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25 febrero 2024
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Proyecto Hombre: 22 años recomponiendo vidas

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Una de las sesiones de Proyecto Hombre en Ciudad Real / J. Jurado
Julia Yébenes / CIUDAD REAL
La entidad, que acaba de trasladar su sede a la capital, desarrolla un programa ambulatorio, con el objetivo de mejorar la integración familiar, social y laboral de los usuarios, a través de la adquisición de habilidades y capacidades para prevenir recaídas. Atiende a unas 80 personas, la mayoría hombres, de entre 22 y 40 años, que trabajan y consumen cocaína

“La adicción es el síntoma de un problema que reside en la persona”. Es el lema que preside la apertura de la web de Proyecto Hombre, una entidad que desde hace casi 40 años ayuda a personas con problemas de adicción en España, y también a sus familias.

En comunidades terapéuticas o sesiones de autoayuda -colectivas o individuales-, los profesionales de la entidad -junto a voluntarios y familiares- ofrecen tratamiento, rehabilitación y reinserción sociolaboral de manera integral a miles de usuarios, con el objetivo de recomponer sus vidas. También trabaja en la prevención y sensibilización.

Es el caso de la provincia de Ciudad Real, donde Proyecto Hombre lleva implantado 22 años -desde 2001 en Daimiel y con reciente traslado de la sede a la capital-, y desarrolla un programa ambulatorio de reinserción, por el que han pasado unas 800 personas.

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Esteban Díaz, terapeuta coordinador de Proyecto Hombre en Ciudad Real / J. Jurado

El nuevo recurso está ubicado en la centenaria casa de la Avenida Pío XII, que acogió estudios de Enfermería y, hasta hace poco, ha sido propiedad del conocido cirujano Rafael Ruiz. Allí acuden a las dos sesiones vespertinas semanales unos 80 usuarios con conductas adictivas y vidas en plena reconstrucción.

Son atendidos por Esteban Díaz, Mari Carmen García -terapeutas especializados en adicciones- y Miriam Rodríguez -psicóloga- dentro del proyecto que dura 18 meses, con más del 90% de éxitos. También hay voluntarios, bien antiguos usuarios y psicólogos en prácticas o ya jubilados, que contribuyen a desarrollar las terapias con un importante papel en el acompañamiento de las personas en tratamiento.

El centro cuenta con oficinas, varias salas de terapia y gran patio, que refleja el desahogo emocional de los usuarios, a través de leyendas pintadas como ‘Donde te plantes, floreces, hagas lo que hagas’ sobre un manojo de tulipanes de colores.

La palabra, única herramienta de los tratamientos del programa, también está presente en lo que queda de la biblioteca del médico, en el segundo piso, en varias estancias entre las que hay algunos tesoros de las primeras décadas del siglo XX. Hay títulos de Pedro Mata o Pío Baroja, varios ‘Quijotes’ con solera, enciclopedias geográficas, históricas o científicas o colecciones de novelas de la literatura universal.

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Un momento de la entrevista / J. Jurado

Es un patrimonio literario que se suma a las conversaciones liberadoras de los participantes en los grupos de autoayuda, con un marcado perfil mayoritario: un hombre de entre 22 y 40 años, con trabajo, consumidor de cocaína (puede haber en paralelo alcohol o prostitución), y una familia frustrada e impotente ante el despeñamiento de su ser querido.

También trabajan en Valdepeñas, gracias a un convenio con el Ayuntamiento, en un despacho donde atienden una vez por semana a personas con similares necesidades.

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Un salón de reuniones / J. Jurado

Tres fases

El programa ambulatorio, explica Esteban Díaz, coordinador del centro, tiene tres fases: integración, desarrollo personal y autonomía, cada una de ellas abordada en los sanadores encuentros de autoayuda, con sus correspondientes compromisos y exigencias de voluntades.

Están estructurados en áreas por tipos de sustancias (también sin ellas): alcohol, cocaína, marihuana, juegos, o nuevas tecnologías; o las víctimas con diagnóstico dual, es decir, quienes padecen un trastorno límite como la esquizofrenia, y además son adictos.

También hay un programa dirigido a jóvenes, desde los 14 años, para prevenir o tratar casos de alcoholismo, y atender a otros, derivados de los servicios de menores o por resolución judicial.

El objetivo del proyecto ambulatorio, incide Díaz, es mejorar la integración familiar, social y laboral de los usuarios, a través de la adquisición de habilidades y capacidades para prevenir recaídas. Nada es gratuito, y los profesionales han de consignar un cambio en el estilo de vida “sólido”, al margen de “toda dependencia y con un bienestar físico, emocional y existencial”.

Díaz aclara que se trata de un recurso para la reinserción “al mundo real” mientras se consolida la deshabituación, frente a las comunidades terapéuticas -como la conocida de Guadalajara- donde los ingresados viven en un espacio cerrado -normalmente una granja- para desengancharse.

