Tiempo de feria

Roberto Muñoz Fernández Valdepeñas
Recinto de la Feria de Agosto de Valdepeñas / Archivo

Recinto de la Feria de Agosto de Valdepeñas / Archivo

"Hablar de la feria de agosto, es hablar sobre todo de los recuerdos y vivencias de la niñez e infancia, en la que el niño es capaz de captar y retener todo lo que la rodea, y que misteriosamente queda en la memoria de forma imborrable"

Escribir de la feria de agosto es un poco difícil. Como bien repite hasta la saciedad el gran cantautor José Luis Perales en su tema ‘Mis tópicos’ del álbum ‘Quédate conmigo’, “esto ya lo has cantado”, “esto ya lo has cantado”…, que extrapolando a este contexto sería “esto ya lo han contado”, “esto ya lo han contado”.

Hablar de la feria de agosto, es hablar sobre todo de los recuerdos y vivencias de la niñez e infancia, en la que el niño es capaz de captar y retener todo lo que la rodea, y que misteriosamente queda en la memoria de forma imborrable.

Tiempo en el cual todos los sentidos están a flor de piel. Un mundo de luces multicolores de arcos de luz, bombillas de las atracciones, fuegos artificiales. El ruidoso sonido de las atracciones, tómbolas y pistas de baile. El olor a pólvora quemada de los fuegos y el aroma de los alimentos de los diversos puestos y bares. El contacto con multitud de personas que visitaban el recinto ferial para disfrutar de la misma.

Tiempo de subirse a las atracciones con los amigos, y luchar contra ellos en los coches eléctricos, el buscar el mejor coche o camión del tiovivo para sentarse en él, también el de resguardarse de los escobazos de la malévola bruja del trenillo, y como no el de mirar desde fuera otras atracciones “más peligrosas” como el látigo con sus inevitables “latigazos” y la noria con su altura inmedible.

Tiempo para degustar el turrón duro y blando, las horchatas y granizados de limón, las nubes de algodón de azúcar, las berenjenas, los cucuruchos de camarones, los pinchos morunos, y los churros con chocolate.
Tiempo para hacerse una fotografía en la casa de Villa-Ratita, con Blancanieves y los siete enanitos, o en el caballo de cartón.

Tiempo para asistir a los cines de verano: Cervantes, Proyecciones, Parque, para ver los estrenos del momento.

Tiempo para disfrutar de las funciones del circo, para reírnos con los payasos y para ver por primera vez a los animales salvajes: leones, tigres, elefantes, etc.

Tiempo para asistir a las carreras ciclistas, a los torneos de tenis, a las exhibiciones de aeromodelismo, al tiro al plato, y como no a los espectáculos taurinos con el bombero torero.

Tiempo para ver los coches de caballos dando vueltas al Paseo de La Estación, con las guapas valdepeñeras, y que terminaban su periplo en la plaza de toros.

Tiempo de la canción del verano, con ‘Un rayo de sol’ de Los Diablos sonando por las radios de los feriantes.

Tiempo de mirar de reojo las parejas bailando en las casetas de baile, por los huecos de la pared.

Tiempo de la revista de feria, con las fotografías de las inauguraciones de las obras realizadas por el Ayuntamiento en el último año (nada nuevo bajo el sol).

Tiempo de darse una vuelta por El Peral, comer en la pradera y bañarse en la piscina del complejo Peral-Pri.

Tiempo de acoger a nuestros familiares ausentes, que venían a visitarnos con motivo de la feria, y a veces parecía que no querían marcharse nunca.

Cuando el próximo jueves día 1 de agosto, volvamos a ver desfilar a los gigantes y cabezudos, y podamos disfrutar del espectáculo de fuegos artificiales, volverán a aflorar en nuestra memoria todas esas emociones y recuerdos de la infancia.

Bienvenida sea de nuevo la feria de agosto.

Ojalá no se pierda nunca.

Feliz feria de agosto 2019 para todos.