Jaime Quiralte: “Me he sentido muy querido en Tomelloso”

Francisco Navarro Tomelloso
Jaime Quiralte

Jaime Quiralte

Jaime Quiralte, tras once años, dejó  a principios de septiembre la parroquia de La Asunción de Tomelloso para ir a Ciudad Real. El obispo lo llamó a un nuevo destino en la capital de la provincia. Tras muchas intentonas, el pasado sábado encontramos un rato para poder hablar.  En una calurosa tarde de este otoño que se resiste a llegar, charlamos de lo humano y lo divino, nunca mejor dicho. El sacerdote tiene la modestia como premisa y a Cristo como centro de su vida.

Quiralte llegó a Tomelloso el 30 de septiembre de 2007, hace once años, venía de Bolaños, «al día siguiente ya me hice tomellosero, fue a empadronarme» y dejó la parroquia de La Asunción el 2 de septiembre.

Muy bien recibido

Jaime Quiralte se ve «muy regalado» en su paso por Tomelloso. Nos cuenta su experiencia de este tiempo en una ciudad donde «fui muy bien recibido», una circunstancia que él —en la modestia que trasluce durante toda la conversación— achaca a la suerte, «más vale caer en gracia, ya sabes».

En su nuevo destino, Quiralte tendrá que llevar a cabo una importante labor con los jóvenes, circunstancia que ha sido una de sus señas de identidad en Tomelloso. Pero él ve «más fracaso que éxito con los jóvenes», aunque es una circunstancia que no le preocupa porque «hay jóvenes que quieren seguir y estás con ellos». En ese sentido, asegura que se han hecho un sinfín de actividades dirigidas a ellos «por mostrarles quien es Cristo. Pero, dentro de su libertad, muchos han decidido no seguir».

Otra de las características fundamentales de su paso por Tomelloso ha sido su convivencia con Matías Rubio, el párroco de la Asunción. Para Jaime ha sido muy importante el que «siendo los dos tan diferentes hayamos llevado la parroquia a un solo ritmo. Para eso hace falta hablar y mucha paciencia por parte de los dos».  

Tocar la tierra

Al sacerdote le ha gustado mucho «la vivencia de Cáritas», entidad de la que ha sido Delegado Interparroquial en los dos últimos años «una circunstancia sobrevenida y que se preveía que iba a durar poco tiempo». Pero la aventura con Cáritas empezó antes, «en unos ejercicios espirituales, en el verano del 14, me vi a mí mismo como muy director de orquesta. Creía que la cercanía, las visitas a domicilio, la pobreza, me podría humanizar mucho. Necesitaba tocar tierra». Esa reflexión coincidió la visita pastoral del obispo emérito, Antonio Algora a Tomelloso propuso que la acogida a Cáritas se hiciese por barrios. «Me incorporé al equipo de acogida de Cáritas, no en el despacho, haciendo visitas. Eso me ha ayudado mucho», señalaba. Después, cuando Antonio López dejó la delegación de esa organización la asumió Jaime «me ha venido muy bien, en el trabajo con Tere Requena, el conocimiento de los voluntarios mediante entrevistas. Fue muy enriquecedor conocerlos y a mí, como digo, me vino muy bien».   

La charla sigue, densamente, Jaime Quiralte es un buen conversador, asegura que el trato personal ha sido algo muy importante para él, es algo que se lleva, «es muy positivo». De su paso por el colegio Santo Tomas-La Milagrosa «la relación con los profesores y alumnos me ha venido muy bien en lo humano. Además, en las cuestiones de la parroquia, la última palabra la tiene el cura, pero en espacios los que es otro el que la tiene sirven para que aprendas, por una parte, a valorar mucho el trabajo inmenso de un docente. La parte de pastoral la llevan otros profesores… eso me baja un poco los humos». Además, la experiencia docente le ha servido para aprender a programar, confiesa, porque los curas «somos muy malos en ese aspecto».

