Antonio L., de 64 años, vive en pensiones, albergues y en la calle y ha recorrido España varias veces buscando empleo en campañas agrícolas o buscando poder quedarse en diferentes albergues, ya que estos solo dejan quedarse durante unos días a las personas sin techo. Ha pasado varias veces por Valdepeñas. Estos días ha estado en la ciudad del vino pidiendo ayuda a Cáritas Interparroquial.
Lanza ha hablado con él para conocer cómo pasará las fiestas navideñas, cómo llegó a esta situación y cómo es su día a día.
Esta última vez que ha llegado a Valdepeñas durmió la primera noche en un cajero. “Pasé mucho frío, me levanté mareado y me caí al suelo. Fui a un bar y llamaron a una ambulancia y me llevaron al hospital, donde comí y me hicieron pruebas. Me dieron el alta, pero esa noche decidí pasarla en el hospital, aunque no estaba ingresado, y hoy he venido a Cáritas. Hoy tendré alojamiento en una pensión gracias a ellos. Luego seguiré mi camino”, comenta.
Tiene intención de pasar la Navidad en una pensión de Cuenca que es barata. El resto de la Navidad dependerá de su presupuesto.
Otras Navidades también las ha pasado así o en la calle, recordando su pasado. “Me gustaba mucho la Navidad, el belén, el árbol, estar con mis padres y mi hermano… La primera Navidad en esta situación la pasé en Granada, en la calle, porque yo decidí no ir a albergues. Ves a la gente en sus casas, las luces, te invaden los recuerdos de otros tiempos…. Es algo que no le deseo a nadie, ni a mi peor enemigo. Te ves sentado en un parque mientras todo el mundo está en su casa”.
SU HISTORIA
Antonio es de Cádiz y su situación se complicó hace unos años cuando le despidieron de su trabajo en un laboratorio de revelado fotográfico debido a la digitalización. “El jefe despidió a varios empleados de la plantilla ya que no era necesario este proceso antiguo. Me quedé en paro en 2008 y cuando el paro se me acabó empecé a solicitar ayudas sociales, que también se acaban”.
Al principio vivió con sus padres y su hermano. “Pero mis padres fallecieron y mi hermano se casó y tiene dos niñas y tiene sus propios problemas”. “La casa de mis padres era de alquiler con un contrato antiguo, pero tuve que dejarla”.
Al preguntarle si él no se casó, contesta que “tuve una novia, pero se murió a los 32 años. Otro golpe de la vida”.
Entonces se fue a Jerez y cobraba la RAI (Renta Activa de Inserción), “pero se acabó”. “No sabía lo que eran los albergues, pero en Córdoba empecé a conocerlos y me enteré de otros sitios. Comencé a buscar campañas de fruta para trabajar, pero las condiciones eran tercermundistas. Muchos se aprovechan de nosotros”.
“Al agotar todas las ayudas me vi en la calle hace tres años y luego comencé a cobrar el Ingreso Mínimo Vital, que es lo que estoy cobrando ahora. No puedo acceder a comprar ni alquilar nada porque me piden un mes o más de fianza y no tengo para ello. También te piden nómina, que tampoco tengo. Lo que puedo hacer es ir a pensiones, pero el dinero no me da para todo el mes. También tengo que comprar comida, cosas de aseso, los billetes para los viajes… El resto del tiempo lo paso en pisos compartidos o en la calle, en bancos, parques, estaciones, hospitales”.
Comenta que ha tenido malas experiencias en pisos compartidos porque “la convivencia es mala” y que en los albergues solo puede quedarse entre dos días y una semana, según las normas de cada albergue. “Además, en muchos durante el día tienes que estar en la calle, con el calor o el frío que haga. Solo abren por la noche. Algunos no están mal, pero otros están en condiciones precarias. En algunos puedes lavar la ropa, comer, estar todo el día… Algunas entidades te pagan el billete para ir a otras ciudades. Creo que podrían ayudar más. Cada una tiene sus normas y te ayudan a quedarte en algún albergue o pensión unos días, pero luego tienen que pasar uno, dos o seis meses hasta que puedas volver y, aunque tengan plazas libres, no te puedes quedar”.
Antonio ha comentado que dormir en la calle es muy inseguro. “He tenido varios problemas. Hay gente que está marginada y que es muy peligrosa, que busca bronca y se acerca a pegarte”.
