La Tabla de la Yedra: baño y senderismo a partes iguales

Noemí Velasco Piedrabuena
Puente flotante en la Tabla de la Yedra de Piedrabuena / Noemí Velasco

Puente flotante en la Tabla de la Yedra de Piedrabuena / Noemí Velasco

La Tabla de la Yedra de Piedrabuena vuelve a ser este verano un lugar de peregrinación para sobrellevar las altas temperaturas de La Mancha. Pero en el río Bullaque el baño no es la única opción, ya que existen varias rutas senderistas para disfrutar de la flora, la fauna y las impresionantes vistas que ofrece este paraje de gran valor ecológico

Cargados de flotadores, neveras, gorras y gafas de agua, los ciudarrealeños realizan la tradicional peregrinación al entorno de vegetación, agua y frescor que representa la Tabla de la Yedra cada verano, aunque este oasis de La Mancha ofrece una sensacional oportunidad para disfrutar de la caminata, del canto del martín pescador y del balanceo del nenúfar sobre el río.

A su paso por Piedrabuena, el río Bullaque vuelve a representar este verano una parada obligada para el veraneante que desprecia la arena de playa, para el dominguero en busca de agua para sofocar las altas temperaturas del centro peninsular y para cualquier vecino dispuesto a gozar de la naturaleza en tranquilidad y sin masificaciones. El paraje de la Tabla de la Yedra ofrece uno de los mejores ejemplos de bosques de ribera y monte mediterráneo de la provincia.

Los Jarales, El Cañal, La Tabla de las Guarrillas o el Puente Nuevo figuran entre las zonas más conocidas del Bullaque, aunque la Tabla de la Yedra sobresale por sus aguas tranquilas y aptas para el baño. Para los que desean profundizar en el conocimiento del entorno, el biólogo Francisco José Sarrión, miembro de la Asamblea Contra el Paro de Piedrabuena, propone varias rutas que marcan este paraje de belleza paisajística como punto de partida.

El álamo cano en la ruta de los tres puentes

Campo de amapolas en el entorno de la Tabla de la Yedra en Piedrabuena / Noemí Velasco

Campo de amapolas en el entorno de la Tabla de la Yedra en Piedrabuena / Noemí Velasco

Con la intención de ir más allá del chapuzón y de la toalla tendida el sol, Francisco José Sarrión propone en primer lugar una ruta por los puentes del entorno: La Puente, la pasarela flotante de la Tabla de la Yedra y el Puente Nuevo. La ruta supone hacer un ocho entre los tres puentes y seguir las orillas del río a lo largo de “unas cuatro horas”.

Flora, fauna y varias opciones de baño. Francisco José Sarrión señala que la ruta “permite andar entre árboles de ribera: diferentes especies de sauces, álamos, olmos, fresnos”. También aparecen muchas variedades de matorrales y arbustos.

Como curiosidad, el experto señala que es posible contemplar el “álamo cano”, que es un híbrido entre dos especies propia de la zona de los montes y que surgió hace miles de años, entre el álamo temblón –que ya no existe en la zona- y el álamo blanco.

Otro punto a tener en cuenta es el rodal de nenúfares de flor blanca, llamados “torteras” o “coberteras” por sus hojas, y que sobreviven al final de la Tabla, por debajo del puente flotante. Son los únicos que existen en la actualidad en la zona piedrabuenera del Bullaque, quizás por la “excesiva recolección” por parte de los visitantes, aunque en la actualidad está prohibida como especie protegida. En el curso del afluente del Guadiana hay más áreas.

La cigüeña negra quita protagonismo a la nutria

Mapa de la ruta de los tres puentes editado por la Asamblea Contra el Paro de Piedrabuena / Lanza

Mapa de la ruta de los tres puentes editado por la Asamblea Contra el Paro de Piedrabuena / Lanza

La nutria es la reina de los animales en esta ruta, aunque el entorno de la Yedra también permite ver aves de ribera, sobre todo asociadas a los árboles, como la oropéndola europea, “que es un pájaro muy llamativo amarillo y negro”, aparte del ruiseñor, el pájaro moscón o el martín pescador.

Además, el piedrabuenero señala que en los últimos meses ha aparecido la cigüeña negra sobrevolanzo la zona, una especie “muy tímida, que huye de la presencia humana, y que busca sitios muy recónditos para anidar, como el Parque Nacional de Cabañeros u otras zonas de los Montes”.

Hacía mucho tiempo que los vecinos de Piedrabuena no veían esta especie rara de cigüeña, con el plumaje negro, y de momento no saben si es algo “ocasional” o que “está creciendo en número y está extendiendo su radio”. Para ver aves, el mejor momento es por la mañana temprano, y a veces por el canto se detectan con más facilidad, debido a la poblada vegetación.

Sin olvidar unos minutos para el baño, la ruta de los tres puentes (guía completa) da varias opciones, las mejores en el entorno de la Yedra, en la zona del club, cerca del bar, en el Cacho o en los alrededores del puente flotante. Algunos puntos tienen pasarelas y accesos.

