Reivindican el papel de la mujer como cazadora en los orígenes de la vida

Julia Yébenes Ciudad Real
Un momento de la inauguración de la mesa redonda organizada por Amfar en Fercatur / Lanza

Un momento de la inauguración de la mesa redonda organizada por Amfar en Fercatur / Lanza

La Federación de Mujeres y Familias del Ámbito Rural, Amfar, ha organizado el coloquio ‘Incorporación de las mujeres rurales a la actividad económica: Mujeres y Actividad Cinegética’

“No sólo los animales machos cazan, caza el león y la leona, caza el águila real macho y la hembra, y por qué tanto hombres como mujeres no se habrían iniciado y practicado la caza en su evolución como especie”.

Esta cuestión, que esta tarde ha planteado en la Feria de la Caza, la Pesca y el Turismo (Fercatur) Carmen Basarán Conde, ha sido respondida en sus propias palabras con evidencias y estudios científicos, que constatan que la mujer era cazadora -como el hombre- en los orígenes de la vida y fabricaba armas para desarrollar esta actividad.

La presidenta del Real Club de Monteros (RCM) se ha hecho eco de los análisis y vestigios que objetan la interpretación convencional en la que se presentaba a la mujer en un papel secundario y básicamente como recolectora.

Basarán ha participado junto con media docena de profesionales femeninas en el coloquio ‘Incorporación de las mujeres rurales a la actividad económica: Mujeres y Actividad Cinegética’ organizado por la Federación de Mujeres y Familias del Ámbito Rural, Amfar, en Fercatur donde ha hablado de dicha valiosa presencia de las mujeres.

La historia ha transmitido que “el hombre era el cazador desde el origen de los tiempos”, aunque la realidad es que “según la comunidad antropológica la mujer colaboraba en el Paleolítico en el sustento de la especie cazando de manera activa”.

Al parecer, se han descubierto armas “sin evidencias técnicas de que el hombre fuera su autor”, ya que como recoge la exposición ‘Evolución en clave de género’, del CENIEH, “la habilidad manual y capacidad intelectual no están correlacionadas con una distinción sexual, sino con una inclinación al trabajo manual, bien por necesidad, bien por deseo”.

Los instrumentos se realizaban “para la supervivencia del clan, y donde no llegaba la mano tosca del hombre podía llegar el dedo de la mujer”, ha señalado, a la vez que ha destacado la constatación de que en ausencia de los hombres, cuando se iban a abatir a los grandes mamíferos, las mujeres, además de las labores reproductivas y de los cuidados de niños y ancianos, cazaban pequeños roedores, aves, corzos, incluso pequeños ciervos, para tener abastecidas de carne sus despensas.

Basarán también ha destacado otra gran aportación de la mujer como es la formación y la educación de los niños en el respeto al medio rural”, y la caza forma parte de este ámbito “con el que las mujeres estamos comprometidas”.

Rehalera

La rehalera fernanduca Ángela Ormeño también ha participado en la mesa y ha valorado las aportaciones de las mujeres en el medio rural, aunque “queda mucho por hacer”.

Su dedicación a los perros de caza “es una pasión por estar en contacto con el campo que me viene de cuna”, a pesar “de las horas que sacrifico de mi vida personal” y de la escasa rentabilidad económica de la explotación ganadera.

La también miembro de la directiva de Atica heredó la actividad de su padre, y ahora es la titular y única trabajadora en la temporada de monterías.

Tercer año de monterías

Por su parte, Ana Belén Parra, orgánica (quien se encarga de la gestión y comercialización cinegética) de una mancha de 1.400 hectáreas en la finca La Encomienda de Mudela, ubicada entre los términos de Viso del Marqués, Santa Cruz de Mudela y Calzada de Calatrava, también ha puesto de relieve la contribución de las mujeres al mundo cinegético en una provincia con tanta tradición como Ciudad Real.

En la próxima campaña cumplirá su tercer año de monterías para abatir jabalíes y venados, con gran éxito desde el primer año, cuando “vinieron de distintos puntos como Gipuzkoa, Cádiz y Sevilla”.

Carne de caza

Belén García Castro, jefa de sala y una de las dueñas del Mesón Octavio, ha reivindicado la presencia de las mujeres en el ámbito hostelero, como su propia madre, ahora con 82 años y 46 de trayectoria en el negocio familiar.

“Si se quiere, las mujeres pueden tener oportunidades”, ha señalado, la a vez que ha destacado las aportaciones de su restaurante a la hora de valorar y promover el consumo de carne de caza. “Hemos tirado los muros de que es una carne dura y que su consumo es muy saludable”.

De su lado, la presidenta nacional de Amfar, Lola Merino, ha valorado en el inicio del coloquio la presencia de las mujeres en la actividad cinegética, pues junto a los hombres “son garantía de que siga existiendo”. “No sólo nos incorporamos a las monterías, sino también a las actividades de turismo y la naturaleza”, ha indicado.

“Es fundamental que las mujeres lleguen a la actividad cinegética y aprovechen todas las áreas que pueden servirles como salida laboral en el mundo rural y así ayudar a fijar población y evitar la extinción de los pueblos”. Asimismo, ha apuntado que “la caza necesita aire fresco y garantizar su futuro y esto tiene que pasar por las mujeres y los jóvenes”.

Tras recordar que en la provincia de Ciudad Real 3.000 mujeres cuentan con licencia de caza, ha indicado que “Castilla-La Mancha es caza, somos el corazón cinegético y la envidia de Europa y del mundo y la mujer tiene que estar ahí porque es garantía de futuro”.