Más de treinta chicos y jóvenes encontraron sitio en la Mesa Eucarística

Eduardo Muñoz Martínez
Manuel Pérez Tendero es el rector del Seminario de Ciudad Real/C. Manzano

Manuel Pérez Tendero es el rector del Seminario de Ciudad Real/C. Manzano

Más de treinta, entre jóvenes y adultos, muchachos de nuestra provincia procedentes de pueblos tales que Valdepeñas, Carrizosa, Membrilla, Manzanares,... recibieron la vocación que, con las palabras del flamante rector de nuestro seminario diocesano, Manuel Pérez Tendero, "...es encontrar nuestro sitio en la Mesa Eucarística..."

¡Que a cuento, -como solemos decir en el argot popular-, vienen las palabras del Evangelista Mateo cuando nos disponemos a celebrar, mirando al de nuestra diócesis, el Día del Seminario en este 19 de marzo, y este año también en el día 18, bajo el lema “Desde el Corazón”!.

Lo decía en el titular; más de treinta, entre jóvenes y adultos, muchachos de nuestra provincia procedentes de pueblos tales que Valdepeñas, Carrizosa, Membrilla, Manzanares,… recibieron la vocación que, con las palabras del flamante rector de nuestro seminario diocesano, Manuel Pérez Tendero, “…es encontrar nuestro sitio en la Mesa Eucarística…” y porque como nos recuerda el canto litúrgico quieren ser un vaso nuevo, se están dejando modelar por el Padre, al estilo del Hijo, para un día que sinceramente esperamos acontezca en el existir de todos ellos poder ser mensajeros, -como presbíteros en otras tantas comunidades parroquiales-, de Cristo Resucitado que, como leemos en “Semillero”, sale al encuentro con la palabra y con el pan, para llegar al corazón y darnos, -cuando todavía resonará en nosotros la parábola conocida como “del Hijo pródigo”, o del “Padre Misericordioso”-, un motivo para regresar.

 “…Entonces dijo a sus discípulos: la mies

es mucha, pero los obreros pocos. Por tanto rogad

al Señor de la mies que envíe obreros a su mies…”

(Evangelio según San Mateo. 9, 37-38).

  Se nos agolpan, llanamente hablando, las celebraciones en este 19 de marzo. San José, el Día del Padre,… y el Día del Seminario. Es un buen momento, una buena ocasión, no solamente para regalar colonias, corbatas, tartas,… que también, porque seguro que se las merecen sus destinatarios, sino oraciones. Se nos invita a rezar por quienes han percibido, -tomando algunas de las palabras que a todos nos dirige Pérez Tendero-, que “…como en Emaús, el Resucitado también sale eucarísticamente a nuestro encuentro, con la palabra y el pan, para tocar nuestras vidas cansadas, para llegar al corazón y darnos un motivo para regresar a Jerusalén, a la Misión, a la Iglesia, a la Vocación. Si el corazón arde, habrá respuesta…”

 

Ante la llamada de Cristo Resucitado

¡Ya lo creo que hay corazones que arden de pasión, de gozo, ante la llamada de Cristo Resucitado! Lo hacen hoy, y quiera Dios que por muchos años, y sólo por poner algunos ejemplos, el de Jesús Solera, que a sus doce años nos dice: “…Vine al encuentro David para saber que es esto y me encantó…

Estoy feliz de haber venido y os animo a venir a los diferentes encuentros o a pasar un día con nosotros…”; o el de Saúl López-Villalta, que con una sonrisa de “oreja a oreja”, como vemos en la foto que ilustra sus declaraciones, asegura: “…Este es mi cuarto año en el Seminario y puedo asegurar que están siendo los más felices de mi vida… Todos me dijeron que por qué no iba al encuentro David… A pasar un fin de semana con los seminaristas; a rezar, a celebrar la Eucaristía, a estudiar, a hacer deporte,… ¡Ven, y quién sabe si no serás seminarista el año que viene!…”; o el de Diego Planas, que confiesa: “…Él se fijó en mí sin yo percibirlo y así fue atrayéndome, seduciéndome y manteniéndome muy cerca de Él.

Primero como monaguillo para después de unos años, pedirme una entrega más adherida, como fue entrar en el Seminario para seguirle de una manera más íntima y descubrir lo que él quería de mí…”; o el de Carmelo Navas, que casi a punto de ser ordenado hace un repaso por su vida vocacional y casi termina, diciendo: “…El Seminario es otro punto clave, porque ahí ha sido donde he descubierto que es Dios quien ha movido la historia de la vida que él me regaló, y que lo mejor que puedo hacer es abandonarme en sus manos…”

Es larga la ruta, como decía Jesús, -que acaba de comenzarla-, pero unos al principio de ella, otros en un tramo intermedio, otros en el ecuador y otros casi al final, saben todos ellos que Cristo, el Resucitado, capacita a los que elige, y ellos han sido elegidos. Oremos por nuestros seminaristas, por sus familias, por sus formadores,… para que un día más o menos lejano, según los casos, sean sacerdotes diocesanos.