‘El tren del vino’: el papel del ferrocarril en Valdepeñas

Enrique Pedrero Muñoz Valdepeñas
Ferrocarril M.Z.A. Estación  de Valdepeñas, 1918 / Lanza

Ferrocarril M.Z.A. Estación de Valdepeñas, 1918 / Lanza

El ‘Tren del vino’ estaba compuesto a veces por más de 25 vagones con dos tableros móviles cargados con más de 100 pellejos de vino, que salían del municipio todos los días a las 7 de la tarde con destino la capital de España

Desde muy antiguo el trasiego del vino fue llevado a cabo por los arrieros, a través de sus carros y galeras tiradas por caballos, mulas, burros etc., que transportaban por carreteras y caminos los pellejos de vinos. Según el Catastro del Marqués de la Ensenada, referido a la villa en 1752, se recogen que hay en Valdepeñas como 40 arrieros traficantes, numerados en tres clases: primera, segunda, tercera, más los mozos.

Sin embargo, algo más de un siglo después va a suceder un cambio trascendental en el comercio del vino, con la construcción del ferrocarril y su llegada a Valdepeñas en el año 1861. La inauguración de la vía férrea tuvo lugar el día 24 de mayo a las 11 de la mañana procedente de Manzanares.

Dicha comunicación va a ser un punto importante para el municipio, consiguiendo en 1895 el título oficial de ciudad. Este logro se debió a Manuel Prieto de la Torre, que era diputado a Cortes por el distrito Almagro-Valdepeñas y a la Corporación Municipal de Valdepeñas, gobernada en aquellos momentos por el Partido Liberal, presidido por su alcalde Miguel Caravantes Cejudo, que envió al Ministerio de la Gobernación a través de un Real Decreto de 29 de enero, en el que Valdepeñas se le declaraba ‘Muy heroica ciudad’.

A partir de la consecución de dicho título, se establece entonces el llamado ‘Tren del vino’ compuesto a veces por más de 25 vagones dedicados íntegramente al transporte del preciado líquido, con dos tableros móviles cargados con más de 100 pellejos de vino, que salían del municipio todos los días a las 7 de la tarde con destino en principio a la capital de España. Las corambres eran de piel de cerdo o de cabra que las salaban y curtían después, por los corambreros o pellejeros y también los boteros. Su capacidad oscilaba entre 6 y 8 arrobas.

Las cubas de madera

En el negocio y comercio de las cubas de madera, generalmente de roble, eran muy apreciadas las procedentes de Francia y América. Surgió en Valdepeñas durante el siglo XIX y sobre todo del XX, ya que en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752, referido a Valdepeñas, no aparecen personas con el oficio de cuberos, propiamente dicho.

Aunque si aparecen carreteros y carpinteros, por lo que es difícil saber si estos mismos artesanos trabajaban las cubas. Sin embargo, en el libro ‘Anuario general de España’ de varios autores: Bailly-Baillere-Riera. Tomo I. Ed. Madrid-Álava-A Coruña, 1918, las cuberías que aparecen en esta fecha en Valdepeñas, son las siguientes: Leoncio Corredor, en calle Cristo, s/n. Más otros como Eugenio González; Diego Lirio; José Martín; Ramón Martín; Santiago Pérez; Ramón Ruiz y José Saavedra.

La cuba que más se utilizaba y se sigue utilizando hoy es el bocoy de 40 a 50 arrobas, de gran tonelaje para la crianza y el trasiego del vino. También era apreciada la cuba media de 15 a 20 arrobas; la tercia de 10 a 12; la cuarta de 8 a 10 arrobas que era precisamente la que se destinaba para el embarque por ferrocarril, además de la corambre o pellejo. Después había otras medidas más pequeñas que aún se siguen fabricando en diversos lugares para diferentes tipos, no sólo para el vino si no para otras bebidas como el vermut, la mistela, etc.

El tren como medio de transporte del vino

Los arrieros y la mercancía en torno a la estación / Lanza

Los arrieros y la mercancía en torno a la estación / Lanza

El ferrocarril a través del tren del vino, será el eje principal para muchos industriales relacionados con este sector, que se fueron alternando tras convertirse en cosecheros y exportadores. El vino llegaría después a todos los rincones de este país y otros puntos de Europa, también lo haría por otros medios de navegación, pasando fronteras y llegando a países como Filipinas, Cuba y Centro América a través del puerto de Cádiz.

Según Ramón Fernández Gómez, (Muñorrodero, Cantabria, 1930-Valdepeñas, 1916), periodista que fue corresponsal delegado en la zona de Valdepeñas del Diario Lanza, en su crónica de la Feria de Valdepeñas de 2011, con el título: ‘Valdepeñas ya figuraba como colonia romana’, describía lo siguiente: En aquella época, para su comunicación, contaba con dos líneas de ferrocarril: La de vía ancha de Madrid a Andalucía por la que circulaba el famoso ‘Tren del vino’ que en marzo de 1895, transportó 625 vagones del preciado caldo, noticia que publicó al respecto ‘El Círculo Mercantil’, medio periodístico de carácter vinícola e industrial fundado por Carmelo Vasco Gallego.
Más tarde en 1903, llegaría el otro ferrocarril de vía estrecha Valdepeñas-Puertollano.

