“Me decía que en sus cocinas sólo podía haber dos tipos de mujeres, o lesbianas o putas”

Belén Rodríguez Ciudad Real /Piedrabuena
El acusado lo niega a todo:

El acusado lo niega a todo: "No es cierto", ha respondido una y otra vez / Elena Rosa

La mujer que acusa de abuso sexual al dueño de una conservera de Piedrabuena describe meses de acoso hasta que la despidió por negarse a ir a limpiar a su chalé. Él lo niega todo y se presenta como un jefe respetuoso

La extrabajadora de una empresa de conservas de Piedrabuena que acusa al dueño, J.L.M., de abuso sexual el año escaso que trabajó como cocinera en la fábrica, ha descrito hoy en el juicio un rosario de abusos, vejaciones y tocamientos que soportó sin denunciar para no perder el empleo. “Me decía que en sus cocinas sólo podía haber dos tipos de mujeres, o lesbianas o putas, como dándome a entender que yo tenía que ser puta”.

Sus normas, sus leyes, su mundo

Así, según la denunciante, empezó la relación laboral con el acusado, que la contrató dos días después de que ella le pidiera trabajo, en julio de 2016, desesperada por salir del paro. Aceptó y se topó con un panorama de voces, insultos y miedo. “En la fábrica solo regían sus leyes, sus normas y su mundo. Es un hombre muy violento que tenía al personal atemorizado”, ha declarado.

El acoso empezó con insinuaciones verbales

El comportamiento hacia ella fue raro desde el principio. “Me mandaba tareas impropias de alguien que acababa de llegar y con contrato de peón”. El presunto acoso sexual empezó de manera sutil, primero con comentarios, que si “estaba muy buena” o dándole ropa de trabajo más ancha de lo normal para insinuar, cuando se quejaba de que se le caían los pantalones, que no pasaba nada, que él se los sujetaba.

Después de las palabras empezaron las acciones. La víctima, que ha testificado protegida por un biombo, ha explicado que empezó a tocarla cuando la pillaba desprevenida o sola preparando el escabeche de las conservas de caza, por las tardes. Los tocamientos, en el culo o los pechos, eran por encima de la ropa al principio, después fueron más graves, por debajo; en otras ocasiones se restregaba contra ella, e incluso  se masturbó encima y la obligó a tocarle el pene. “Y más cosas que me guardo para mí”, ha afirmado.

Le hacía mucha falta el trabajo y no denunció

El episodio más grave de esta escalada de abusos, que la denunciante reconoce que no denunció “por vergüenza y porque me hacía mucha falta el trabajo”, ocurrió un día entre julio de 2016 y abril de 2017 que no ha sabido precisar: le metió un dedo en la vagina, le hizo tanto daño que fue al médico quejándose de dolor, pero como no contó la verdad y dio sangre en la orina lo confundieron con cistitis.

Decidida a aguantar y a zafarse cuando pudiera de él, la mujer, que sigue en tratamiento psicológico, estalló un día de abril de 2016 cuando el acusado le pidió primero a ella y luego a otra trabajadora que fueran a hacer limpieza a su chalé. “Si en la empresa me hacía todo eso, ¡qué ocurría si aceptaba algo así!”, ha declarado, y se negó a ir delante de la administrativo y la otra compañera.

La echó por negarse a ir a limpiar a su chalé

“Se volvió loca”, ha explicado la otra empleada, hasta el punto que el acusado decidió preparales a ambas los papeles de despido improcedente y echarlas de forma fulminante. Solo después del despido la perjudicada puso la denuncia que ha dado pie a este juicio.

El empresario lo niega todo

J.L.M., arropado por su esposa y otros familiares en el juicio en el que se enfrenta a 8 años de cárcel, ha negado todo con contundencia. “No es cierto”, ha repetido una y otra vez a las preguntas del fiscal jefe de Ciudad Real, Luis Huete, que ejerce la acusación pública en este caso.

