El equipo de arqueólogos de la Universidad de Castilla-La Mancha que investiga la necrópolis íbera descubierta en la falda del cerro de Alarcos, en Poblete, volverán este verano a excavar en un yacimiento que en solo dos campañas ha aportado piezas de incalculable valor al patrimonio arqueológico de Ciudad Real.
De la necrópolis III de Alarcos -nombre técnico- proviene la extraordinaria crátera griega del siglo IV a.C. que se exhibió y fue la imagen de la exposición ‘Atempora’; el único casco de guerrero íbero hallado en Ciudad Real en contexto arqueológico; puñales, espadas rectas (menos comunes que las falcatas) y urnas cinerarias, recién restauradas que exhibirán pronto en el Museo de Ciudad Real-Convento de la Merced.
Estamos ante una gran necrópolis de un centenar de tumbas en las que se enterraba la aristocracia íbera que pobló Alarcos antes de la romanización de la Península, y la campaña tiene continuidad este verano.
Tercera campaña en la necrópolis: 20 de agosto-2 de septiembre
“Vamos a excavar entre el 20 de agosto y el 2 de septiembre, tanto en la parte ibérica como en la medieval, con dos equipos distintos, como en los últimos años. Contamos con ayudas de la Junta de Castilla-La Mancha [ha salido la resolución provisional] y estamos en trámite de recibir el permiso y la confirmación definitiva de las ayudas al proyecto”, explica David Rodríguez, arqueólogo del equipo formado por la profesora Rosario García Huerta (investigadora principal de Alarcos), Javier Morales, Pedro Miguel y Miguel Ángel Rodríguez Rabadán.

“Vamos a profundizar en la zona de la crátera”
La investigación en esta tercera campaña -el año pasado no hubo hallazgos de piezas metálicas relevantes- se centrará en la zona de la crátera, el enterramiento más singular y desconcertante.

Una veintena de cabezas cortadas en el mismo enterramiento
Los restos cremados e introducidos en la pieza cerámica son de una mujer de unos 40 años (se ha sabido por técnicas de análisis de los huesecillos de las cenizas), que debió ser una persona muy significada. En su enterramiento apareció armamento, y al lado de la tumba en un hoyo simple en el suelo, otro extraño enterramiento de cabezas cortadas de jóvenes, entre quince y veinte, como si fueran una ofrenda.
“En los yacimientos íberos no hemos encontrado sacrificios humanos, por eso es tan singular. En algunos hemos descubierto cráneos con clavos para colgarlos en la pared, la cabeza de algún enemigo, pero son cosas excepcionales”, explican.
“Este año vamos a profundizar en esa zona y en general avanzar en las áreas de la necrópolis que nos parecen más interesante”, añade Rodríguez, que define esta necrópolis «como la de época protohistórica más importante descubierta en la Península en los últimos lustros».
“Una necrópolis es un ámbito arqueológico muy rico, todos los años obtenemos muchas urnas funerarias, con sus vasitos votivos anexos, y aparecen cerámicas griegas, pequeños metales, armas; no son la inmensa mayoría, pero sí una parte importante. Sabemos que ahí se enterraba la aristocracia, por el tipo de enterramiento”.
18 alumnos este verano en el yacimiento escuela de Alarcos
A Alarcos, uno de los ocho yacimientos escuela con los que cuenta la Universidad de Castilla-La Mancha en la comunidad, vienen 18 alumnos este verano. “Tenemos una alta demanda dentro del grado de Historia del campus de Ciudad Real. Muchos chicos y chicas quieren ser arqueólogos y su manera de formarse es venir a excavar con nosotros”, cuenta Rodríguez.
Luz en las ‘ciudades de los muertos’
La excavación arqueológica en la parte Íbera del yacimiento de Alarcos, más conocido por la ciudad medieval y la batalla de 1195, se centró desde finales de los años noventa del siglo pasado en el almacén (la investigación se publicó en una editorial de Oxford, en Inglaterra), “todos nuestros esfuerzos se centran ahora en la necrópolis a los pies de la ladera, porque es un ámbito muy interesante, que da muchos datos, y muy agradecido de excavar”, remarca el arqueólogo.
Del Alarcos ibérico se conocía mucho, el santuario, casas, calles, pero los arqueólogos no sabían nada de sus ‘ciudades de los muertos’. “A partir de 2013 se descubrió la necrópolis II, ahí excavamos 25 tumbas hasta 2015 y luego en estos últimos años hemos descubierto estas”.
A esos enterramientos con urnas cinerarias, ajuar, túmulos, etc, las únicas personas que tienen acceso son las aristocracias guerreras, otra gente de otra condición social ni siquiera tenía el derecho a estar junto a ellos en ese ámbito de enterramiento, casi todo el que va a estas necrópolis tenía un estatus social”.
La resolución definitiva de la convocatoria de ayudas a las campañas arqueológica 2024 en los yacimientos arqueológicos de Castilla-La Mancha se hará pública esta semana.
