Si el Museo de Ciudad Real ha podido exhibir en ‘Atempora: un legado de 350.000 años’ la magnífica crátera griega del siglo IV a.C., hallada en esta necrópolis ibérica de Alarcos, es en parte por el trabajo de estudiantes de Historia como Sergio, Martín, Joaquín Jesús o Alonso. Este último, Alonso López Solera, al que encontramos a finales de agosto excavando en uno de los túmulos funerarios, participó directamente en ese hallazgo, de los más importantes de las campañas, el verano pasado.
“Llevo tres años excavando en Alarcos, la campaña del año pasado fue muy agradecida, estuvimos excavando las urnas funerarias, incluida la crátera; estuve en el laboratorio y la vi crecer hasta la restauración que se enseña, fue un gran hallazgo, el conjunto entero”, cuenta.

Por cosas como estas Alonso López, estudiante de Historia en la Facultad de Letras de Ciudad Real, su ciudad, quiere dedicarse a la arqueología. Lo supo hace tres años, cuando participó en su primera campaña. “Antes de empezar la carrera sabía pocas cosas históricas de Ciudad Real, el primer año en el cerro lo que hizo fue avivar mi interés, aunque ya sabía que quería ser arqueólogo”, explica.
La campaña de 2023, centrada en la necrópolis ibérica, no ha sido tan agradecida y se ha desarrollado en unas condiciones extremas (la primera semana les afectó la cuarta ola de calor del verano, la más dura), pero ni por esas se ha desencantado, y eso que ha tenido que retirar mucha tierra de una de las tumbas de más trabajo y sinsabores de una campaña que no ha aportado grandes hallazgos, aunque la necrópolis ha tomado forma del gran cementerio que es.

Que no haya aparecido aún el enterramiento, que con las dimensiones de la tumba se cree que es importante, tampoco lo desanima. La Historia le apasiona y la arqueología más, “lo de que es una carrera con pocas salidas yo digo que es como todo, depende, si lo enfocas por la arqueología, cada vez hay más trabajo, o por la enseñanza, puedes opositar. Uno tiene que estar dispuesto a esforzarse por lo que es tu sueño”, cuenta.
Excavar en una necrópolis permite a los estudiantes aproximarse al mundo funerario, que tanta información aporta sobre la mentalidad de las personas y sus ritos, de los que cada vez sabe más este alumno por su experiencia de campo, “los íberos tenían una religiosidad politeísta como los romanos, con cultos muy relacionados con la naturaleza y el agua. Se produce un sincretismo entre las creencias autóctonas de la Edad del Bronce y el influjo de los pueblos griego y fenicio con los que comerciaban”.
La primera experiencia de Martín
Para Martín Trujillo Chacón, también de Ciudad Real, como Alonso, la campaña de quince días este verano en la necrópolis III de Alarcos es su primera experiencia con la arqueología. Estudiante de segundo de Historia asegura que “ha aprendido mucho”, excavando el túmulo dos y describe la experiencia como “interesante, aunque los primeros días [21-25 de agosto] fueron muy duros por la ola de calor, la segunda semana ha sido más suave”, comenta, en un alto del trabajo de uno de los últimos días, excavando con dos compañeras, “estamos sacando cerámica griega, romana del siglo I a.C., huesos de animales, y tenemos que seguir cavando. Hemos llegado a una capa de cal, puede que estemos más cerca de la urna”.
Sergio Cutanda, primer año, tres campañas
Lo de Sergio Cutanda Montero (Albacete), estudiante del doble grado de Historia e Historia del Arte en la Facultad de Letras de Ciudad Real es de nota. Este ha sido su primer verano excavando y se lo ha tomado tan serio que ha participado en tres campañas diferentes en en tres yacimientos de Castilla-La Mancha. Empezó en la villa romana de La Noheda (Cuenca), siguió a primeros de agosto en la Motilla del Azuer (Daimiel) de la Edad del Bronce y remata experiencia en la necrópolis ibérica de Poblete de Alarcos.
“Me he perdido las fiestas de mi pueblo pero ha merecido la pena”, bromea. “La arqueología tiene que ser algo que te guste mucho, al final es estar aquí excavando al sol y aunque es duro es muy gratificante, aprendes mucho de los compañeros y profesores”, dice.
“Esto de los túmulos es muy interesante. En Albacete tenemos el túmulo de Pozo Moro en Chinchilla que es una cosa increíble, pensar que una cosa así puede estar aquí me hace mucha ilusión”.

De la Edad del Bronce a la Edad del Hierro
El cuarto estudiante enfrascado en la aventura de la necrópolis íbera de Alarcos que no le importa contar su experiencia a Lanza Semanario de La Mancha es Joaquín Jesús López Rubio, (Bolaños de Calatrava), estudiante del doble grado de Historia e Historia del Arte en Ciudad Real. El año pasado participó en las excavaciones de la Motilla del Azuer (el profesor David Rodríguez, otro de los codirectores de la necrópolis, dirige la investigación en la Motilla). Excavar en otro yacimiento le parece “muy interesante. Ha contrastado distintas épocas, la anterior era del Bronce y esta del Hierro, está bien porque aprendemos mucho”.
Ha cavado y retirado mucha tierra este verano, como el resto del grupo, en varios túmulos funerarios en los que “hemos encontrado”, remarca el plural, fragmentos de cerámica, una fíbula y un anillo, de hierro.
El trabajo en yacimiento arqueológico “es lento, costoso, pero si te gusta y quieres aprender de historia es gratificante el esfuerzo, aunque tengas que pasar penalidades”. Le interesan los ritos funerarios, los íberos cremaban a sus muertos en un gran ceremonial en el que celebraban un banquete antes de enterrar los restos, “me fascinan estos temas”.