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Inastalaciones del Proyecto Hombre / J. Jurado

Los problemas personales, origen de las adicciones

La adicción, sostiene el terapeuta, es el resultado de quien “descubre una sustancia u otro tipo de vía de escape que le ayude a olvidar o a aliviar el dolor que siente por sus problemas personales”. Las drogas, el alcohol o el juego son las herramientas para “anestesiar” sufrimientos derivados de traumas infantiles (abusos o acoso escolar), abandonos, sentimientos de inferioridad, o fracasos personales.

“Si te duele la cabeza y descubres el ibuprofeno que te quita el dolor, quieres ibuprofeno cada 8 horas, pues si te duele el corazón y descubres una sustancia que te evada, es como el ibuprofeno”, explica Díaz de forma muy gráfica.

Son situaciones que “no se ven en un escáner o en un análisis de sangre”, sino que emergen “solamente hablando”. Las conversaciones compartidas son la clave de los tratamientos y del alto nivel de altas terapéuticas, alcanzadas por más de nueve de cada 10 usuarios. Apenas un 10% no consigue cambiar su vida y mantiene las adicciones.

Influye mucho que sean de familias estructuradas y no los típicos drogadictos con aspecto descuidado, somnolientes, ojeras y movimientos descoordinados. El 70% de los usuarios que atiende Proyecto Hombre en Ciudad Real tienen trabajo, mientras que el otro 30% adquiere el compromiso de integrarse en la búsqueda activa de empleo o en un proceso formativo.

Por sexos, las mujeres representan tan solo un 10%, también por discriminación social y “el estigma vergonzante que supone para ellas declararse adictas”.

Respecto a las sustancias, la cocaína es la madre de las adicciones y “puede ir acompañada de alcohol, prostitución, juego, u otros estupefacientes”.

Las nuevas tecnologías también pueden ser un problema adictivo, con un mismo origen: lo padecen personas con problemas personales para su socialización, y buscan el ocio y el entretenimiento en los ordenadores u otros elementos que interactúen con ellos, aunque sea de manera ficticia.

Viven “la sensación de estar conectados con el mundo”, señala Díaz, quien apunta al “sentimiento de soledad” potenciado en la pandemia como nuevo estímulo de adicciones en personas con vacíos existenciales.

Por ello, sus terapias de grupo persiguen “conseguir la propia motivación” de los participantes, para poder alcanzar el 100% de éxito, al margen del impulso extrínseco de familias y amigos. “Desde el primer momento les decimos que tienen que pelear única y exclusivamente por ellos”, no por sus allegados, quienes, de manera incorpórea, serán “los destinatarios del premio”, que es la recuperación y deshabituación.

La familia es otra pata de la recuperación de los adictos y ha de ser cómplice en la supervisión de los procesos rehabilitadores hacia vidas ‘free’ de alcohol o drogas.

Proyecto Hombre también cuenta con posibilidad de derivar a los pacientes a los servicios médicos en los casos más severos que precisan de medicación para poder superar el síndrome de abstinencia.

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Miriam Rodríguez y Esteban Díaz, delante de uno de los lemas de autoayuda / J. Jurado

Programa de prevención

Miriam Rodríguez es la psicóloga que está al frente del programa de prevención en jóvenes dentro de Proyecto Hombre en Ciudad Real.

Está dirigido a estudiantes desde 5º y 6º de Primaria, hasta 4º de la ESO y a sus familias, incluyendo la formación y participación de los profesores que lo imparten.

En la actualidad trabaja con centros de Villarrubia de los Ojos y Membrilla, y enseña a los docentes diferentes herramientas para que éstos, a su vez, trabajen valores y metodologías de gestión emocional con sus alumnos.

El programa contempla, igualmente, formación a los progenitores, a través de la escuela de padres, con el fin de conocer pautas a la hora de resolver conflictos y poner límites.

Este tipo de trabajo “integral” es uno de los tres tipos de prevención que contempla el programa, conocido como universal; mientras que la selectiva está pensada para atajar un incipiente coqueteo con el consumo; y la indicada, para abordar “una problemática importante de abusos de las drogas”.

Ejemplos

No es fácil salir de un proceso de habituación a sustancias, al estar expuestos repetidamente al estímulo como evasión. Pero con voluntad y apoyo se sale. Es el caso de Manuel, Sergio y Luis, nombres ficticios, tres chicos jóvenes, usuarios del recurso de Proyecto Hombre en Ciudad Real, que son un ejemplo de superación.

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Uno de los usuarios del programa ambulatorio / J. Jurado

Manuel: “O recuperaba mi salud o acababa en la cárcel o en el cementerio”

Manuel (nombre ficticio) es uno de los usuarios del programa ambulatorio de Proyecto Hombre en Ciudad Real. Con solo 28 años tiene una memoria vivida con grandes aristas en el alma. Aunque el 6 de junio de 2020 volvió a su nueva y actual vida, libre de consumos y violencias.