Señala que él no se ve en la calle por problemas con las drogas o el alcohol, como otras personas, sino por haber perdido su trabajo y no acceder a un trabajo estable, más por la edad que tiene. “Estoy esperando a jubilarme para poder tener una paga digna”.
Comenta que nadie está exento de pasar por una situación así. “Yo creía que no me vería en esta situación. El 90% de los perfiles pueden ser de drogadicción, pero hay otro porcentaje de personas que han perdido su trabajo y se ven así. He conocido médicos, abogados, ingenieros, gente con nivel cultural alto que, por diversos factores, ya sea la pérdida del trabajo, una separación… se ve en esta situación”.
También habla de cómo le tratan los demás al verle en la calle. Hay quien es amable y le ayuda, “gente muy buena, algunos mejores de los que me encontré con lo que era mi “vida normal” de antes”. Pero también hay quienes “se alejan como si tuviera la lepra. Cuando ven la mochila en la que llevo mis pertenencias, se asustan pensando que les voy a robar. No todos somos así. Yo soy pobre, pero tengo educación, la que me dieron mis padres”.
Ha apuntado que la mayoría de sus amigos no conocen su situación. “Me fui buscando trabajo y no les conté más. Luego se complicó la cosa”.
Antonio indica que no pierde la esperanza. “Quisiera ir a Cádiz y tener mi casa. Mientras, voy donde me lleva la corriente. Lo tengo muy complicado. Espero que llegue mi jubilación y así pueda acceder a un crédito”.
CÁRITAS
Cáritas es una de las entidades que presta ayuda a las personas sin techo.
El Ayuntamiento de Valdepeñas renovó en noviembre su convenio anual con Cáritas Interparroquial por 46.000 euros, para los programas de atención a temporeros y personas sin techo (26.000 euros), ayudas de emergencia en alimentos y productos de higiene (15.000 euros), libros de texto para estudiantes (3.000 euros) y gestión administrativa de la entidad (2.000 euros).
El director de Cáritas Interparroquial de Valdepeñas, Alfonso Patiño, dio entonces las gracias al Ayuntamiento de Valdepeñas por su colaboración con Cáritas, así como agradeció la colaboración de socios, donantes y voluntarios, haciendo un llamamiento a la colaboración.
Precisamente Cáritas celebra este fin de semana su campaña de Navidad con el lema “Hagamos que tener una vida digna deje de ser cuestión de suerte”.
En cuanto a las ayudas prestadas por Cáritas en 2024 (últimos datos cerrados), Patiño apuntó que, en total, Cáritas atendió a 648 personas, de las que 405 eran de Valdepeñas, 161 personas sin hogar y 82 temporeros de las campañas de vendimia y aceituna, la mayoría inmigrantes. Les ofreció 2.717 ayudas de alimentación en especie, mediante vales y tarjetas monedero, y 700 ayudas de ropa, calzado y mantas.
Patiño recordó que desde hace un tiempo los contenedores de ropa son gestionado por Cáritas, una labor que repercute en Cáritas Diocesana de Ciudad Real.
También se ofrecieron en 2024 ayudas de farmacia y óptica, duchas, transporte y desplazamientos, alojamiento, suministros como la luz y el alquiler.
22 personas participaron en los talleres educativos y nueve familias en los talleres de huertos.
“Cáritas procura promocionar que las personas puedan salir de la delicada situación en la que se encuentran”.
También se realiza un programa de empleo con una trabajadora a tiempo parcial, que ha atendido a 110 personas y ha realizado itinerarios socio-laborales con una orientación laboral.
En cuanto al presupuesto del 2024, Cáritas Interparroquial de Valdepeñas gestionó 330.000 euros, de los que 140.000 euros fueron destinados a la DANA y el resto a los distintos programas que lleva a cabo, como los de vivienda, piso de acogida, temporeros, personas sin hogar, talleres educativos, cooperación internacional con el Congo y Perú, sensibilización en colegios, apoyo al Hogar de Nazaret, contribución con Cáritas Diocesana de Ciudad Real para programas de atención a personas en situación de dependencia a ciertas sustancias…
Desde Cáritas señalan que mucha gente sin techo pasa por Valdepeñas, pero no se quedan en la ciudad nada más que unos días al no contar esta con albergue para ellos abierto todo el año. Cáritas les paga un día o unos pocos días una pensión hasta que continúan su viaje. No hay personas sin techo por periodos largos en la localidad.
