¿Qué pasa en Cataluña?

Julio García-Casarrubios Valdepeñas

Lo que más me duele, de todo esto que está pasando, y lo digo con mucha tristeza, es que se está poniendo en duda el prestigio que tenía esta región de España. Un prestigio adquirido por informaciones, y por experiencia personal.

Se ha ido al garete -ojala y me equivoque-, el concepto que tenía del ciudadano catalán; un ciudadano acogedor, trabajador y emprendedor como nadie; una sociedad de mente abierta y avanzada en España y en Europa. Confío, de verdad, y a pesar de todos los Torra y Puigdemont, en que permanezca algo de este perfil. Pero, ¿qué ha pasado?

Pienso que el origen está en el sentimiento profundo de identidad y en el pujolismo. La unión de ambos factores ha sido determinante; ha resultado explosiva. No tengo datos, ni estudios, ni pruebas. Solo se trata de una percepción; solo se trata de una opinión. No tiene más valor que… “es mi opinión”. El clan del pujolismo ha sido el dominador de esa sociedad. ¿Se acuerdan, -y eso sí es un dato- del caso Banca Catalana? Todo parece indicar que durante años y años han estado acumulando dinero y poder, utilizando procedimientos propios de una red mafiosa.

Hasta que los han pillado llevándose el carrito de los helados. Si las informaciones fueran ciertas, -que lo parecen-, estaríamos ante el mayor caso de corrupción de los muchísimos conocidos. ¿Pudiera ser que el clan de los Pujol y sus seguidores, como los Artur Mas, pensaran que, llegados a este punto, su única salvación era hacer de Cataluña un paraíso fiscal, y ellos los dueños del chiringuito? ¿Cómo? Muy sencillo, utilizando torticeramente a ese sector que tiene muy arraigado el sentido identitario. Solo tienen que poner al frente del movimiento a los independentistas más impresentables, que les hagan el juego sucio; personajes que sean capaces de las mayores atrocidades poniendo en riesgo la convivencia. ¡Terrible!

Y si a todo esto le ponemos enfrente un sector españolista; y que ambos se disputen los símbolos, -lazos y banderas- para ver quién es más patriota, les estamos haciendo el caldo gordo. Hemos tomado un camino equivocado. La única solución es ocupar el espacio político y social con un mensaje dirigido a convencer del error en el que algunos nos han sumido. Hay que lanzar con inteligencia y fuerza el mensaje de que unidos, catalanes y el resto de España -todos- saldremos del embolado.