La poesía en las fotografías de Juan Luis López Palacios

Pilar Serrano de Menchén
Una de las fotografías de Juan Luis López Palacios

Una de las fotografías de Juan Luis López Palacios

Juan Luis ha hecho un ejercicio de ritmos lógicos que expresan opciones de vida captadas por la luz, para disfrute y recuerdo de un tiempo que ya se ha hecho imagen. Lúcida y limpia mirada sobre lo que vive en un Tomelloso fotográficamente evocador.

Desde que en 2008, Juan Luis López Palacios expusiera una colección de fotografías en el Museo “López Torres” de Tomelloso, bajo el título: «Páginas de un libro: La Luz que Permanece», y nos mostrara su particular, expectante, emocionada visión de la Mancha, con interés hemos seguido, a través de conversaciones y exposiciones suyas, la trayectoria de un artista sincero y puro que, armoniosamente, trasmite la vigilia de la realidad y la verdad como sello perenne en sus obras.

Vigilia y observación que lo lleva a inspeccionar la luz, lo cotidiano, el recuerdo y la memoria ─personal y colectiva─ a través de la mismidad de un mundo donde su cámara se hace poema relatado; captador de la belleza que matiza el acontecer de lo que fuimos y deseamos ser. Retratos realizados a través del paisaje íntimo y personal de Juan Luis que, sin ambages, va mostrando sentimientos nacidos a través de la luz, o su vapor de sombras, y así mostrar y palpar el instante mágico que nos perdura. En tan especial instante podemos decir que nosotros participamos de un desgaje de circunstancias luminoso y común, el cual, desde el prisma sincero y clarividente del artista, nos va definiendo y sumando a la vida y a su personal mirada: abierta y libre.

Con bagaje tan notable, Juan Luis acaba de presentar, en su Tomelloso natal, dos volúmenes, en los que recoge y muestra instantes lleno de vida para la perennidad de su obra y de lo retratado. Dos volúmenes cuyas fotografías, al menos un buen número de las que figuran en los dos libros, ya han vivido la luz al estar expuestas por el artista en una exposición  que tuvo lugar, hace unos meses, en la Posada de Los Portales. Trabajo en el que ha participado también sus hijas, María y Carmen López Torres, sumándose de este modo al talento y sabiduría de una saga familiar con una sensibilidad altamente notable.

Bien demostrada en estas fotografías donde la luz que tenemos se manifiesta con verdad a través del objetivo; que bien cumple con el objetivo que lleva en el corazón este artista singular, de sonrisa callada, lleno de virtudes. Cualidades regaladas con luminosidad para que nosotros nos veamos realmente luz en su verdad.

La luz que permanece

El primer volumen titulado: «La luz que permanece», con subtítulo «La primera luz que vio Antonio López García», es un trabajo elaborado por Juan Luis para la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, cuando el artista reanudó sus estudios en el curso 2004/05. Fue una idea que seguramente llevaba madurando años; pero aún no había llevado a cabo, salvo tímidamente. Se trataba de realizar un trabajo fotográfico  sobre “La luz en la arquitectura”. El abanico de posibilidades y temas era extenso; pero Juan Luis lo centró en buscar la emoción a través de la luz que inspiró a su primo hermano,  maestro del realismo, Antonio López García y, antes a su tío, Antonio López Torres.

Y para ello se encerró, o se alejó del mundanal ruido, durante meses, en la casa familiar; tristemente abandonada y materialmente en ruinas. El resultado son unas fotografías llenas de lirismo, con poética visible, que nos muestran la esencia de lo cotidiano a través del paso del tiempo. Luz que vivió y se hizo presencia en el carisma de una familia que ha regalado a Tomelloso la perennidad de lo mágico.

Escribimos para instantes (hechos obra de arte por Juan Luis) de una casa que inspiró a López Torres y López García; y ahora inspira a López Palacios y a sus hijas María y Carmen, como si hubiera, la hay, continuidad de vida en esta luz viva de Tomelloso, para líricamente irse mostrando como hilo conductor de los sentimientos más vitales y puros de los dos artistas. Momentos de melancolía y añorantes recuerdos que nos llevan a vivir otra vez lo de antes; experiencia de comportamientos estéticos vitales, en los que Juan Luis analiza lo mínimo y el todo; retratos donde la luz permanece recogida, en esencia, y mueve la emoción poética categorizando la añoranza.

La luz efímera

El segundo volumen se titula «La luz efímera» y lleva un subtítulo en concordancia con el primero: «La otra luz de Tomelloso». Obra que el autor dedica a su madre, aportando además algunas fotografías familiares entrañables para el artista. Seguido, nos adentra por el Tomelloso de Juan Luis López Palacios. Y es un Tomelloso que está lleno de momentos que se hacen presencia emotiva de una ciudad principal y vinatera, la cual se mece y conmueve en el anchuroso y limpio paisaje que la rodea; y en las calles, las gentes, las fiestas…  Es una mirada, en este caso llena de caricias, y llena de sentimientos poéticos y literalmente únicos; que son ya historia de un Tomelloso visual y magnífico: en color,  en blanco y negro o en degradaciones de grises.

Volumen en el que Juan Luis ha hecho un ejercicio de ritmos lógicos que expresan opciones de vida captadas por la luz, para disfrute y recuerdo de un tiempo que ya se ha hecho imagen. Lúcida y limpia mirada sobre lo que vive en un Tomelloso fotográficamente evocador.

Afortunadamente, tal que expresa Juan Luis en el segundo volumen, “nos queda la memoria” para ir recordando, en las imágenes de un libro de “luces efímeras”, que hay instantes ideales que idealmente se han quedado plasmados para que se afirme la peculiar historia de Tomelloso en dos álbumes de luz y asombro. Luz principal y vital; pues es luz que se cierra y abre como un mágico y poético caleidoscopio lleno de misteriosa paz; perspectivas que se integran, se amplían y se hacen memoria real.

Por todo lo anterior nos alegramos que Juan Luis, con la ayuda de sus hijas María y Carmen, siga aportando su visión artística, ética y estética, al mundo, a través de Tomelloso. Y de modo tan especial nos done su pensamiento y emoción, además de con imágenes, con escogidos textos que también suman calidad y nos explican, casi en susurro, muchas veces melancólicamente, otras con humor, el ideario vivencial del autor.

Veamos sólo una pequeña anotación que dice: (pág. 181-I): “Amo eso días que hablan de todos los días”. Hermoso y delicado verso, escrito para notificarnos, aún más, su sentir; rincón donde “la luz no usada” de fray Luis de León, alumbra lo quieto y lo que perdura.

Romanticismo también a pie de luz para que todos nos reconozcamos en estas imágenes y pensamientos donde el autor expone lo que nos construye; es decir,  lo visible para que lo invisible nos perpetúe.

En cuanto a la cuidada y extraordinaria edición de los dos volúmenes y el estuche que los protege, ha sido realizada o, ha estado al cuidado, de Carmen López Torres, siendo el diseño y maquetación del propio autor, es decir, de Juan Luis. Los libros han sido impresos en Madrid, Artes Gráficas Palermo, y están a la venta en librerías de Tomelloso y Ruiz Morote de Ciudad Real.

Con nuestros mejores deseos para el autor y para sus hijas: María y Carmen, y al resto de familia; sobre todo a Rocío Torres, terminamos con una cita del poeta Antonio Machado; que bien señala lo importante para el futuro de la saga López Palacios, Torres Márquez: “Caminante no hay camino/ se hace camino al andar”.

(Las imágenes son de Juan Luis López Palacios)