Teatro cine Crisfel: el corazón de la cultura en Alcázar de San Juan

Noemí Velasco Alcázar de San Juan

Edmundo Atienza, Mariano Cuartero y Paco Atienza en el longevo teatro cine Crisfel de Alcázar de San Juan / Clara Manzano

El Ayuntamiento de Alcázar de San Juan desempolva el teatro cine Crisfel, símbolo de la explosión cultural del siglo XX para una creciente demanda de ocio por parte de los habitantes de La Mancha. Se trata de una recuperación patrimonial de primer orden, que incluye un telón de marcado estilo cervantino pintado por Antonio Amorós y Botella, un proyector de cine mudo y el archivo completo de carteles y octavillas publicadas durante casi un siglo.

Las banderitas de colores colgaban de las farolas en la calle Emilio Castelar, la estación de ferrocarril era un hervidero de gente con maletas y las sartenes olían a asadillo, machacón y pipirrana. Era el 8 de septiembre de 1909 y la luz entró por las grandes puertas de la avenida de Criptana en el Teatro Moderno, un nuevo espacio social y cultural para unas gentes que cada vez demandaban más ocio, una parada obligada para miles de compañías dispuestas a salir del caos de la capital y sumergirse en la inmensidad de la llanura manchega que tan inspiradora ha sido para todo tipo de artistas.

Desde aquel día de inicio de feria y durante casi un siglo de historia, el futuro teatro cine Crisfel llegó a ser el corazón cultural de Alcázar de San Juan y de gran parte de la comarca. Diecinueve años después del cierre, al igual que muchos otros espacios culturales sobrepasados por la proliferación de las salas multicines y la apertura de los grandes auditorios, el Ayuntamiento empieza a desempolvar la historia decidido a “recuperar parte de la memoria de los alcazareños”.

Lola Flores, Mario Moreno ‘Cantinflas’ y Josita Hernán, una de las actrices más laureadas en la España de los años 60. El archivero municipal, Paco Atienza, recuerda que por el teatro Cifrel “pasó lo mejor del panorama del teatro español y el cine”. Entre los recortes guardados en el archivo aparecen fotografías de la zarzuela ‘La rosa del azafrán’, carteles de la película ‘El guardaespaldas’ y octavillas de una actuación de Juanito Valderrama de 1966.

Edmundo Atienza, trabajador del patronato de Cultura, recuerda que por allí andurrearon algunas de las grandes compañías de teatro que todavía siguen activas, como La Zaranda, de Jerez de la Frontera, que representó la mayoría de sus espectáculos en Alcázar de San Juan hasta los años 90. Actores, actrices y comediantes no se perdieron tampoco el popular Festival de la Canción de Primavera, “la carta de presentación de la ciudad en pleno desarrollismo en los años 60”.

Más popular imposible. Por el teatro cine Crisfel pasaron las gentes de Alcázar de San Juan y gran parte de la comarca durante décadas, de Tomelloso, Herencia, Criptana, Socuéllamos o Quero. Paco Atienza dice que “no hay persona de Alcázar o la comarca mayor de 25 años que no haya pasado por el cine”, pues fue un edificio pionero. Entonces Alcázar ya era “el centro neurálgico de la cultura de toda la comarca”.

De los camerinos al cine de verano

Edmundo Atienza ilumina un rincón del teatro cine Crisfel en busca de las huellas dejadas por las compañías de teatro / Clara Manzano

Edmundo Atienza ilumina un rincón del teatro cine Crisfel en busca de las huellas dejadas por las compañías de teatro / Clara Manzano

Dividido en tres niveles, el cine Crisfel está formado por un patio de butacas, el palco general y el gallinero. Según los registros, llegaban a entrar “entre 500 y 600 personas”, aunque en la actualidad el aforo no llegará a las 400 por las nuevas exigencias de seguridad. El concejal de Cultura de Alcázar, Mariano Cuartero, señala que los tres niveles eran un mar de butacas, hasta casi el escenario y con unos pasillos laterales con moqueta roja que flanqueaban el suelo de tarima.

