Una de las mayores bodegas romanas de Hispania evoca el legado vinícola de la comarca de Valdepeñas

Julia Yébenes Ciudad Real

Está ubicada en un complejo muy bien conservado, levantado en el siglo I antes de Cristo en una zona cercana a ‘Los baños del Peral’, entre Valdepeñas y Membrilla. Tiene una planta rectangular de 350 metros cuadrados y sus dependencias son perfectamente reconocibles al salir a la luz las técnicas de construcción de la época como el primer hormigón de la historia

Restos del enfoscado de los romanos, a base de mortero de cal y puzolana, instalaciones conectadas entre sí creadas para hacer posible la metamorfosis de uva en vino, o el evidente aplastamiento del punto donde el eje de la prensa del fruto ejerció su fuerza.

Son algunos de los vestigios arqueológicos de la bodega milenaria localizada entre Valdepeñas y Membrilla, que acreditan la gran influencia romana en las regiones vinícolas de la actualidad.

El hallazgo de los valiosos restos tuvo lugar el pasado verano en el paraje ‘Baños del Peral’, donde estaba diseñada una rotonda de acceso al espacio, y cuyas obras fueron paralizadas con los primeros movimientos de tierra.

En concreto, han identificado un recinto de 1.500 metros cuadrados de una villa de varias edificaciones, entre las que destaca una de las bodegas más grandes de Hispania, según las estimaciones del arqueólogo que encabezó los primeros estudios, Tomás Torres, de Baraka Arqueólogos.

Los restos hallados están cerca del núcleo de El Peral / Clara Manzano

Los restos hallados están cerca del núcleo de El Peral / Clara Manzano

El complejo, datado entre los siglos I y II a los IV o V d. C.,  reúne una serie de edificios que podrían estar superpuestos a estructuras anteriores de la segunda Edad del Hierro. Y está muy bien conservado, según el experto, porque tras su abandono no se habrían levantado ocupaciones ni construcciones en las épocas visigoda y medieval.

A pie de yacimiento, ubicado entre una finca de olivos y el pequeño núcleo poblacional de recreo de los valdepeñeros, Torres explica que la bodega pertenece a la primera villa altoimperial levantada para explotar los recursos agrícolas, que estima pudo estar en uso hasta mediados del siglo I d. C.. Posteriormente, tuvo dos ampliaciones, probablemente a partir del siglo III y hasta el siglo V d. C., cuando en teoría el núcleo fue abandonado. Así lo apunta el descubrimiento de un plato de Terra Sigillata africana, muy característico del periodo entre los años 420 y 450 d. C.

¿Y por qué está tan claro el trazado de la bodega?

Pues porque, tras las primeras catas y excavaciones, apunta el arqueólogo, fueron inequívocas las estructuras descubiertas y las técnicas de construcción que los romanos patentaron para sus edificaciones agrícolas –bodegas y almazaras-.

Han hecho una geolocalización para conocer con más detalle las estructuras ocultas

Han hecho una geolocalización para conocer con más detalle las estructuras ocultas

En ellas innovaron al utilizar el primer hormigón de la historia, a base de mortero de cal y puzolana, al que añadían fragmentos de teja para alcanzar una gran consistencia. También fue el cemento que a partir de esa época permitió a los romanos trabajar con arquitecturas adinteladas y bóvedas hasta entonces desconocidas.

Y menos indiscutible fue el edificio de la bodega que, perfectamente identificado, se proyecta al cielo en una construcción de unos 35 metros de longitud por 11 o 12 metros de anchura dentro de una planta total rectangular que mide 350 metros cuadrados. El conjunto «nos permite comprobar la organización interna de la producción vinícola” de la época, y la extensión los ha llevado a determinar que es una de las más amplias de Hispania y «de las más grandes documentadas hasta el momento en Castilla-La Mancha y probablemente en España”.

Cerca de 50 m² pertenecían al espacio donde se ubicaba el engranaje del eje de la prensa, un lugar donde se aprecia la huella palmaria de la marca redonda de la viga de 70 centímetros que, accionada por un contrapeso de piedra, inducía al apisonado de la uva.

También está delimitada y estructurada el área de pisado y prensado, que ocupaba otros 18 metros cuadrados.

Anexos e igual de reconocibles localizaron los depósitos conectados del calcatorium (espacio de pisa), el lacus (pileta de recepción del mosto), y la celda binaria, donde se distribuía el vino entre las tinajas para su fermentación y almacenamiento.

Tomás Torres, el arqueólogo que realizó los primeros estudio de los hallazgos / Clara Manzano

Tomás Torres, el arqueólogo que realizó los primeros estudio de los hallazgos / Clara Manzano

Los restos también apuntan a que la bodega fue habilitada sobre una residencia anterior levantada en el primer asentamiento rural altoimperial.

