Iván Babiy es un ucraniano que lleva casi un cuarto de siglo afincado en Tomelloso. Llegó en 1989 y actualmente vende coches de ocasión en un local situado entre la carretera de Toledo-Albacete y la avenida de Juan Carlos I. Fue militar del ejército soviético, con grado de capitán y, por tanto, es una persona preparada para analizar el actual conflicto entre Rusia y su país. El trasfondo de esta crisis es la negativa rusa a aceptar el acercamiento a la OTAN y la Unión Europea de la exrepública soviética, a la que considera parte de su identidad y de su espacio de influencia y cuyo control juzga vital para su seguridad. Putin cree que ambos países conforman “un solo pueblo”, tesis que rebatirá Iván Babiy en esta entrevista con Lanza.
“Llevo casi la mitad de mi vida aquí en Tomelloso y estoy contento. Aquí tengo mi negocio, mi familia y mis compatriotas ucranianos, somos unos doscientos aproximadamente”. Asegura que en Ucrania la vida “era preciosa, pero siempre nos han fastidiado los rusos, los peores vecinos que uno puede tener. Nos obligan a hablar ruso, cuando Ucrania es un país independiente que tiene su propia cultura e idioma. Nosotros miramos mucho más a Europa. Estar en la UE y también en la OTAN implica más posibilidades y desarrollo para nuestro país. Rusia está en contra, pero afortunadamente América, inglaterra o Turquia nos apoyan, mientras que los rusos tienen desencuentros y problemas con Georgia, Polonia, los países bálticos y más recientemente la República Checa por el tema de las vacunas y con nosotros”.
Cuando le preguntamos sobre si el origen de Rusia está en Ucrania, responde tajante que “no, nunca jamás” y hará alusión en varias ocasiones a la Rus de Kiev que fue el primer Estado eslavo ortodoxo que existió en el este de Europa, desde el siglo IX hasta el XIII. “Fue Ucrania la que bautizó Rusia. Nosotros hemos tendido puentes con muchos países de Europa y Rusia no. Su pretensión ha sido siempre la de ampliar fronteras y establecer nuevos mapas. Su origen poco tiene que ver con los europeos y si con los tártaros y los mongoles como demuestran algunos rasgos físicos de sus habitantes”.
Como telón de fondo en esta crisis aparecen, inevitablemente, los factores económicos. “Ucrania es uno de los grandes productores mundiales de trigo”, indica. Sobre el conflicto planea también el gas “los rusos no quieren depender de nadie y ponen los precios que ellos quieren, nunca quieren abaratar el producto. Ya lo dijo la propia Ángela Merckel que intentar firmar un contrato con ellos es perder el tiempo”. En cualquier caso, Iván se muestra convencido de que no habrá guerra. “Los movimientos que se están produciendo son amenazas que se plantean cuando se quiere conseguir algo, pero guerra no va a haber”, asevera.
¿Y cómo están viviendo esta situación los ucranianos? “Algo así afecta al corazón de todo el mundo, -responde-. Ucrania ha vivido muchas guerras en los últimos años, pero ha acabado sobreviviendo y es un país con fortaleza económica. El problema mayor es para esas familias que pierden a alguno de los suyos”.
En la entrevista aflora el tema de la religión, un aspecto al que los ucranianos otorgan gran importancia. “Prácticamos la religión grecocatólica. El pueblo ucraniano es muy religioso, De hecho, la religión es lo que permite mantener muy unidos a los miembros de comunidades de Ucranianos que hay que Canadá, Estados Unidos o Australia”. Toca despedirse de Iván que dice a los periodistas que la próxima vez que lo visiten tiene que ser para comprarle un coche. Bromas aparte, ha sido un buen anfitrión.