Hacer teatro «también me ha ayudado mucho, con relaciones muy humanas y trabajando como otro». Jaime Quiralte ha participado en dos funciones («bueno, en dos y media, pero eso es mejor que no salga»). Explica que en el colegio, dentro de un proyecto de comprensión de la Edad Media, representaron “Anillos para una dama” de Antonio Gala «ahí hice de rey malísimo». Y después llegó «Andrónicus con Carpe Diem. Y con ese mismo grupo hicimos n Toledo algo del Quijote. Yo fui un desastre… aunque luego salió bien».

Querer a Cristo con naturalidad

En esa misma línea de ser muy humano y tratar con gente, el actual obispo, Gerardo Melgar, propone visitar a las familias cuando se acercan a la parroquia para bautizar a un hijo. «Para mí eso ha sido un regalo por lo mismo, vas a casa de otros, donde ellos te abren las puertas, con sus normas. Eso también me ha ayudado mucho, sobre todo al iniciar el diálogo con los padres». Y es que «la iglesia actual somos muy capaces de hablar de fe a niños pequeños o a ancianas pero a un igual es más complicado. Cuanto más natural sea la forma de decir que quiero a  Cristo y que para mí es lo más importante, ahí si aparece la misión».

La charla nos va llevando por asuntos más religiosos. Estamos en una terraza cerca de la parroquia de La Asunción, la gente nos interrumpe con cariño, todos quieren saludar a Jaime. Hablamos del clericalismo, uno de los enemigos de la iglesia, a juicio del periodista. El sacerdote lo tiene claro, eso se salva «con humildad y poniendo a Cristo en el centro, Él es la verdad».

Muy querido en Tomelloso

Jaime Quiralte se siente muy contento con su paso de Tomelloso, pero (siempre hay un pero con Jaime) «tal vez no he dado lo que tenía que dar. Donde miro veo que me he quedado corto en todo». Cuando ya se sabía su cambio de destino «la gente me paraba por la calle». La despidida que le hizo la parroquia a principios de septiembre «fue muy emotiva. Con el lógico dolor del adiós, pero con mucha alegría. Se notó el cariño de la gente, en la misa y después, en la celebración tan emotiva del Centro parroquial». Eso a Quiralte le hace estar muy contento «considero que he recibido más de lo que he dado. Dios va regalando mucho, más de lo que uno puede espera. Me he sentido muy querido en Tomelloso».

Jaime ha sido uno de los sacerdotes que han dejado huella «es muy fácil cuando eres vicario parroquial y los “marrones” se los tiene que comer otro, Matías en este caso. Ahí, siempre quedas bien», señala en otro ejercicio de modestia.

La conversación es larga y el espacio finito. Hablamos de religiosidad, de espiritualidad, de humanidad, de Cristo, de amor, de fe, de justicia. Convenimos en que si las enseñanzas Jesús no sirven para hacer un mundo mejor, no sirven para nada.

Que nadie se quede sin conocer el amor de Dios

Jaime Quiralte, que está próximo a cumplir 40 años quería ser sacerdote «desde muy chiquitín», su familia es muy creyente «y no sorprendió que quisiese ser cura». Se fue al seminario en 6º de EGB «la primera opción si fue muy creyente, por ser amigo de Jesús». Y por qué continúa «hay dos personajes que han influido en mi vida, Unamuno, que estoy seguro de que murió como creyente, a pesar de tantos vaivenes. Niebla, que la leí con 13 años, me marcó mucho. Y San Juan de la Cruz. Considerar que Dios es capaz de amar así a una persona y contar ese amor fue una especie de deseo. Si lo ha hecho con San Juan de la Cruz lo tiene que hacer con cualquier cristiano». Posteriormente, descubre el gran amor de Dios «fue en Fundamentación» de manera que vive un antes y un después, «la gente tiene que saber que Dios les ama. Ese es mi primer punto para ser cura, que nadie se quede sin conocer ese amor tan grande».