Valentín Bastante, más de media vida repartida entre Colombia, Méjico y África

Eduardo Muñoz Martínez Ciudad Real
Valentín Bastante ha repartido su labor ente América y África

Valentín Bastante ha repartido su labor ente América y África

Como cada penúltimo domingo de cada mes de octubre, mes que en este 2019 tiene un carácter extraordinariamente misionero, celebra la Iglesia Católica lo que se conoce como Domingo Mundial de la Propagación de la Fe, el DOMUND.

Como cada penúltimo domingo de cada mes de octubre, mes que en este 2019 tiene un carácter extraordinariamente misionero, celebra la Iglesia Católica lo que se conoce como Domingo Mundial de la Propagación de la Fe, el DOMUND.

Ya saben los lectores que, desde hace varios años, este medio se acerca, tanto en esta ocasión cómo de cara al Día de la Infancia Misionera, en el mes de enero, a alguno de nuestros misioneros, hombres y mujeres, diocesanos, para conocer más de cerca la realidad del lugar en el que trabajan, su experiencia, etcétera, por lo que damos públicamente las gracias a la Delegación Diocesana de Misiones, y concretamente a su delegado, Damián Ortiz, a Toñi…, que se esfuerzan en ayudarnos en la tarea, pero este año hemos querido hacer algo distinto, y por eso nos hemos puesto en contacto con alguien a quien se le puede definir -perdona la expresión, Valentín- como “misionero de temporada”.

Antes de lanzarle la primera pregunta me mira, me sonríe, y me dice: sólo pongo una condición, que me hables de tú.

Pregunta: ¿Quién es Valentín Bastante Plaza?

Respuesta: De acuerdo con la partida de nacimiento, la de bautismo y el carné de identidad, alguien que viene al mundo en Valverde el 14 de febrero de 1961. Desde un punto de vista más comprometido, una persona que se hizo creyente hace mucho tiempo, habiéndome cambiado la vida extremadamente desde entonces. Nací dos veces -indica Valentín, y sonríe al hacerlo-, ya que mi nacimiento a la vida de fe fue en el colegio “Hermano Gárate”, y ser creyente me hizo más humano. Fue cuando descubrí, releyendo el Evangelio, que había que acercarse al prójimo. En un plano más “oficial”, decir que soy psicólogo en el Juzgado de Menores, un trabajo que me encanta, y además pertenezco a varios voluntariados: Cáritas, discapacitados físicos…

P: Y además -eso te lo has saltado, Valentín- eres presidente de la Organización no Gubernamental para el Desarrollo CALMA, pero ¿qué es CALMA?

R.- CALMA es una ONGD que nació alrededor del ya citado colegio “Hermano Gárate”, gracias a un grupo de chicos y chicas a quienes nos identificaban las inquietudes de cada uno. Con el tiempo vimos que había que priorizar proyectos. Entonces surge una ONG local, con esencias castellano-manchegas, Colaboración Alternativa Manchega, abierta al mundo laico, para que cualquier persona que quiera regalar su tiempo, pueda colaborar y trabajar con nosotros.

(Antes de continuar, quiero hacer una observación a los lectores. Nuestro interlocutor a veces se expresa en singular, y en ocasiones en plural. Y es que no siempre, durante la friolera de 30 años, ha desarrollado en solitario la “misión ad gentes”. Hecha esta aclaración, le pregunto por su experiencia, tanto individual como en conjunto).

P: En primer lugar, ¿cómo podrías resumir los años en que viajasteis a Colombia?

R.- Colombia es un país de aventura. Es un país mágico. A nivel personal, a comienzos de los pasados años ochenta pude elegir ser misionero laico y vivir la experiencia de permanecer dos años completos en Colombia. Estuve trabajando con los jóvenes de la zona de la Sierra Nevada de Santa Marta, con indígenas. Yo, con veinte años, y sin haber salido nunca de aquí, desconocía el problema de la droga, de la guerrilla,… Allí “nací” a la vida misionera. Después de conocer aquella realidad, y profundamente motivado por los Encuentros Misioneros de Silos, llegué a la conclusión de que yo no me podía ir de vacaciones a la playa, o a la montaña…, sabiendo que había gente que lo estaba pasando mal. Entendí que los colombianos no podían venir a Ciudad Real, pero yo sí podía ir allí. Ese verano trabajé con niños de la calle en Bogotá, inmersos en la droga, en la prostitución,… y eso me marcó mucho. Fue entonces cuando opté por seguir yendo en verano, pero trabajando en proyectos no tan “fuertes”, porque me tenía que volver a Ciudad Real cuando terminaba ese mes. Trabajamos también con los desplazados, en la zona norte y en la zona conocida como “El Valle”. Los dos últimos años estuve trabajando en un colegio de niños donde la práctica totalidad de las familias son cultivadoras de “coca”, al ser este negocio mucho más rentable que el cultivo de productos como patatas, tomates, pimientos,… Es la zona de la gran selva amazónica. El colegio al que me refiero es un internado donde los hijos de estas familias tienen la oportunidad de estudiar y vivir un poco al margen del mundo de la droga.