El gallinero tenía las entradas más baratas y en los primeros años estaba ocupado por bancos de madera, “era un sitio más incómodo, con menos visibilidad, que acogía al principio a las personas más humildes y que fue adaptándose a los tiempos”. Además, el escenario poseía una zona acotada para orquestas y músicos, y como curiosidad, el telón disponía de un agujerito para que los actores pudieran ver como estaba de público antes de actuar.

Entre bambalinas, todavía cuelgan los telones y se puede apreciar los balcones de madera que utilizaban los técnicos en cada función. Cualquier mirada puede aún recorrer miles y millones de firmas de cada compañía que paró en Alcázar de San Juan, pues nadie quería irse del Crisfel sin sellar el vínculo, sin dejar huella. Debajo de las tablas hay una pequeña sala, a la que se acede por una laberíntica escalera, donde hay miles de carteles, de programas, en el suelo, en estanterías y pegados a las paredes.

En la parte de atrás, con paredes encaladas y puertas azules, están los camerinos y la zona de atrezo. Atienza reconoce que “era un sitio frío, porque al principio no tenía calefacción”, y todavía sobrevive el rudimentario sistema de abastecimiento de agua: con una garrafa grande agarrada a un sistema pendular de madera.

Fachada del teatro cine Crisfel, en una céntrica calle de Alcázar / Clara Manzano

Fachada del teatro cine Crisfel, en una céntrica calle de Alcázar / Clara Manzano

A la entrada estaba el ambigú con palomitas y a la derecha el bar, ya que “hasta 2001 todas las películas del Crisfel tenían descanso”, toda una peculiaridad. Al fondo estaba el cine de verano, que empezó a funcionar a mediados del siglo XX y que tenía un amplio patio de butacas con gradas incluidas, como reflejan las fotografías de la época, entre otras que muestran la llegada de las compañías y hasta la venta de entradas en las taquillas.

El colosal edificio también incluía la vivienda de la familia y una nave de almacén, a unos pocos metros de la estación del ferrocarril, lo que daba “cercanía y comodidad” a las compañías más punteras que trabajaban en Madrid, y facilitó la incorporación continua de los últimos aparatos tecnológicos para mejorar las proyecciones y espectáculos.

Un telón y un proyector

Escenario y patio de butacas del Crisfel, con el telón de Antonio Amorós y Botella al fondo / Clara Manzano

Escenario y patio de butacas del Crisfel, con el telón de Antonio Amorós y Botella al fondo / Clara Manzano

En el centro neurálgico del teatro destaca un telón de boca centenario elaborado por el pintor alicantino Antonio Amorós y Botella, en la línea de los que existen en escenarios madrileños de la época y dentro de la marcada tradición cervantina de Alcázar de San Juan.

Representativa de la ciudad, la estampa pintada sobre lienzo hace una metáfora del comienzo de la función con un querubín que aparece intentando abrir el telón. A un lado, está Don Quijote derrotado, acompañado de su vecino Pedro Alonso, escena que aparece en el capítulo 5 de la primera parte de la popular obra de Cervantes, y a otro aparece el escudo de Alcázar de San Juan.

Al pie el telón, encargado por el antiguo propietario del cine para la misma inauguración y restaurado en varias intervenciones por pintores locales como José Luis Sampedro, Paco Atienza explica que “la imagen es muy característica, porque en Alcázar la tradición cervantina ha sido siempre muy fuerte”, e incluso, hay una motilla que recibe el nombre de Pedro Alonso.

A principios del siglo XX, como refleja la prensa de la época, además hubo una “lucha encarnizada” entre el propietario de la fonda de la estación con el doctor Póstumo, por determinar la ciudad donde Miguel de Cervantes recibió bautismo. En Alcázar de San Juan existe una partida de bautismo y el doctor Póstumo decía poseer otra correspondiente a Alcalá de Henares.

