Ocho años de cárcel por abusar e inducir a robar a una discapacitada a la que hizo creer que eran novios

Belén Rodríguez Ciudad Real
Alegoria de la justicia en la sede de la Audiencia en la que se celebró el juicio el 10 de mayo / Elena Rosa

Alegoria de la justicia en la sede de la Audiencia en la que se celebró el juicio el 10 de mayo / Elena Rosa

La víctima, que ni siquiera conoce el valor del dinero, le robó a su madre 3.800 euros durante los cinco meses que duró la situación para amueblar el piso en el que supuestamente se iban a ir a vivir. Ocurrió en el año 2015 en Tomelloso

A.G.L., de 27 años, ha sido condenado a ocho años y tres meses de cárcel por abusar de una vecina discapacitada de su misma calle en Tomelloso, a la que además indujo a robar a su propia madre para entregarle a él el dinero entre mayo y septiembre de 2015.

La sección segunda de la Audiencia  Provincial de Ciudad Real, que juzgó el caso la semana pasada a puerta cerrada, lo declara culpable de los delitos continuados de abuso sexual “a persona incapacitada” y  hurto “por abuso de circunstancias personales”, sin ninguna circunstancia atenuante.

15.800 euros y orden de alejamiento

La sentencia, difundida este viernes, impone además una indemnización de 15.800 euros, 3.800 para la madre la discapacitada, y el resto para ella por los daños morales que ha sufrido. Además eleva a 300 metros la orden de alejamiento que tiene en vigor desde el 1 de octubre de 2015 respecto de la muchacha.

Le decía que la quería

La sala considera probado que A.G.L. se fijó en su vecina, adulta pero con una discapacidad intelectual del 76%, para aprovecharse sexual y económicamente. De esta forma entre mayo y septiembre de 2015 empezó a llamarla a menudo por teléfono para quedar. Le decía que era muy guapa, que la quería, y que iba a amueblar una casa para irse a vivir juntos, pero que para eso necesitaba dinero, por lo que de manera progresiva le ordenó  que le cogiera billetes a su madre (le decía cuántos y de qué color), de una caja fuerte a la tenía acceso la víctima.

En esos meses se supone que en al menos tres ocasiones mantuvo relaciones sexuales completas con la mujer, a la que se llevaba al campo con una furgoneta propiedad de su padre.

La madre notó que pasaba algo raro cuando empezó a faltarle dinero de esa caja, que guardaba en el armario de su habitación, y empezó a sospechar de su hija, la única que conocía el escondite. La hija confesó después que cogía billetes para dárselos a “su novio” y se descubrió todo.

El tribunal ha considerado como principal medio de prueba en este caso los informes forenses y el testimonio de la propia víctima.