(Luego viene un periodo de tiempo, hasta completar veintiocho años, en que nuestro amigo Valentín y algunos compañeros de la ONG alternan las tierras colombianas con las mejicanas, concretamente con las de Tijuana).

P: Valentín, ya hace un tiempo de esta “aventura”, pero seguro que recuerdas la labor realizada en Tijuana.

R.- Los veranos que fuimos a Tijuana trabajamos en el proyecto Salesianos-Tijuana. Fuimos enviados por los salesianos de Ciudad Real y colaboramos en la atención a los jóvenes en las colonias más pobres de Tijuana; en talleres de deportes, de animación misionera, de catequesis, de atención psicológica,… Con el tiempo, y con la ayuda de un sacerdote salesiano, surgió la necesidad de dar de comer a un colectivo que allí se quedaba bloqueado esperando la oportunidad de cruzar la frontera para pasar a Estados Unidos. Eran personas que malvivían -lo que se conoce como “ñongos”-, situados en las inmediaciones del Río Tijuana, seco en verano, pero muy caudaloso en invierno. Empezamos en una cochera de los propios salesianos con un grupo de unas veinte personas que fue creciendo hasta rondar las cuatrocientas. Por otra parte, Tijuana es una ciudad donde los estadounidenses hacen turismo a base de la droga, el sexo y el alcohol. Dadas estas circunstancias, el propietario de una de las muchas discotecas que hay en la avenida principal de la población nos ofreció la suya para convertirla, a tiempo parcial, en comedor, en el que se llegó a atender a unas ochocientas personas. Todo fue bien hasta que los comerciantes del entorno empezaron a protestar de la merma de la actividad mercantil, debido a la mala imagen de los que acudían a dicho comedor. Tuvimos que trasladarnos a un lugar próximo a la frontera, en lo que se llama la “línea”. Gracias a la Diputación de Ciudad Real, que siempre nos ayuda, se pudo comprar un local que servía como comedor, alojamiento, lavandería, locutorio,… El resultado fue el “desayunador, porque para esta gente la comida más importante es el desayuno, padre Sala”, en recuerdo del sacerdote fundador, que posteriormente falleció a consecuencia del cáncer.

P: Poco más de dos meses hace, tal vez lo recuerden los lectores, que Valentín y un grupo de voluntarios, chicos y chicas, de CALMA volvían de Mozambique, de África, donde han colaborado, por segundo año consecutivo, en varios proyectos. Este medio estuvo muy pendiente de aquella experiencia, pero seguro que en algún tema anduvimos parcos o algo se nos quedó por decir. Valentín, ¿quieres incidir en algún punto?

R.- África, Mozambique…, fue una auténtica aventura. Nos invitaron a ir y aunque chocábamos con la dificultad del idioma, nos lanzamos. Mozambique, que en su momento fue colonia portuguesa, es una tierra muy abandonada por el país lusitano. Es un país, Mozambique, con líderes pero sin formación. La mayoría de las escuelas que funcionan a día de hoy pertenecen a la Iglesia, ya que fueron los sacerdotes negros, formados por los europeos, los que asumieron la docencia, igual que ocurre con los centros de salud, por poner otro ejemplo. También hay centros docentes musulmanes, pero a ellos no pueden acudir ni niñas, ni mujeres, ni niños varones que no sean musulmanes, mientras que en los centros que dependen de la Iglesia, ellos tienen las puertas abiertas. África es mágica, es música, es alegría, pero también es pobreza, es muerte. Disfrutan “a tope” cada día nuevo de vida.

P: Te voy a pedir casi lo imposible. Imagínate tres “fotografías” para definir tres experiencias: Colombia, Méjico, Mozambique.

R.- Una foto puede ser la del abandono de los niños enfermos, porque según su cultura, cuesta menos hacer uno nuevo que curar al otro, refiriéndome a Mozambique; una segunda fotografía puede ser el afán por luchar, la alegría con que dan gracias a Dios cada día por lo que tienen, con la que te reciben, la alegría de vivir el Evangelio; y una tercera instantánea podría ser, precisamente, la humanización que irradia el Evangelio ante el niño desvalido, ante la mujer despreciada e infravalorada.

P: Este año el lema del Día del DOMUND está sacado del anuncio-convocatoria del Mes Misionero Extraordinario que se celebra durante todo el de octubre. “Bautizados y enviados”. A mí me da que pensar, ¿y a ti?

R.- Yo creo que para el auténtico creyente todos los días tendrán que ser el DOMUND, porque somos enviados y tenemos la fe para algo más que vivirla en nuestras iglesias, o esconderla,… Hay que salir a la calle y llevar la fe al otro, al hermano, porque la fe humaniza. Recuerdo la frase “tú no tienes manos, tienes mis manos para regalar al mundo”. Hay que salir al encuentro del otro, y si el otro no te acoge, es el mejor pago, desde el mensaje evangélico, a tu deseo de acercamiento al otro.