Ignacio Sánchez Mejías: el torero que amó las letras

Noemí Velasco Manzanares

Julilán Nieva, en el centro, acompañado de los concejales Beatriz Labián y Miguel Ramírez, miran los 30 relojes paralizados en las cinco de la tarde en la entrada del Archivo-Museo Ignacio Sánchez Mejías / N. V.

Manzanares inaugura el próximo 1 de febrero el Museo-Archivo Ignacio Sánchez Mejías, que reúne alrededor de mil documentos conservados por la familia del diestro desde 1934. El "llanto" de Federico García Lorca por la muerte del diestro sevillano es el hilo conductor de un espacio cultural que va más allá de la tauromaquia e invita a conocer la Edad de Plata de la cultura española y la Generación del 27

Letras, pasión, coraje y muerte a las cinco de la tarde. “Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde. Una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde. Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde”. Treinta relojes aparecen suspendidos en el aire en el patio de luces de la Casa de Malpica de Manzanares, donde el tiempo ha quedado detenido para recordar la fatídica cornada mortal que sufrió Ignacio Sánchez Mejías el 11 de agosto de 1934 en la popular plaza de la ciudad.

La elegía de Federico García Lorca es el hilo conductor en un museo que clama en el centro histórico por abrir sus puertas, dispuesto a ir más allá del capote y la montera, para profundizar en la Edad de Plata de la cultura española. Con alrededor de 1.000 documentos expuestos y clasificados, el Archivo-Museo Ignacio Sánchez Mejías ofrece un viaje a los años 20 y 30, a las crónicas taurinas y al trasiego epistolar de la Generación del 27, a los partidos del Real Betis Balompié y a la inspiración teatral de las calles de Cádiz.

Una discreta escultura entre olivos y bancos urbanos en la Plaza del Gran Teatro, y un cortometraje sobre el “último aliento” de Sánchez Mejías, producido por Sergio González-Román, han sido testigos en los últimos años de la relación especial que ha tenido Manzanares con el hombre, el torero y el amante de la cultura, pero con este museo la población zanja de forma definitiva su deuda.

“Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par, caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño con sauces en las barreras”. Los versos del poeta de los oprimidos recorren las paredes de la galería y crean la atmosfera necesaria para viajar a principios del siglo XX de la mano de proyecciones, audios, objetos personales, cartas, fotografías y recortes.

Único en el mundo

Julilán Nieva, en el centro, acompañado de los concejales Beatriz Labián y Miguel Ramírez, miran los 30 relojes paralizados en las cinco de la tarde en la entrada del Archivo-Museo Ignacio Sánchez Mejías / N. V.

Julilán Nieva, en el centro, acompañado de los concejales Beatriz Labián y Miguel Ramírez, miran los 30 relojes paralizados en las cinco de la tarde en la entrada del Archivo-Museo Ignacio Sánchez Mejías / N. V.

“Dramaturgo, escritor, articulista, jinete, empresario, piloto, presidente de Cruz Roja, precursor de la Generación del 27, amigo y mecenas de poetas”. El Ayuntamiento de Manzanares no dudó en aprovechar la oportunidad de traer toda la documentación que atesoraba la familia de Ignacio Sánchez Mejías. El alcalde, Julián Nieva, confiesa que “un día, mientras que hablaba con el Círculo Cultural y Taurino Ignacio Sánchez Mejías, me comentaron la posibilidad de traer la colección expuesta en Sevilla en 2009 en el 75 aniversario de la muerte del torero”.

“La figura tenía un potencial tremendo desde el punto de vista cultural, pues trasciende mucho más allá del arte y la fiesta de los toros”, por lo que la respuesta fue inmediata y el objetivo mucho más ambicioso. A partir del 1 de febrero y en principio por un periodo de diez años, Manzanares poseerá de manera permanente la colección al completo.

Si la Casa de Malpica cogió relevancia internacional en 2014 con la inauguración del único museo del mundo dedicado al queso manchego, ahora lo hará con más motivo. Julián Nieva confirma que la colección permanente sobre Ignacio Sánchez Mejías incluye “alrededor de 100 documentos expuestos en la parte noble de la casa solariega”, con suelos de azulejos geométricos y paredes encaladas, “400 metros cuadrados de muestra divididos en dos plantas” con un diseño específico para Manzanares.

Todo no queda ahí, pues una de las salas utilizadas en los últimos años para la exposición de esculturas y pinturas pertenecientes al patrimonio municipal –para las que el Ayuntamiento habilitará un nuevo espacio- ha pasado a ser el archivo de otros “900 documentos gráficos y literarios”, que espera ser lugar de peregrinaje para investigadores y expertos. Treinta y cuatro fotografías de personalidades de la cultura que mantuvieron algún vínculo con el autor, como Rafael Alberti, María Zambrano, Jacinto Benavente o Miguel de Unamuno, prometen ser su inspiración.

