Nicomedes Marquina, un fiel guardián de las tradiciones de Tomelloso

Francisco Navarro Tomelloso
Nicomedes Marquina / Foto: Carlos de la Osa

Nicomedes Marquina / Foto: Carlos de la Osa

Nicomedes Marquina es un hombre polifacético: es la cara visible de la Asociación de Mulas y Carreros de Tomelloso, canta flamenco, es un guisandero de primer nivel, un celoso guardián de las costumbres de Tomelloso y un gran conversador. Nicomedes está siempre dispuesto a colaborar con quien lo necesite y a pesar de haber pasado, y bien, de los ochenta años, no para.

Nos recibe en su casa, en el brasero, que a pesar de ser abril la tarde está fresca. Empezamos hablando por su asociación «la Asociación de Mulas y Carreros de Tomelloso, la creamos en el año 2008. Yo había estado con unos amigos que tenía mulas, a mi hijo le dio envidia y fuimos a Valencia a por una yunta. Y esas son las que tenemos ahora». Es decir, que el 2008 se reencontró con unos animales «con los que estuve hasta los 35 años. Después fui camionero hasta los 68 años que me jubilé. Me gustaban las mulas mucho y como aquí en el pueblo había muchas, me lie ora vez con ellas».

Nicomedes Marquina y su asociación organizan una serie de actividades tradicionales y participan en otras durante todo el año «nosotros organizamos el Día de la Simienza y un concurso de arada; salimos en la Romería y en la Feria, en el día de los enganches». Tiene las mulas «ahí donde tenían las vacas los “Caines”, en la Huerta de Marquina que se llama el paraje». Nicomedes les da de comer a las mulas dos veces al día, todos los días, paja y cebada y las saca de la cuadra «cuando llego las suelto en un descampado que tengo para que den cuatro brincos».

Lógicamente Nicomedes tiene una gran colección de “trastos” para las mulas que le han ido regalando sus amigos «cuando compré los animales me dieron cosas, arados, garabatos, vertederas…».  Ante nuestro desconocimiento, Marquina nos explica que el garabato es un arado de una mula, también hay vertederillas, que así se llaman, para animal, «y  vertederas y arados de yunta. También tengo una vertedera gorda de cinco mulas que era para levantar viñas. Y ubios, que también tengo tres o cuatro. En otros sitios a los ubios les llaman yugos». También ha reunido una impresionante colección de arreos gracias a los regalos que mantienen él y su hijo que es «un excelente guarnicionero aficionado, mira, ahora va a hacer dos cabezones. Le gusta mucho y cose muy bien».

Por lo que nos cuenta Nicomedes, las mulas están en la cuadra con un cabestro «le pones la cabezada, la manta, la collera, las retrancas, los tiros y la enganchas en el carro. La que van adelante no llevan retranca ni silla, llevan un tiro de ganchos y el resto igual». Asegura que las mulas no sufren «si lo hace es porque está mal aparejada».

El gañán era el que estaba con las mulas

Gañán es una palabra que se ha desvirtuado y que se usa de manera despectiva y que Nicomedes reivindica «el gañán era el que estaba con las mulas, a diferencia del peón que trabajaba con sus manos. Tenía ventaja el gañán con respecto al peón en que físicamente trabajaba menos, pero el primero tenía que cuidar las mulas todos los días». Dentro de los gañanes había un escalafón «el que más mandaba era el mayoral, detrás estaba el “ayudaor”, el zagal grande, el segundo zagal y luego estaba el tercer zagal y el zagal chico que era el encargado de la cuba del agua».

Nicomedes nos cuenta que los domingos iba con un amigo que era tractorista a aprender a manejar un tractor «con el carnet de tractorista en el bolsillo, me vino a buscar un señor para que trabajase en su casa, Pablo Ruiz. Estuve con él cinco años hasta que me fui a los camiones. Y con los camiones estuve hasta los 68 años».

Marquina alaba la labor que están llevando a cabo las distintas asociaciones de Tomelloso que se preocupan por recuperar las mulas, con la importancia que ese animal ha tenido para la ciudad y las tradiciones de años pasados «tengo muchos años, voy a hacer 85, pero todavía hago algo. Hay que sembrar… y ahora vamos a arar una viña que nos han dejado para que la cultivamos de la manera tradicional».

Que no se pierda la tradición de las mulas en Tomelloso

Por su edad, a nuestro interlocutor le tocó vivir esa época, no tan lejana, en la que la gente se iba al campo de quincena. Nicomedes recuerda nombres de casas de labor y parajes lejanos, más allá de Cinco Casas «hasta Semana Santa nos íbamos para dos semana, después, como los días son más largos, estábamos una semana. Venías sin afeitar y con más mierda que un gorrino. Cuando llegaba, me tenía mi mujer preparada en el patio una palangana de agua un poco templada por el sol y esa era la ducha que teníamos. No se pasaba hambre, pero le faltaba muy poco». Nicomedes lo tiene claro, «hay que recuperar las cosas de entonces, pero lo malo no».

Nicomedes es un asiduo participante de los concursos de arada con mulas «este año, como Ramón Coronado no ha podido, hemos organizado nosotros el suyo. Y, por cierto que me han dado un premio. De Villafranca nos trajimos el primer premio, y muchos galardones que he conseguido».

Si llega el caso, Nicomedes también le guisa unas gachas o unas migas a quien se lo pida «claro que sí, hay que pasarlo bien». Es un defensor vehemente de las tradiciones, de hecho le pidió a Emiliano García-Page «que no se acabe nunca la tradición de las mulas en Tomelloso. También se lo dije al consejero de Agricultura, que le hice unas gachas el pasado año en la presentación de La Voz de Tomelloso, que por cierto estuvieron muy buenas».