‘Iphigenia en Vallecas’: la bofetada de los miserables del siglo XXI

Noemí Velasco Manzanares
María Hervás en 'Iphigenia en Vallecas' / Lanza

María Hervás en 'Iphigenia en Vallecas' / Lanza

'Iphigenia en Vallecas' fue el latido de la gente sin recursos, la rabia de la juventud perdida entre botellas de alcohol y rayas de cocaína, la dignidad de los abandonados por la sociedad de consumo superficial y clasista. María Hervás pasó con una de las historias más desgarradoras que ha vivido el FITC Lazarillo en los últimos años

La mitología griega cuenta que la diosa Artemisa exigió a Agamenón que sacrificara a su hija Iphigenia para que los barcos griegos pudieran avanzar hacia la guerra de Troya. En el siglo XXI, Iphigenia es una choni vallecana, de ojos subrayados, mallas y pendientes de aro, la misma que la sociedad abandona al grito de “quinqui de mierda”.

El paso de ‘Iphigenia en Vallecas’ por el 44 Festival Internacional de Teatro Contemporáneo Lazarillo de Manzanares partía de las mejores críticas tras pasar por el Teatro Kamikaze en Madrid, sin embargo, el público todavía no estaba preparado para la función.

‘Iphigenia en Vallecas’ es el latido de los miserables del siglo XXI, de la gente sin recursos, de los que viven en la calle, de los yonkis, de la juventud perdida entre botellas de alcohol y rayas de cocaína.

La adaptación de María Hervás es la bofetada en la cara a la sociedad de consumo, superficial, elitista, clasista, siempre dispuesta a juzgar. Es una crítica mordaz al abandono de los que menos tienen, de los que la sociedad rechaza y utiliza, de los que sufren los recortes.

La interpretación de María Hervas enmudeció al público

El teatro social remueve conciencias, hunde al público en la reflexión, te enmudece cuando suena el último aplauso. María Hervás y Serena Producciones lo consiguieron con creces este sábado en el Gran Teatro.

El guión de la obra, dirigida por por Antonio C. Guijosa para Serena Producciones, resulta impresionante a partir de la historia ‘Iphigenia in Splott’ del dramaturgo galés Gary Owen, que está contextualizada en un barrio obrero de Cardiff.

El monólogo de María Hervás causa desgarro. Sola en el escenario durante una hora y media, con no más atrezo que unos bloques, una verja y un calendario, demuestra su gran variedad de registros, su rabia, su dignidad. A nadie extrañó que esta joven de 31 años haya ganado con este papel el XXVII Premio Unión de Actores a mejor protagonista.

El FITC Lazarillo acertó de lleno al traer esta obra protagonizada por una mujer en una edición que ha apostado de nuevo por el teatro social y que este año defiende las reivindicaciones del movimiento feminista.