Este tipo de núcleos eran poblaciones erigidas para dar cobertura a la vida de las familias de los nobles que empezaron a salir de las ciudades a partir del siglo I para huir de las crisis y las epidemias. Y en zonas con recursos naturales para el bienestar como es el paraje ‘Baños del Peral’ donde se ubica el yacimiento.

Incluso se fabricaba vino de distintas calidades: los caldos de las primeras extracciones para los poderosos, y los más aguados, elaborados a partir de los últimos jugos de los hollejos, para los esclavos. De estas prácticas, apunta Torres, hay evidencias en el yacimiento valdepeñero, con muescas del rebaje hecho en el receptáculo decantador, que se aprovechaba para drenar los vinos de peor calidad.

Próximas actuaciones en el yacimiento

Tras el hallazgo de los restos de notable interés, “la intervención que realizamos entre julio y agosto consistió en la excavación en extensión de todas las estructuras”, con el fin de “tener una primera idea de su tamaño”.

Ahora, los trabajos previstos en el yacimiento, explica el arqueólogo, están poco definidos por el año de pandemia que acaba de concluir, aunque tanto la Administración regional -que es la promotora a través de la Dirección General de Carreteras de la Consejería de Fomento, como los ayuntamientos de Membrilla y Valdepeñas- están pendientes de la segunda fase.

El plan es analizar los resultados de la geolocalización recientemente realizada en el entorno para conocer con más detalle las estructuras ocultas. Se trata de una exploración del subsuelo de la zona, con el objeto de descubrir vestigios hasta el momento desconocidos. Posteriormente, se abordaría una intervención dirigida a las zonas con más interés arqueológico, como las villas (ubicadas en unos terrenos privados) más modernas y suntuosas, donde podría haber restos de termas y mosaicos.

Las siguientes excavaciones estarán definidas por investigadores universitarios para proyectar en toda su dimensión histórica los datos del mapeo.

Impronta en el legado cultural

Igualmente, otro objetivo a medio plazo, subraya el arqueólogo, es ver la impronta que la bodega y las edificaciones de las dos villas levantadas han dejado en el legado cultural y patrimonial de la zona para incorporarla a la oferta turística de la comarca.

“Tendrá mucho valor para las bodegas locales y para atraer a visitantes a la zona a través de su vinculación a la cultura del vino”, asegura.

‘In vino veritas’ y la vinculación del vino al territorio

Los excepcionales vestigios hallados en Valdepeñas forman parte del sustrato del valor social del vino que Plinio el Viejo, el autor del famoso proverbio ‘In vino veritas’ -‘en el vino está la verdad’-, recoge en sus textos.

El autor clásico se hizo eco de la expansión de la viticultura y la producción de vino en todo el imperio romano que garantizó el suministro tanto a soldados como a colonos.

Y no sólo en el siglo I después de Cristo, sino milenios antes la cultura del vino conformaba un valor excepcional, donde se reconocía el entorno de donde procedía como un atributo en sí mismo. El terroir actual ha sido siempre un signo de distinción y elemento de transmisión de rasgos diferenciadores entre cada tipo de vino.

Otra imagen de la excavación iniciada entre Valdepeñas y Membrilla /  Clara Manzano

Otra imagen de la excavación iniciada entre Valdepeñas y Membrilla / Clara Manzano

Por ello, el descubrimiento de la bodega romana en Valdepeñas será un elemento que ilustrará más aún la vinculación del vino con el territorio. “Este hallazgo en concreto permite ubicar la relación de la comarca –Valdepeñas, Membrilla y, por ende, La Mancha- con la producción vinícola hace más de 1.500 años”, sostiene el arqueólogo Tomás Torres.

Es evidente, reitera, la fuerte unión de este tipo de infraestructuras a los territorios, toda vez que se localizan en espacios próximos a los viñedos.

Será una constatación “real” de esa relación que podrá aprovecharse como recurso turístico en una comarca donde también son muchas las personas inmersas directamente en la viticultura y que da idea del valor que ejerce el colectivo de viticultores en la sociedad.

Como Carranque

La villa está localizada parcialmente y, en opinión del arqueólogo Tomás Torres, responde a esquemas muy parecidos a los de Carranque (Cuenca). Su estructura “es idéntica a Carranque”, a tenor de los elementos comunes hallados como una crujía, varios muros y dos torres, además de la bodega.

No es tan similar su importancia política, social y militar, pues si el enclave conquense surgió en un momento altoimperial, con gran importancia en la época tardorromana, el núcleo más ostentoso y empoderado en Ciudad Real fue la ciudad de Oreto Zuqueca, en Granátula de Calatrava. Esta población fue cabeza de obispado hasta la configuración de Calatrava la Vieja, que jugó un papel estratégico en la época medieval y las guerras entre cristianos y árabes que han marcado la historia de España y la provincia.