 que la destruyó en gran parte. Sí se conservan la puerta original, de madera con dos grandes escudos heráldicos, que actualmente es la puerta de la iglesia, y el patio interior.

Sueiras añade que la acogida por parte de la ciudad a la nueva congregación fue extraordinaria. “Entonces había mucha pobreza y la comunidad ofrecía a las mujeres de toda la provincia un internado donde formarse, enfocado al servicio doméstico, donde se instruían en la doctrina cristiana, donde aprendían a leer y escribir, recibían clases de urbanidad… Por aquí han pasado miles de chicas de toda la provincia en estos cien años”, añade.

Muchas vocaciones

Esta labor incansable de dignificación del servicio doméstico, primero, y de formación en la dimensión laboral y social, ha tenido también importantes frutos para la Congregación ciudarrealeña ya que de entre estas mujeres han surgido muchas vocaciones.

“Son muchas las hermanas de Ciudad Real que están repartidas por todo el mundo. Eucaristía Rodríguez Lozano, de Viso del Marqués, ya fallecida, una mujer heróica que vivió siempre en Melilla, hay dos más en París, Purificación Cañadillas, de Villarrubia de los Ojos, y María del Prado Plaza, de Ciudad Real. Ángela García, que es también de la provincia, está en Mali, y Blanca Herrera en México”, explica emocionada la hermana María Dolores Sueiras, quien asegura que son muchas más las manchegas que están viviendo su vocación lejos de su tierra natal.

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