La revisión contemporánea de los clásicos puede ser ejemplo de la esencia intemporal de su escritura, que es la misma a lo largo de la historia. Absorben el sentir de los seres humanos y de sus sueños e intereses. Y por ello los espectadores actuales conectan con los sufrimientos y sueños que fueron plasmados en tinta hace casi cuatro siglos.
Es lo que la compañía andaluza ‘Atalaya’ presenta con ‘El Avaro de Moliére’, en un ejemplo de la potente dimensión de las artes escénicas -interpretación, música y dramatización- a favor de la diversión del público. De inicio a fin, las carcajadas están aseguradas.

El espectáculo, adaptado y dirigido por Ricardo Iniesta, no deja cabos sueltos en un montaje donde los actores llevan todo el peso de la obra, donde “el dinero es un dios todopoderoso, el protagonista es una actriz y todo el elenco está presente durante toda la representación en modo coral”.
Son los mimbres que los espectadores del Festival de Teatro Clásico de Almagro (FITCA) han sabido reconocer en la primera de las dos funciones que representará en el Palacio de los Oviedo, donde el equipo artístico tuvo que salir este a saludar este viernes hasta tres veces por la ovación recibida desde el patio de butacas.
El tono burlesco y exagerado que asegura las carcajadas, con tintes del género ínfimo de principios de siglo XX, llama la atención desde el primer momento, con un texto que supera los versos del autor francés, pero que no pierde la sustancia escrita, socarrón sin llegar a ser mediocre, sugerente sin llegar a ser grosero, al todo o nada hacia la llaneza de las expresiones. En algunos momentos con la potencia léxica del Barroco, en este caso para describir al mísero, codicioso, mezquino, tacaño, usurero, cicatero o banquero Harpagón.
‘Atalaya’, que ya visitó Almagro hace 11 años con una recordada ‘Celestina’, presenta un juego escénico que es lo que parece, difícil, por las innumerables escenas que conforman el movimiento de las ocho puertas movibles, cambiables en vertical u horizontal, abiertas o cerradas, conjugado con un minucioso y estudiado trabajo de luces, imprescindible en la ambientación de la farsa.

Sin olvidar la música en directo, con el acordeón de Lidia Mauduit, la ejecución de la percusión y de un instrumento de viento, además de los cantos y las coreografías corales de los artistas, en un modelo versátil que es seña de identidad de los laboratorios de la compañía sevillana y de su Centro de Investigación Teatral.
El vestuario, de estrafalarios diseños, es defendido con credibilidad por quienes participan en este banquete musical. Igualmente, complementan la ‘interface’ con sus expresiones y maquillajes excesivos, propios de los personajes de la Comedia del Arte, que en la comedia trágica salida de la mano del autor francés resultan bien equilibrados.
Carmen Gallardo encarna al rico usurero con solvencia, y mantiene pegado al espectador con la obsesión de que le puedan robar su fortuna, al igual que María Sanz, Raúl Vera, Garazi Aldasoro, Silvia Garzón, Enmanuel García, Mauduit, y Selu Fernández, conforman las tramas sin perder la tensión escénica ni la fuerza verbal que requieren sus personajes. Imprimen al espectáculo un ritmo ágil que inevitablemente y a pesar del calor canicular lleva a la reflexión de Séneca sobre que la insistente perturbación del miserable para incrementar su patrimonio le impide disfrutar de él. «Cesa de ser el amo y se convierte en el esclavo».

Torre de Tatlin
La función de este 7 de julio fue mágica para ‘Atalaya’, al ser la número 2.500 en la suma de todos sus espectáculos, actualmente en gira con el clásico de Molière, ‘Elektra.25 y ‘Esperando a Godot’.
Así lo destacó el propio Iniesta sobre las tablas del Palacio de los Villareal al final del espectáculo, donde comentó su paso desde hace 45 años por 200 festivales nacionales e internacionales. El veterano dramaturgo y director entregó a la directora del festival de Almagro, Irene Pardo, una réplica de la Torre de Tatlin, su símbolo, un proyecto arquitectónico del escultor ruso Vladímir Tatlin, proyectado a 400 metros de altura, que no se llegó a hacer.
Pardo agradeció el regalo y puso en valor el trabajo de la compañía andaluza y su aportación a las artes y la cultura. “Viva Atalaya”, dijo.