Proyector de cine insonoro de los años 30 conservado en el Crisfel / Clara Manzano

Proyector de cine insonoro de los años 30 conservado en el Crisfel / Clara Manzano

Guardado con tiento por la familia, un proyector de 1932 y que estuvo en funcionamiento hasta los años 50 es la otra gran joya del cine Crisfel. A pesar de los años, el proyector ha sobrevivido “intacto”, por lo que a falta de una pequeña pieza que falta podría funcionar en la actualidad. Una de las curiosidades de este aparato, según destaca el archivero municipal, es que “unas barras de carbón servían para iluminar el negativo” de las películas, insonoras y con un ritmo de fotogramas muy lento en comparación con el actual. “Era algo así como pasar las diapositivas de un carrete antiguo”, comenta.

Los comienzos del cine

Rollo de fotogramas en el patio de butacas del teatro cine Crisfel / Clara Manzano

Rollo de fotogramas en el patio de butacas del teatro cine Crisfel / Clara Manzano

La historia del cine comenzó el 28 de diciembre de 1805 cuando los hermanos Louis y Auguste Lumière realizaron la primera proyección pública de imágenes en movimiento. Con películas tan famosas como ‘Salida de la fábrica’ (1895) o ‘La llegada del tren a la estación ‘1895’, la “fábrica de los sueños” echó a rodar.

Era cine documental, tal y como aquella cinta de la elección de la joven alcazareña Emelina Carreño como Miss España en 1931 que estuvo proyectando el cine antes de cada película durante años. El rollo de película de 5 milímetros es la cinta más antigua que existe en el Archivo Municipal de Alcázar de San Juan y una de las pocas conservadas por los propietarios del Crisfel, todo un descubrimiento para muchos archivos, incluso la Biblioteca Nacional de España.

Programas, carteles y octavillas del cine Crisfel amontonados en una de las estancias / Clara Manzano

Programas, carteles y octavillas del cine Crisfel amontonados en una de las estancias / Clara Manzano

A principios del siglo XX, el cinematógrafo viajó a medio mundo, abrieron salas de cine en Londres, Roma, Moscú, Berín, y en los años 30, meses después de que Charles Chaplin estrenara ‘Luces de la ciudad’, llegó a Alcázar de San Juan. La presencia del ferrocarril desde 1854 y la cercanía de Madrid ha favorecido la existencia de flujos modernizadores desde la capital, por lo que Paco Atienza destaca que “el cine mudo llegó en 1932 a Alcázar de San Juan” para crear uno de los primeros espacios dedicados al séptimo arte de la provincia y de la región.

Es la década del drama ‘Lo que el viento se llevó’ (1939) de Victor Fleming, del terror ‘El doctor Frankenstein’ (1931) de James Whale y de ‘Blancanieves y los siete enanitos’ (1937), el primer largometraje de animación producido por Walt Disney.

Avatares de la historia

Colas de gente en la taquilla del cine Crisfel / Archivo municipal de Alcázar de San Juan

Colas de gente en la taquilla del cine Crisfel / Archivo municipal de Alcázar de San Juan

Desde su apertura en el convulso siglo XX, el teatro cine Crisfel ha vivido hitos y pasado por todo tipo de tesituras. Antonio Atienza recuerda que allí estuvo la Columna Galán durante la Guerra Civil para reclutar combatientes para el bando republicano y utilizaron como reclamo al guitarrista alcazareño de la época Rafael Pérez ‘Mansota’.

De nuevo, las buenas comunicaciones, a través del ferrocarril, facilitaron que Alcázar fuera zona de conflicto y centro de ideas transformadoras, solo hay que rememorar que durante la misma contienda llegó a ser una colectividad de espectáculos de UGT y que acogió mítines políticos.