Entró en el mundo de las adicciones “por miedos e inseguridades”, tras haber sufrido abusos sexuales “siendo muy pequeño”, y acoso en el colegio “por estar gordito”. Fue un conjunto de desgracias que no entendía y que se hizo insondable en su interior. “Tomas represalias contra todo el mundo, y arrasas”, señala en segunda persona como si quisiera alejarse de aquel estado.

La agresividad, “multiplicada por veinte” con el consumo de alcohol, porros (los probó a los 11 años) y cocaína, fue su forma de relacionarse con allegados, incluso familiares, desde los 17 años, edad a la que ya se enganchó al polvo blanco, por el que llegó a “robar y pegar” a quien la tenía.

Fue casi una década de oscuridad, en la que también fue padre, pero sin salir del pozo. Hasta que el intenso vacío que sentía por su hija de 5 años ausente (no la podía ver) hizo de resorte hacia su radical y personal cambio.

Ocurrió, narra con tristeza, el 6 de junio de 2020, cuando entró en la comunidad terapéutica de Guadalajara. Más allá de dramas, el ingreso fue la respuesta a un duro y real planteamiento: “o recuperas a tu hija, la vida y la salud, o acabas en la cárcel o en el cementerio”, vuelve a recordar en segunda persona. Tenía “muy mal futuro”, apostilla.

Ahora, este joven de ojos verdes y mirada chisposa, es un “hombre nuevo”, tras mudarse a otra localidad -ahora vive en un pueblo de la mancha toledana, y tener otra pareja, con la que volverá a ser padre de manera inminente.

No ha sido fácil porque “los principios cuestan” y “tienes que salir del círculo de las amistades”, indica, un asunto menor frente “a la recuperación completa de la confianza familiar”. “Mi hermana vuelve a tener un hermano, y mi madre ha recuperado un hijo”, aplaude, mientras reflexiona para sí unas palabras que repite con insistencia: “hace un año me lo dicen y no me lo creo”. Ha sido un empeño “a pico y pala”.

Manuel está trabajando, pero también se forma “para tener algo mejor y más estable” ante el aumento de la familia. Tampoco deja de agradecer la labor de los tres terapeutas de Proyecto Hombre en Ciudad Real. “Les debo mi vida”, reitera, a pesar de las recaídas que ha tenido en el camino, cuyo trayecto actual está bien remachado, y “en la recta final” de la terapia.

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De origen rumano, este joven está recibiendo terapia en Ciudad Real / J. Jurado

Sergio: “Llega un día en el que te levantas rallado y decides pedir ayuda”

Sergio (nombre figurado), de 36 años, es otro de los usuarios de Proyecto Hombre en Ciudad Real. De origen rumano, inició su consumo a los 20, coincidiendo con su llegada a España. “Cada vez que salía de fiesta, tomaba cocaína y también bebía algo”, un abuso de fin de semana que empezó a hacerse insostenible en su día a día. Cada vez se hacía más cuesta arriba compatibilizar la adicción con el trabajo, que en ningún momento ha dejado en una fábrica de muebles de la provincia.

“Llega un día en el que te levantas rallado, y eres consciente del dinero gastado”. Es entonces, tras casi 15 años de consumo, cuando “decides pedir ayuda”.

Tampoco ha sido un retiro de rosas para Sergio, que está a punto de obtener el alta, tras algún retroceso, “con mucho orgullo e ilusión de lo que viene”.

Valora el paso personal que dio a la hora de “entrar por mi cuenta” en el programa ambulatorio, y de que su familia, que no conocía el pozo en el que nadaba hacia abajo, excepto su hermana, celebre con él su particular renacimiento.

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Luis: “Sentía asco de la gente y me sentía inferior, y ahora estoy irreconocible”

Luis es otro de los casos que impacta. De 34 años, natural de un pueblo cercano a Ciudad Real, llegó a no poder vivir sin cocaína y hachís. Lleva más de la mitad de su vida enredado en las adicciones, con 13 o 14 probó la marihuana y con 16, la cocaína.

Recorría un túnel en el que ni se intuía la luz: “llegó un momento que consumía diariamente”. De más a más, fue una adicción que no le evadía de tener mala relación con su familia, de sentir “asco de la gente” y de que “no me durara una novia más de un mes”.

El conflicto personal de Luis (nombre inventado) estaba bien enraizado porque “tenía un gran sentimiento de inferioridad” y la autoestima “por los suelos”. Además, vivía con personas cercanas que consumían marihuana y estaba en medio de conflictos familiares.

Hasta que el 28 de noviembre de 2021, tras cerrar una fiesta de tres días, en lo que no apareció por su casa, decidió tomar impulso hacia el cielo. Fue el punto de inflexión, que le llevó a acudir a su madre y, juntos, a Proyecto Hombre. Ahora, con la terapia avanzada, asegura que “no soy el mismo, y estoy irreconocible, sobre todo porque “me valoro más”.

Igualmente, lamenta, “no haber venido antes”, para alcanzar el estado actual de contento y satisfacción.

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