Jolopca: el corresponsal de provincia

Noemí Velasco Ciudad Real
José lópez Carreño, hijo de Jolopca, muestra una foto de su padre, José López Cava / Clara Manzano

José lópez Carreño, hijo de Jolopca, muestra una foto de su padre, José López Cava / Clara Manzano

Las crónicas de los corresponsales de provincia han asegurado desde hace setenta y cinco años que Lanza llegue a los sucesos más locales y a los testimonios más ocultos. La historia de José López Cava hace volver la mirada hasta el tiempo de la máquina de escribir Olivetti y las carreras a la estafeta de Correos para llegar con la “última hora” a la capital

Territorio de largas distancias cuando la inmediatez la marcaba la recogida de misivas en buzones, el avanzar de los vagones en las vías de tren y la entrega a pasos de los repartidores, Ciudad Real escribió la historia a través de la pluma y la máquina de escribir de los corresponsales de provincia, donde figuras como Jolopca fueron claves para obtener los testimonios más ocultos y cubrir los sucesos más locales.

El primer carné de Lanza de José López Cava de 1944, con tan sólo veintiún años, atestigua el trasiego de las primeras crónicas a la capital, recién impresos los primeros diarios de las linotipias. Las lenguas dicen que la primera entrevista que publicó en este diario fue a Esquiva, antiguo portero del Real Madrid, el 3 de diciembre de 1943, el mismo año de su creación, bajo el ordeno y mando del régimen franquista.

Crónicas por carta en la estafeta de Correos

Entre fotografías, recortes de prensa y curiosidades documentales, José López Carreño, empieza a bucear en la historia de un hombre que llegó a ser el único corresponsal de Ciudad Real para diarios deportivos de prestigio a nivel estatal como Marca, a tramitar fichajes de deportistas para clubes de fútbol como el Real Madrid o el Barça, y que nunca dejó su puesto de administrativo en la empresa de Aguas Potables y Alcantarillado de su pueblo, Manzanares, durante cuarenta y siete años.

Polifacético e inquieto, Jolopca derrochó pasión entre deportistas, en el teatro, con sus miles de libros, con los millones de noticias escritas con una Hispano Olivetti 80 y negativos de fotografías que aún guarda su hijo en cajas seleccionadas como si fuera un auténtico tesoro.

Con emoción al recordar a su padre, fallecido en 2012, José López Carreño, que más de una vez sirvió de ayudante en noticias y de “chico de los recados” y que en la actualidad pertenece al Centro de Investigación de Fúbol (Cihefe), cuenta que “las crónicas se enviaban por carta y había muchas noches que las dejábamos directamente en la estafeta de Correos, en el mismo vagón”.

Más de un día y medio pasaba desde que la noticia salía redactada de Manzanares y llegaba a aparecer en el papel. Artesanía pura y dura, desde el revelado de las fotografías, hasta la redacción y el envío, muchas veces a través de autobuseros o vecinos que viajaban a la capital, al principio con destino la calle Libertad, que fue la primera sede de este periódico.

La Feria del Campo, fichajes y sucesos

Y entre reportaje y crónica, Jolopca conseguía hueco para caminar por el estadio Santiago Bernabeu como si fuera su casa, hasta tal punto que su hijo recuerda que la agenda de fichajes marcaba sus vacaciones, ya en Valencia, Madrid o en Jerez de la Frontera.

El codo a codo con los futbolistas Miguel Muñoz o Ladislao Kubala no restó a Jolopca su interés por cubrir las fiestas de Manzanares, la querida Feria del Campo, también los toros y por conseguir anunciantes para las páginas de cada evento local. José López Carreño cuenta que a su padre “le gustó vivir intensamente”, era un gran lector, experimentó con la interpretación cuando era joven, y siempre estuvo al pie de la noticia.

Cómo olvidar la tragedia del Talgo en 1978 en Manzanares, donde fallecieron trece personas por una salida de vía, “una noche de perros, lloviendo, tomando notas en la estación”, y después en el cementerio, con el depósito de cadáveres lleno.

Fiel a la historia de Lanza

Así fue Jolopca, con su redacción “a la antigua”, llena de datos, detalles, que mantuvo en activo hasta los setenta y siete años, tras sufrir un accidente en 1998 con su ciclomotor que significó el “principio del fin” de la pluma de este gran observador.

Mientras que recuerda la llegada a su casa de un fax para enviar teletipos ya en la España de los 80 y las llamadas continuas incluso a la una y las dos de la madrugada, José López Carreño admite que para Jolopca Lanza fue “no su vida, pero casi”.

Su padre no vivió el apogeo de Internet, ni de los móviles, ni del correo electrónico o el whatsapp, “y probablemente se hubiera rebelado a la pérdida del papel diario”, aunque fue un hombre que con cincuenta años de oficio supo “adaptase bien a los cambios”, “al margen de cambios políticos y de polémicas”, quizá por eso tuvo tantos amigos.

Siempre “fieles” a este medio, la historia de Lanza pasa por la pluma de sus corresponsales históricos, de Jolopca en Manzanares, pero también de Paulino Sánchez en La Solana, José Luis Albiñana de Tomelloso, Elías Zamora en Argamasilla de Calatrava, o Ángel Yusta en la comarca de los montes. Sirva esta información en recuerdo de todos sus trasiegos.