Ruta de patrimonio por el Castillo de Miraflores

Con un carácter más patrimonial, la segunda ruta senderista que propone Francisco José Sarrión sale de la Tabla de la Yedra y llega hasta el Castillo de Miraflores, fortaleza de origen islámico construida en torno a los siglos IX y X.

En avanzado estado de deterioro, todavía es posible distinguir en el Castillo un gran aljibe con bóveda gótica de ladrillo, la muralla de tabiya y mampostería, dos grandes almacenes y la torre, que llegó a tener cuatro plantas con suelo de madera.

Cerca de este castillo que pasó a ser de los caballeros de Calatrava en 1212 también está el puente de los moros o del Contadero, utilizado por los habitantes del castillo y construido como muro de contención de las aguas del arroyo de la Peralosa.

Vistas panorámicas para la puesta de sol

Mapa de la ruta al Castillo de Miraflores editado por la Asamblea Contra el Paro de Piedrabuena / Lanza

Mapa de la ruta al Castillo de Miraflores editado por la Asamblea Contra el Paro de Piedrabuena / Lanza

Si por algo es muy llamativa esta ruta es por las vistas, ya que la cima del monte Cerrajón, a más de 700 metros de altura, permite divisar Benavente y Alarcos. Por si fuera poco, desde su torre es posible ver el Castillejo de Porzuna y Picón Viejo.

En este caso, el caminante tiene que salir el molino viejo, situado aguas arriba de la Tabla de la Yedra, y seguir dirección norte. La posibilidad de ver el castillo permite la orientación, entre olivares y algunas manchas de monte mediterráneo.

Así pues, el biólogo señala que, en el entorno del camino de San Antón, en la orilla derecha del río, quedan restos de vegetación autóctona con “encinas y quejigos”. Aparte, donde hay olivares abandonados, el brezo empieza a ocupar la tierra. De hecho, es una zona habitual para coger el brezo que en mayo los paisanos utilizan para las cruces.

Además, entre el camping y el Quinto de la Yedra también es posible divisar una zona cubierta de denso monte mediterráneo de umbría, con madroños, coscojas de talla arbórea y brezos. “Hay que bajar a la fuente, porque es el espacio más silvestre y natural” de la Yedra, señala.

De cuatro horas de duración, la ruta (guía completa) es ideal para realizar por la mañana o al final de la tarde. La puesta de sol es una buena opción para observar la panorámica del castillo antes de bajar de vuelta al río.

De la Yedra a Luciana por la ribera del río

Puente Nuevo de Piedrabuena, de paso obligado en la ruta hacia Luciana / Noemí Velasco

Puente Nuevo de Piedrabuena, de paso obligado en la ruta hacia Luciana / Noemí Velasco

La tercera ruta propuesta por Francisco José Sarrión vuelve a la zona de agua, aunque es la más larga. La sugerencia es partir de la Tabla de la Yedra, seguir hacia el Puente Nuevo y continuar por el río, a través de caminos y zonas de paso trashumante, hasta la confluencia del Bullaque con el Guadiana en Luciana. La propuesta es hacer la ruta lineal, de unos ocho kilómetros y dificultad baja, para luego volver en coche.

Tras llegar al Puente Nuevo desde la Tabla de la Yedra, la ruta discurre por la orilla izquierda del río a través de caminos, hasta llegar al vado de San Antón, donde el camino sigue por el lado derecho.

La referencia es el cauce, por lo que es imposible la pérdida y entre las curiosidades de la zona sobresalen algunas manchas de pinos que crecen en los arenales y antiguas zonas de repoblación forestal, que en la actualidad están sustituyendo por árboles autóctonos como fresnos y álamos blancos. Sarrión señala que “antes había mucho chopo canadiense, plantado hace 30 o 40 años”, pero “aparte de ser invasores, son muy débiles ante las plagas”.

El bosque mediterráneo de solana entre tablas de gran belleza paisajística

Tablas de gran profundidad en el río Bullaque antes de llegar a la confluencia con el Guadiana / Noemí Velasco

Tablas de gran profundidad en el río Bullaque antes de llegar a la confluencia con el Guadiana / Noemí Velasco

La última parte de la ruta también regala al senderista vistas de bosque mediterráneo, pero diferente al de la Yedra, porque son zonas de solana. Así pues, aparecen plantas diferentes, como el lentisco, “de la familia de la cornicabra y de hoja perenne”, además del acebuche y olivos silvestres. En las zonas de solana las “plantas son más resistentes a la sequía y al calor”.

Al igual que en la Tabla de la Yedra, el río Bullaque ofrece impresionantes vistas. Después de atravesar tramos más marcados por la presencia humana, donde hay muchas huertas, el visitante pasa cerca de algunas tablas de gran belleza, sobre todo cerca de Luciana. Las zonas de baño adecuadas en este caso no son abundantes, de manera que habrá que acceder al agua al principio o al final de la ruta.