Tres meses han pasado de la aprobación de la reforma laboral pactada por el Gobierno de Pedro Sánchez con la patronal y los sindicatos, y su debate no fue mucho más del ‘tripe error’ telemático del diputado popular Alberto Casero en la votación, que creó un auténtico revuelo. Salió adelante por un único voto en el Congreso de los Diputados.
Varias razones están detrás de la falta de valoraciones de esta reforma que ha cambiado las relaciones de trabajo. Francisco Trillo, profesor de Derecho del Trabajo en la UCLM, afirma que “la reforma laboral no cuenta la simpatía de casi nadie porque ha puesto en el centro a los trabajadores más precarios”. La otra, que fue una reforma pactada a tres, “donde todas las partes se dejaron algo por el camino”.
Adiós a la idea de que “mejor un mal empleo que el desempleo”
Para el profesor, el principal hito de esta reforma laboral es que dice adiós al “modelo laboral del año 1984”, reforzado durante la crisis económica del 2008, que propugnaba que “era mejor un mal empleo que el desempleo”. “Esa situación había provocado que cada año más del 90 por ciento de los contratos fueran de carácter temporal, con una duración muy corta y con una alta tasa de rotación”, señala.
El “contrato fijo discontinuo” es la llave para luchar contra la precariedad y promover la estabilidad en el empleo, pero Francisco Trillo advierte que “no es una nueva categoría”, sino que ha cambiado su uso. Este tipo sustituye al contrato por obra y servicio con el fin de acabar con la rotación de personas en un mismo puesto de trabajo. Ahora “cualquier contrato se presupone con carácter indefinido y a tiempo completo”.
En la exposición de motivos, indica Francisco Trillo, “la reforma laboral dice claramente que el empleo precario y de corta duración no solo afecta muy negativamente a las condiciones de vida de las personas trabajadoras sino que redunda en perjuicio de los intereses económicos y empresariales de cualquier sistema productivo basado en la innovación”.
El desempleo sigue 7 puntos por debajo que en la “crisis de la austeridad”

Pese a la recaída que nota la Encuesta de Población Activa (EPA) en el primer trimestre del año, periodo en el que España ha perdido 100.200 empleos y el paro ha crecido hasta el 13,65 por ciento (32 centésimas con respecto al trimestre anterior), Trillo expresa que los datos demuestran que la reforma laboral “ha tenido un efecto positivo” en el mercado de trabajo.
Hasta marzo de 2020, explica el experto, “lo normal en España era que cualquier crisis disparase el desempleo en España al 20 por ciento o por encima”. Sin embargo, en la actualidad, pese a los coletazos de la crisis del Covid y a la invasión de Ucrania por parte de Rusia, “todavía los datos de empleo son 7 y 8 puntos mejores que en el periodo más agudo de la crisis de la austeridad tras la caída del sistema financiero”. “A diferencia de otras crisis, el empleo ha mejorado en calidad y no ha descendido”, añade.
El profesor indica que “hasta ahora siempre se había dicho que incremento del Producto Interior Bruto (PIB) por debajo del 1,5 o el 2 impedía la creación de empleo”, y pese a que la economía española crecerá este año un 4,3 por ciento, según la última previsión del Gobierno, todavía hoy llama la atención de los economistas que el paro no inicie una escalada. Trillo considera que es un efecto de la reforma laboral e insiste en que “hay capacidad para crear empleo”.
Las ‘kellys’ consiguen mejores retribuciones, pero no el conjunto de los trabajadores
Pero más allá de los datos, Trillo pone el ejemplo de las camareras de piso, las ‘kellys’, como uno de los colectivos que ha notado más el avance en materia de derechos de la reforma laboral, pues “ha servido para mejorar la retribución de las trabajadoras más vulnerables en este sector eminentemente feminizado”. Las ‘kellys’ ahora cobran “casi el doble”, porque el convenio del sector prevalece al de empresa.
Esta mejora en la retribución, repite, “no la han tenido otros trabajadores, porque no sufrían esa precariedad excesiva”, una de las razones claras, según señala Trillo, de que “la reforma laboral no haya sido acogida con mucha alegría por parte del conjunto de los trabajadores”, que sí sufren los bajos salarios en general y más en el contexto de inflación actual.
A este respecto, el experto recuerda que “la reforma laboral de 2012 partió de la idea de que para crear empleo las condiciones de trabajo tenían que devaluarse: aplicación preferencial del convenio colectivo de empresa frente al sectorial y devaluación salarial”, que todavía se nota.
Subidas salariales para no frenar el consumo
En el contexto actual de inflación, del 8,4 por ciento en abril, Trillo considera que los convenios colectivos, como norma que dicta las condiciones de trabajo reales en un determinado sector, tienen que contemplar subidas salariales. El profesor afirma que “si los trabajadores pierden poder adquisitivo, la economía se verá más afectada que como consecuencia de situaciones exteriores como la guerra de Ucrania”.
Así pues, el profesor expresa que “España sigue siendo una economía en la que su PIB se crea básicamente a través de la demanda interna, es decir, del consumo de los hogares y de las familias, y no tanto del exterior”, por lo que si no hay incrementos proporcionales en los salarios la pérdida de poder adquisitivo frenará el consumo y lastrará la economía.