A pesar de los bombardeos, el celuloide no paró, e incluso propició historias tan tristes como la de un hombre que perdió la vida en una explosión tras despedirse de un amigo al ver una película. La actividad tampoco cesó durante el Franquismo en el cine, que pasó en los años 40 a llamarse Crisfel, por Cristóbal y Felisa, dos de los antiguos propietarios.

Eso sí, notó el brazo opresor de la dictadura, pues todos los espectáculos tenían que pasar por el censor, que decidía si la obra de teatro o la película de cine se podía presentar o no. En el archivo consta el registro de las películas, con el sello de autorización tras pasar por el control de la censura.

“Los alcazareños fueron felices”

Compañías en la entrada del cine Crisfel de Alcázar / Archivo municipal de Alcázar de San Juan

Compañías en la entrada del cine Crisfel de Alcázar / Archivo municipal de Alcázar de San Juan

Entre polvo, papeles y sillas esparcidas, el lugar estimula un torbellino de emociones para cualquier alcazareño. Paco Atienza destaca que cuando la gente entra en el teatro, a pesar de que solo unos cuantos focos iluminan apenas el espacio, “brotan recuerdos de la infancia y la adolescencia”. En el Crisfel “los alcazareños fueron felices”, en ese teatro “muchas personas encontrarían su primer amor y desamor”, y “seguro que muchas personas que se conocieron aquí, han formado familia y están conviviendo desde entonces”.

Como trabajador del Patronato de Cultura, Edmundo Atienza, fue una de las personas que tuvo el honor de subir al escenario del Crisfel en los mejores años como estudiante de instituto dirigido por Antonio Segura. La primera vez fue como técnico en una compañía de aficionados para representar ‘Tiempo del 98’ en 1977 o 1978, y luego vinieron las creaciones de los grupos de teatro La Mueca y Acción Estable Teatro Acero. Después de asistir a “prácticamente todas las funciones”, también musicales, como coordinador del patronato durante años, Edmundo reconoce la “gran carga emocional” que despierta este espacio “que te emociona solamente con el telón cerrando el espacio escénico”.

Miles de documentos en el archivo

Planos del cine Crisfel conservados en el archivo municipal de Alcázar / Clara Manzano

Planos del cine Crisfel conservados en el archivo municipal de Alcázar / Clara Manzano

Más de cincuenta carpetas con programas de mano, entradas, libros de cuentas y documentos propios del funcionamiento interno del edificio han pasado a formar parte del archivo municipal. En la entrada al teatro cine Crisfel un carrito de madera recuerda que los rollos de cinta venían en tren, la mayoría alquilados. Por eso el valor del archivo del cine Crisfel reside en la conservación de miles de documentos de cada obra de teatro, espectáculo o película de 1909 a 2001, y “están prácticamente todos”.

Fue el mismo Manolo Carretero, el antiguo propietario, quien recuperó muchos de los carteles que estaban pegados detrás del escenario, una de las tradiciones del cine Crisfel, de la que todavía quedan restos en las paredes. Ahora, toca hacer un intenso trabajo archivístico, para clasificar y organizar los documentos, que con toda probabilidad traerá muchas sorpresas.

Localizado en el centro de Alcázar de San Juan, Mariano Cuartero destaca que la reapertura del teatro cine Crisfel será “una recuperación patrimonial de primer orden”, pues no solo es el patrimonio físico y material el que está en juego, sino el sentimental de todas las personas que rieron, lloraron, gritaron de terror y disfrutaron con sus seres queridos.

La historia del cine Crisfel, como en su día fue el cine Alcázar o Cenjor en la Avenida de Herencia, es la historia de tantos ‘Cinemas paradisos’, la mayoría destruidos en la actualidad, que nacieron con sillas de madera auspiciados por el boom del celuloide y que se convirtieron en fiel reflejo del devenir de la sociedad.