Los penitentes del Vía Crucis Penitencial cumplieron, un año más, su promesa

Graci Galán Puertollano

Tan sólo el sonido de las cadenas al arrastrar, los rezos y los cánticos de los fieles que acompañan al Cristo se escuchan en la noche de este Vía Crucis Penitencial

El Vía Crucis Penitencial que celebra todos los años la Cofradía de los Discípulos de San Juan tuvo lugar en la noche del Miércoles Santo para trasladar el Cristo del Santísimo Calvario desde la Iglesia de San Francisco, en la barriada de Cañamares, hasta la Parroquia de la Asunción y poder procesionar en Semana Santa en el paso del Calvario.

Las catorce estaciones del Vía Crucis se van rezando a lo largo de este recorrido en el que van acompañando al Cristo multitud de ciudadanos y otros tantos que ya esperan a las puertas de la Parroquia de la Asunción en una de las procesiones con mayor recogimiento y silencio.

Los penitentes realizan también este particular Vía Crucis cargando sus pesadas cruces, descalzos y con cadenas en los pies, normalmente por haber realizado una promesa que cumplen en esta noche. Las luces de las velas de los faroles que portan los nazarenos de la Cofradía guían el paso de los penitentes y del Cristo del Santísimo Calvario.

Un Vía Crucis que cuenta ya con varias décadas de tradición y que, a pesar de rozar la medianoche, hace que los puertollanenses se acerquen hasta este punto de la ciudad, en mitad de la Semana Santa, para vivir un recorrido muy especial.