“Estoy muy contenta de este premio que dedico a mi abuelo”

Francisco Navarro Tomelloso
Eva María Baos

Eva María Baos

Eva María Baos Ruiz es la ganadora del Premio Local de Narraciones “Félix Grande” de la Fiesta de las Letras de Tomelloso con el relato “Aliento de vida”. La obra es “una oda al amor de una madre”; una historia en la que hay secretos, una trama familiar y aromas a leyenda que no dejará indiferente a nadie.

Charlamos con la autora sobre la obra premiada, de la que su abuelo —que falleció hace cinco años— estaría muy orgulloso; de Tomelloso, la Fiesta de las Letras y sus proyectos literarios. Eva María Baos destaca la importancia que para ella supone el Premio Félix Grande le permitirá subirse al escenario del teatro de la ciudad que vio nacer a su abuelo y “hacerle llegar un mensaje que irá desde Tomelloso al cielo”.

—¿Qué ha supuesto para usted este premio?

—Mi abuelo murió hace cinco años. Su muerte supuso un duro golpe para mí. El día antes de que se fuera fui a verlo a casa de mi tía. Me despedí de él  diciéndole hasta mañana. Confiaba de verdad en poder estar con él al día siguiente,  pero ya estaba muy malito y no pudo ser. Se fue para siempre a las dos de la madrugada. No supe lo que había pasado hasta la mañana siguiente. Mi madre creyó que era mejor esperar a que fuera de día para  darme la noticia. Mi abuelo se había ido y yo no había podido despedirme de él  como habría querido. Aquel malestar echó raíces y se fue haciendo más grande a medida que pasaban los años.

Un día pensé que tal vez me sentiría mucho mejor si conseguía hacer algo especial por lo que mi abuelo se sintiera orgulloso.

Una tarde, navegando por la red encontré por casualidad una página que hablaba de la Fiesta de las letras y del concurso de narrativa “Félix Grande”. Fue entonces cuando le dije a mi marido: Este certamen lo voy a ganar yo y se lo voy a dedicar a mi abuelo. El premio me permitirá subirme al escenario del teatro de la ciudad que lo vio nacer y hacerle llegar un mensaje que irá desde Tomelloso al cielo. Y así ha sido. Estoy muy contenta  de haberlo conseguido. No me cabe duda de que mi abuelo estará  muy orgulloso.

—Y encima, en el Centenario de Pavón.

—No se puede pedir más. Mi tía hizo un cameo en la serie de televisión Plinio. García Pavón ya era un referente literario en mi familia antes de que yo naciera.

—¿Qué va a encontrar el lector en “Aliento de vida”?

—Va a hallar respuesta a una pregunta: ¿Hasta dónde es capaz de llegar una madre por arrancar de las garras de la muerte a su hijo enfermo? El relato es una oda al amor de una madre. El referente de ese amor sin límites lo he encontrado en mi madre y su entrega incondicional a sus hijas y sus nietos, en especial a una de mis hermanas, porque es la que más lo necesita. Los hijos somos egoístas por naturaleza. Yo no he sido consciente de lo que mi madre ha sacrificado por nosotras hasta que he sido madre. El protagonista de “Aliento de vida” lo descubre cuando va a visitar a su tío tras la pérdida de la suya. Esta y su tío guardaban más de un secreto. La visita del protagonista a Tomelloso responde a la necesidad de saber de dónde viene y quién es en realidad. Con la respuesta a esa duda existencial se pone punto y final al relato, pero se deja una puerta abierta para que el lector saque sus propias conclusiones. ¿Todo lo que se ha contado es verdad o no son más que  los desvaríos de un pobre viejo y su sobrino? La narración tiene el aroma de leyenda del que hablaba Valle Inclán. También puede recordar en cierta manera a las leyendas de Bécquer. En esa búsqueda de los orígenes, el protagonista es mi alter ego.

Otra imagen de la autora

Otra imagen de la autora

—¿Cómo llega a la escritura?