Se ha descrito a sí mismo como un empresario respetuoso, con título de Piedrabuenro Ilustre por Hermandad de San Bartolomé de la localidad, que sabe reconocer el trabajo de las decenas de mujeres que han convertido a su empresa en un referente de esa localidad.

De los episodios que relata la presunta víctima solo admite haber entrado en una ocasión a los vestuarios de mujeres (lo vio otra compañera) para exigirle a la denunciante que rellenara los partes de trabajo.

“Les pedí que fueran a ayudar a mi mujer”

También admite que la echó a ella y a otra empleada, con menos tiempo en la empresa, porque no quisieron ir “a ayudar a mi mujer a limpiar porque habíamos hecho una obra en mi casa y en la empresa no se podía trabajar”, ha matizado. “Como empresario puedo despedir a alguien de forma improcedente, y es lo que hice”, le ha respondido al fiscal cuando le ha preguntado si limpiar en su casa particular forma parte del trabajo de sus trabajadores de la conservera.

Insinuaciones sexuales a otra compañera

A favor de la denunciante ha declarado la otra trabajadora despedida. Se enteró de lo que ocurría después de que las echasen. Esta mujer, que no vio directamente los abusos a la denunciante, asegura que en varias ocasiones su jefe le hizo insinuaciones sexuales que no venían al caso. “Una mañana de mucho frío  [la fábrica trabaja con carnes congeladas], salí al exterior a llenar una bañera de agua y cuando lo comenté con él me dijo que había dos maneras de calentarse un sutil y otra más tosca”.

Esta testigo también refiere otra ocasión en la que, delante de otras trabajadoras, y a raíz de un encendedor, el acusado dijo “ven  que yo te caliento”, y cómo vio a la denunciante salir desencajada de la cocina, con el tirante del sujetador en la mano.

La administrativo de la empresa ha declarado que no vio nada raro / Elena Rosa

La administrativo de la empresa ha declarado que no vio nada raro / Elena Rosa

Otras tres trabajadores apoyan al jefe

Sin embargo la encargada de la fábrica y otras dos empleadas veteranas han depuesto que no vieron nada raro en la relación de su jefe con la presunta víctima de acoso sexual. De su jefe dicen que es correcto, aunque en alguna ocasión ha perdido los nervios, “pero nada grave”. Una de estas tres testigos ha explicado al tribunal que ella si ha ido a limpiar a casa del jefe en alguna ocasión que se lo pedía, que no era raro que lo hiciera.

Sufrió acoso “de intensidad elevada”

Los forenses han corroborado que la denunciante padece un síndrome de estrés postraumático, “por una situación de acoso de intensidad elevada, mantenida en el tiempo”, que consideran compatible con los hechos que cuenta, y con otras circunstancias fisiológicas como pérdida de peso, cambio de carácter y problemas para dormir.

La mujer, más vulnerable por sus rasgos de personalidad a acusar el estrés postraumático, tuvo que ser hospitalizada en una unidad de salud mental en febrero del año pasado.

El acusado le puso un detective

Desde que denunció su vida ha sido muy complicada, aunque tiene una orden de alejamiento respecto del acusado, lo ha tenido que denunciar varias veces por incumplirla, hasta el punto de que se ha ido de Piedrabuena porque no puede hacer vida normal allí. El acusado ha admitido que contrató un detective para que la siguiera, supuestamente para no ir por donde iba ella.

El fiscal jefe Luis Huete y al abogado de la víctima Luis del Valle, en el juicio / Elena Rosa

El fiscal jefe Luis Huete y al abogado de la víctima Luis del Valle, en el juicio / Elena Rosa

Fiscalía y acusación particular piden ocho años de cárcel para el acusado por un delito continuado de abuso sexual, por el que reclaman como indemnización 15 y 40.000 euros respectivamente. La defensa solicita la libre absolución.

El juicio continuará la semana que viene ante la imposibilidad escuchar al resto de peritos en el caso.