Geografía de la ciudad en 1850

A mediados del siglo XIX la extensión de la ciudad de Valdepeñas era mucho más reducida. Por ejemplo el límite de la población hacia la estación, estaba cortado en la calle del Infante, que posteriormente se llamó la Redonda y actualmente calle de la Constitución, es decir; era campo, propiamente dicho. Pues bien el Patronato del Ferrocarril M. Z. A, para acercar la ciudad a la estación, creó, diseñó y construyó el Paseo de la Estación, aunque posteriormente haya tenido diferentes diseños y modificaciones, durante su historia y según quien delegara el consistorio valdepeñero, hasta llegar a la actualidad.

Como consecuencia de abrir al público este acceso hacia el ferrocarril, muchos cosecheros, exportadores, incluso la alta burguesía, compraron grandes extensiones de terreno a un lado y otro de dicho Paseo, para construirse sus casas solariegas con puerta principal a dicha vía, mientras que en las portadas con cara a la calle Torrecillas y calle de Caldereros, crearon sus bodegas y al lado inverso también, entre otras calles importantes de la ciudad.

En la misma estación de ferrocarril las Bodegas la Gloria y la Constancia de Ramón Caravantes. Al final del paseo de la Estación, las Bodegas Bilbaínas; en la calle Francisco Cejudo Peralta, las Bodegas Alfredo o las de Guerola y en la Calle Mari Sánchez, las Bodegas Vasco-Navarras entre otras muchas, que ya existían y otras nuevas que se fueron creando, que sería muy largo de enumerar.

Plataformas para la entrada en las bodegas

Algunas bodegas aprovechando la cercanía con el ferrocarril y la estación, enlazan sus negocios por medio de vías con raíl suplementarias, acercando los vagones a las bodegas y girándolos mediante una plataforma circular de raíl por donde giraban y penetraban en la fábrica. La salida igualmente la hacían de la misma forma. Citaremos tres bodegas, ya mencionadas anteriormente, con dicho procedimiento: ‘La Gloria y la Constancia’ instalada justamente enfrente de la estación; ‘Las Bodegas Bilbaínas’ situada al final del Paseo de la Estación y las Bodegas ‘Pinarejo’ sita al final de la calle de Caldereros.

Sin embargo la enfermedad de la filoxera infestó la viña en el año 1900 en Valdepeñas. Gracias a la repoblación con vides americanas, insensibles al insecto se consiguió frenar su reproducción.

El tren del vino visto por los artesanos

En la entrevista que se les hizo por parte de este cronista a Manuel y Antonio Fresneda, en el mes de diciembre de 2018, comentaba que es muy posible que ellos sean los últimos boteros si Dios no lo remedia de Valdepeñas, ya que no hay interés por salvar este oficio por parte de la sociedad. A la vez aportaba información sobre el tren del vino y otros anécdotas de su trabajo, el botero Antonio, añadía en su comentario, “que por lo visto el Tren del Vino cuando salía de Valdepeñas a principios del siglo XX, lleno de pellejos de vino, si había alguna avería en los pellejos, como poros, agujeros, etc., por donde se escapaba el vino, el arreglo consistía en introducirle en dicha hendidura, un cordel doble con una aguja, que luego se dejaba el cordel sólo, que al introducirse aumentaba de tamaño y se inflaba al pasar al vino y de esta manera se arreglaba la salida del líquido”. Este sistema se estuvo haciendo hasta hace unos años, Pues bien a esto le llamaban vulgarmente “echarle un clavo” frase que se ha hecho célebre con otras acepciones.

Otra anécdota que comentaba Antonio Fresneda, es que los maestros les metían prisas a los oficiales y aprendices para terminar pronto su trabajo con la frase siguiente: “Venga chiquete que a las 7, cierran la estación”.
Al parecer y según nos comentaba Manuel Fresneda, conocido artesano del gremio de la botería, jubilado en el año 2000, al que le ha seguido en esta especialidad su hijo Antonio, a principios del siglo XX existieron en Valdepeñas 25 boterías que trabajaban las odres y pellejos como envases para el vino. Tenían sus diversos talleres repartidos por la ciudad, que sumando oficiales y ayudantes, llegaban a los 100 trabajadores aproximadamente, abasteciendo a cosecheros y exportadores al Tren del Vino, que trasladaba el preciado líquido a Madrid y a otras partes de la Península.