—Cuenta mi madre que con tres años yo ya leía y escribía. La escritura nació conmigo. Cuando era pequeña mi abuela me contaba cuentos, cuando ella no podía contármelos, me los contaba yo, cuando se me cansé de los cuentos de mi abuela, me inventé otros nuevos. Siempre me cuento historias antes de dormir. También les contaba historias a mis hermanas, a mis primos, y, más tarde, a mis hijos. A mis alumnos les encantan mis historias. Un día me pidieron que las pusiera por escrito, así no se perderían. Hasta hace un año lo que escribía solo lo compartía con mi madre. Cuando me casé dejé de escribir, he vuelto a escribir hace poco. Ahora, desde la madurez que me ha dado el tiempo. En los años que he estado sin escribir las historias y yo hemos sufrido una metamorfosis. Hemos ido preparándonos para desplegar las alas y volar. Conservo escritos que tienen treinta años. Algunos son poesías. He escrito desde niña. Cuentan en casa que un día llamó mi maestra a mi madre para decirle que había yo copiado el cuento que nos había puesto de deberes. Mi madre tuvo que decirle que eso era imposible y lo sabía de buena tinta porque ella estaba delante cuando yo lo escribí. Cuando terminé el instituto empecé la carrera de derecho, pronto supe que aquello no era lo mío. Mi padre entendió que mi verdadera vocación era la filología y me apoyó en mi decisión de cambiar de carrera. Siempre ha estado a mi lado. Hacía conmigo hasta los deberes de griego y hebreo. Soy porque mis padres han sido conmigo y siguen siendo. Mi padre lee todo lo que escribo y mi madre forma parte del proceso de creación de mis escritos. Sin ellos estar hoy aquí no habría sido posible.

—Hay quien dice que para escribir es necesario tener un don previo…

—El don es el duende del que hablaba Lorca, pero no es suficiente con tenerlo para escribir. Como todas las disciplinas, escribir bien requiere una técnica que solo se consigue con trabajo, leyendo y escribiendo mucho. La práctica hace al maestro. También se necesita tiempo. Yo ando robándolo a mi familia y a mi propio descanso para poder escribir. Si puedo escribir es porque mi marido hace las cosas que yo tengo que dejar de hacer porque estoy escribiendo. Somos un equipo. Y mi primo también está ahí. Le envío todo lo que escribo y él me da su parecer. Me ayuda mucho tener su punto de vista. Algunos relatos los comparto también en el grupo de WhatsApp de la familia.

Evidentemente hace falta un don para escribir, pero no es suficiente por sí mismo, debe estar acompañado de muchas otras cosas.

—Por lo que hemos podido saber, usted cultiva el microrrelato y ha sido galardonada en muchos certámenes.

—Solo hace poco más de un año que participo en certámenes. Empecé con microrrelatos para probar. Luego me aventuré con el relato corto. En la mayoría de los certámenes he quedado entre los finalistas o en segundo lugar. El premio más importante que he recibido es el de “Félix Grande” en Tomelloso. También es el del que más orgullosa estoy.

—¿Cuál es su relación con Tomelloso?

—Como he dicho antes mi abuelo nació en Tomelloso. Una rama de mi familia paterna es tomellosera.

—La Fiesta de las Letras de Tomelloso es un referente literario y artístico ¿Qué le parecen iniciativas como esta? ¿Había participado antes en ella?

—No había participado antes. De hecho descubrí la fiesta de las letras por casualidad. Me encanta que el Ayuntamiento tenga iniciativas como esta y apoye lo artístico y literario, y además haga gala de ello celebrando una fiesta. Es muy bonito que los autores y artistas tengan un papel protagonista y se premie y se aplaudan valores como el trabajo bien hecho, el esfuerzo, la perseverancia…

—¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos?

No soy escritora profesional. Voy robando minutos al día para poder escribir. Tengo en mente novelar la historia de mis antepasados, pero primero es necesario que desvele un secreto familiar que mis bisabuelos se llevaron con ellos. Tendría que acceder a archivos y documentos de Tomelloso, Bolaños y Almagro. Como vivo lejos me está resultando muy complicado. Casi parece un caso de Plinio. Algún día este proyecto verá la luz.