El torero y el hombre convertido en icono

Fotografía de Ignacio Sánchez Mejías, reproducida a gran tamaño en el Archivo-Museo Ignacio Sáncez Mejías de Manzanares / Lanza

Fotografía de Ignacio Sánchez Mejías, reproducida a gran tamaño en el Archivo-Museo Ignacio Sáncez Mejías de Manzanares / Lanza

Fotografías de grandes dimensiones sobre el hombre “polifacético”, sus pasiones y su filosofía de vida, marcan tras las lágrimas del poeta por la “sangre derramada” el recorrido por la historia del personaje. La portavoz del Equipo de Gobierno, Beatriz Labián, explica que es el propio Ignacio Sánchez Mejías –o un actor que sabe imaginar la voz salerosa del sevillano- quien narra en primera persona sus recuerdos, a través de unos teléfonos de la época estratégicamente situados a lo largo de la parte del museo más personal.

El protagonista habla de los duros inicios en el mundo del toro, tras tomar la alternativa en 1919 en Barcelona en manos de Joselito El Gallo –su cuñado- y con Juan Belmonte como testigo. Cuentan que fue un “excelente banderillero” y “un torero diferente”, que levantó “pasiones” en la plaza cuando formaba parte de la cuadrilla del torero cordobés Corchaíto por sus “peleas” con los banderilleros locales y que fuera del ruedo animaba tertulias y provocaba discusiones.

Quizás una buena forma de conocerlo es a través de sus crónicas taurinas –incluso, las suyas propias-, pues Ignacio Sánchez Mejías combinó “pluma y estoque” a partir de 1925 en el diario sevillano La Unión. Los recortes de revistas seleccionados en la colección, cuyo proyecto ha estado dirigido por Antonio Fernández Torres en coordinación con la familia, también contribuyen a configurar su personalidad.

En los años 20, Sánchez Mejías empezó a generar una gran expectación en los ruedos, sus taquillas eran un éxito, se reveló contra los grandes empresarios taurinos que querían limitar los honorarios a los matadores de toros, llegó a representar a los toreros como presidente en una asociación y hasta criticó de forma abierta la censura y el gobierno de la dictadura de Primo de Rivera.

Amigo también del general golpista José Sanjurjo, el sevillano pasó a ser un “icono”, un personaje público que provocaba “pasiones y antipatías”, por su forma de vestir y de actuar, por su “éxito con las mujeres” y su manera de ver la vida, “arrogante y arrolladora”, como un “insolente desafío” que trascendía del ruedo.

La sala de la muerte

El Archivo-Museo Ignacio Sánchez Mejías cuenta con 400 metros cuadrados de exposición, distribuidos en dos plantas / N. V.

El Archivo-Museo Ignacio Sánchez Mejías cuenta con 400 metros cuadrados de exposición, distribuidos en dos plantas / N. V.

El “papado taurino” quedó desierto con la muerte de Joselito y poco después el crítico taurino Gregorio Corrochano lo calificó como el “guardián del Vaticano”, por su valor y profesionalidad en la plaza. Un recorte de ‘El imparcial’ de 1924 hace referencia a “su nervio, su coraje, su fiebre, su temperamento y su afición”, la misma que “le puede y le esclaviza”. Por eso, las cogidas, las cornadas en el muslo y las retiradas formaron parte de su vida, porque su “valor” aterraba a los públicos y llenaba plazas, y porque, como él mismo reflexionó en un artículo, “el que no quiera que le cojan, que se meta a obispo”.

La sala de la muerte, separada por una cortina, con fotografías de su masivo entierro, junto a un teléfono descolgado que recuerda el momento en el que la familia supo de la cornada mortal, y la correspondencia con Federico García Lorca que pronosticó su fallecimiento al saber que volvía a los ruedos, cierran esta exposición que espera llamar “al mundo del toro y de la cultura”, incluidas personas con diferentes sensibilidades.

En una entrevista, Ignacio Sánchez Mejías dijo que “para alejarse de la muerte, un torero, es preciso que se roce con ella. Es decir: torear”. En la tarde del 11 de agosto de 1934 no fue así, en Manzanares, a las cinco, mientras sustituía a Domingo Ortega que había tenido un accidente, sin su cuadrilla, con un toro negro llamado Granadino. Falleció dos días después a los 43 años.

La inauguración, prevista para el próximo 1 de febrero, reunirá a los descendientes de Ignacio Sánchez Mejías, al presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y autoridades políticas de la región. La expectación está asegurada en esta ciudad que promete impulsar las cifras de viajeros con un plan museístico accesible y único.