Desarrollo de la industria del vino

Antiguas bodegas de Luis Palacios, creadas en la segunda mitad del siglo XIX. Fuente: Centro de Estudios de Castilla-La Mancha, UCLM

Antiguas bodegas de Luis Palacios, creadas en la segunda mitad del siglo XIX. Fuente: Centro de Estudios de Castilla-La Mancha, UCLM

A partir de la industrialización de la ciudad por medio del vino, aparecen nuevos cosecheros y exportadores. Una de las bodegas más importante y más antigua de Valdepeñas era la de Luis Palacios Sanchiz, que fue teniente de alcalde con el Partido Liberal en 1895 y alcalde de Valdepeñas, en 1910 y 1930, creada dicha bodega en la segunda mitad del siglo XIX, según la historia publicada por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Valdepeñas, que era tanta su producción, que llegó a enviar todos los días a Madrid 25 vagones cargados con 100 pellejos de vino cada uno de ellos.

En el titular ‘Valdepeñas y su riqueza’ y subtítulo ‘Valdepeñas a grandes rasgos’, firmado por las iniciales M. M. B. del año 1917, Página 1/1, dice lo siguiente: “¡Hay que descubrirse!” Valdepeñas no es un pueblo, es la Excelentísima Ciudad. Costumbres semiandaluzas, carácter franco y afable en sus hijos, y mujeres hermosísimas, es su característica. Su natural riqueza, que estriba en sus grandiosos y fructíferos viñedos, y la fiebre que ha despertado su industria, demuestran su indiscutible prosperidad; prueba entre otras muchas, la importantísima fábrica de harinas, de aceites de oliva y orujo y Bodegas de vino (¡cómo no!) denominada La Consolación, propiedad de Rafael Toledo.

Valdepeñas en sus costumbres, gustos y urbanización, va progresivamente acercándose al nivel de las modernas poblaciones.

Cubriendo toda la Página de ABC le seguiría un escrito de Manuel Madrid Penot, deshojando las cualidades y características de la ciudad, que por su extensión, no podemos extendernos.

Creación de nuevos estamentos

El fruto de la fama del vino de Valdepeñas llega hasta el Ministerio de Fomento, que concedió a la ciudad la Estación Enológica y el Campo de Experiencias Agrícolas y en 1925 la Federación Regional de Viticultores. En 1928 se funda el Círculo Mercantil Vitivinícola, con la intención de defender y promocionar los vinos de la zona de Valdepeñas.
La Junta Regional Vitivinícola en 1930 fija su ubicación en Valdepeñas. Dos años más tarde, en 1932, se crea el Estatuto del Viñedo, recogiendo la zona de producción de Valdepeñas, siendo la actual Denominación de Origen del Vino de Valdepeñas.

Con el auge del vino y su industrialización lleva a Valdepeñas a que se cree una sucursal del Banco de España el 19 de marzo de 1928, anunciaba su instalación el periódico El Eco de Valdepeñas, de 19 de marzo de 1928, que se ubicaría en el edificio del Círculo Republicano, calle Fermín Galán, hoy de Capitán Fillol y donde se ubica actualmente el Hotel Central. Posteriormente en 1948, se traslada el Banco de España, que tendría su ubicación definitiva, tras su construcción, en la calle del Seis de Junio, 55, hasta el año 1977, en que se clausuró. Ante esta pérdida en 1979 en el mismo espacio se ponía en marcha el centro de la Universidad de Educación a Distancia (UNED).

También se crearían en Valdepeñas los bancos locales, como la Banca Cruz que se fundó a últimos del siglo XIX, en la esquina de calle Seis de Junio con Pintor Mendoza y estuvo vigente hasta mediado el siglo XX.

El Banco Manchego, creado en 1924, sito en la calle de Pi y Margall, hoy calle de la Escuelas, en el número 5, aproximadamente y absorbido posteriormente por el Banco de Bilbao, según el folleto de Ferias y Fiestas de Valdepeñas, 1932, ya aparece anunciado el Banco de Bilbao, con un capital de 100.000.000 de pesetas.
La Banca de Florentino Piqueras, fabricante de vinos y alcoholes y comerciante, también apostó y se quiso sumar al auge de la industria y el vino en la ciudad, asegurando que en “Valdepeñas había petróleo con la industria del vino”.

A medida que se instala el Banco de España en la ciudad, aparte de los bancos locales mencionados, abren sus puertas otras entidades bancarias y cajas de ahorros, que a medida que avanza el siglo, se instalan incluso entidades financieras internacionales, debido a las importantes ventas y transacciones, tras la implantación de nuevas empresas importantes del vino, que cuentan con una gran flota de camiones y medios de locomoción por carretera, llegando en los últimos años del siglo XX a 15 entidades bancarias.

Con la llegada de la crisis a principios del siglo XXI, algunos bancos cerraron sus oficinas y otros se fusionaron, aunque actualmente Valdepeñas, cuenta con una gran cantidad de entidades financieras

Nuevo tren turístico en el siglo XXI

En septiembre del año 2005 el Ayuntamiento de Valdepeñas, con su alcalde al frente, Jesús Martín Rodríguez-Caro, presentó y pusieron en marcha el ‘Tren del vino’ como un medio turístico para la promoción de los importantes valores culturales, patrimoniales, artísticos y vinícolas, como es la ‘Ciudad del Vino y de los Museos’.