Viajar al mundo para fotografiar la vida cotidiana

Noemí Velasco Ciudad Real

Carlos Infante, fotógrafo manzanareño y creador de 'My world vision-Around the world' / Carlos Díaz

Europa, India, Pakistán, Cuba y hasta algunos países de África, como Sudán del Sur. El manzanareño Carlos Infante ha convertido la fotografía documental en su forma de vida. Su 'world vision' no es la del viajero, ni la del fotógrafo que persigue objetivos editoriales, pues retrata a la gente que se cruza por su camino, con la que conversa, con la que convive

Un sueño raro tuvo la culpa de que un día terrible de 2007, en esa España que se sumía en el paro, las deudas, los desahucios y la crisis, enganchara cámara y cuaderno como botes salvavidas para documentar la cotidianidad del ser humano. ‘My world vision-Around the world’ nació entre vendimiadores afanados en el terruño en Manzanares, pero hoy es un cuaderno de viaje a través del que el fotógrafo Carlos Infantes plasma el bullicio de las calles de Camden Town en Londres y el colorido tribal de Sudán del Sur.

En la tribu Jie, de Sudán del Sur / Carlos Infante

En la tribu Jie, de Sudán del Sur / Carlos Infante

Sin casi ‘pelas’, una mañana decidió coger una mochila y subirse a la ‘furgo’ con un destino claro: Copenhage. “Tenía unas primas holandesas y el hostel salía barato, así que no me lo pensé”, cuenta el manzanareño a Lanza en un pequeño alto en el camino que ha hecho este verano por Ciudad Real. En la capital danesa comenzó todo, pues allí entre paseos y “noches de juerga” empezó a conocer gente, a entablar conversaciones con personas que no conocía y a fotografiarlas.

Carlos Infante fotografía a la gente que se cruza por su camino

Carlos Infante fotografía a la gente que se cruza por su camino

Ahí reside la originalidad de su proyecto, porque Carlos no hace fotografía de turista ni persigue objetivos editoriales, sino que se deja llevar. Cuenta que normalmente pone el foco en un lugar “a partir de una canción, un video o una información” que le llama la atención, y entonces empieza a indagar y tira. Dice que desde que sale, “en la primera gasolinera”, ya le están pasando cosas. Eso es su fotografía, la vida de los que se cruzan por su lado, por eso quizás sus imágenes sean tan auténticas.

Portugal, Londres e Islandia

Carlos Infante recorrió Islandia en plena pandemia / Carlos Díaz

Carlos Infante recorrió Islandia en plena pandemia / Carlos Díaz

Europa la ha recorrido prácticamente de arriba abajo. Le atrae Londres, ese Camden Town tan musical, “es otro rollo”, y Portugal, “la gente, lo viejo que es el país, que parece la España de los años 70 y 80”. Holanda, Francia, Bélgica y Alemania los ha recorrido con su hija Celia. Y luego está Islandia, que recorrió como conductor en uno de los viajes fotográficos y culturales organizados por la agencia de su amigo Gonzalo Sáenz. Fue en plena pandemia, cuando el Covid boicoteaba el mundo, y “pese a ser un viaje de paisaje, casi sin gente, fue muy espiritual”.

San José de las Lajas por dentro

El ambiente de Cuba y San José de las Lajas, retratado por Carlos Infante

El ambiente de Cuba y San José de las Lajas, retratado por Carlos Infante

‘Cuba, ya tú sabes’. Es el título del libro autopublicado por Carlos Infantes sobre su viaje al país de la revolución. “En octubre de 2017 tuve la oportunidad de viajar a San José de las Lajas. Acepté, sin dudarlo, la invitación de amigo Giberto Hernández Macareño, pintor cubano”, cuenta. Dice que “la casa se caía”, que para ducharse utilizaban un cubo de aceitunas y que los vecinos le llamaban ‘eh gallego’.

Define su fotografía como documental, social, y subraya que, aunque “tiene sentido por sí sola”, adquiere su máximo significado acompañada de esos textos, breves y muy descriptivos, a los que llama “relatos salvajes, como la peli”. Un ejemplo (de los más breves): “Tiempo de siesta: Julio, mi vecino de enfrente, se queda dormido a plena luz del día en la entrada de su casa. La silla en la que reposa no puede ser más incómoda”.

Carlos Infante enseña su libro sobre Cuba / Carlos Infante

Carlos Infante enseña su libro sobre Cuba / Carlos Infante

Reynaldo con su vieja bicicleta, Yosbel y su perrito Rulfo, Alfredo y su coche de asientos de skay rasgado, la barbería de El Chino, el cerrajero Renier, el balcón de ropa tendida de Mercedes, el salón de estética de la casa de Odalys. Detrás de cada fotografía de Cuba hay un nombre, una persona, en sus lugares de trabajo, con sus objetos más queridos, en su vida diaria. Carlos Infante retrata la vida de puertas para fuera y para dentro de San José de las Lajas, lugar al que ha devuelto todos los ingresos obtenidos con la venta del libro.

Entre las tribus de África central

Los Mundari, pastores de vacas, en Sudán del Sur / Carlos Infante

Los Mundari, pastores de vacas, en Sudán del Sur / Carlos Infante

Pero con Europa y América no tenía suficiente. Carlos Infante ha recorrido en los últimos años Marruecos, Pakistán, India, y algunos países de África central, Benín, Etiopía y Sudán del Sur, donde ha pasado semanas entre grupos tribales. “Son viajes duros, hay que tener en cuenta que, por ejemplo, Sudán del Sur ha sufrido varias guerras civiles, hay más de 2 millones de personas asesinadas y es un país devastado, donde falta agua, comida y hay una pobreza enorme”, explica.

Nativos miran de frente a la cámara y deslumbran con el color de sus ropas, sus collares, con sus costumbres. En las fotografías de Carlos Infante apenas se aprecia la pobreza que hay detrás, confieren dignidad a sus vidas. Durante la entrevista confiesa que “ni siquiera el 15 por ciento del trabajo que tengo lo llego a publicar en redes”. “Creo que las redes no son el espacio para publicar este tipo de imágenes”, confiesa, aunque sí pretende incluirlo en futuros libros y en su nueva web.

Carlos Infante se introduce en las tribus africanas

Carlos Infante se introduce en las tribus africanas

Escritores, fotógrafos y antropólogos lo acompañan en la mayoría de los viajes a través de la agencia Photo Travel, que tiene contactos directos con guías relacionados con jefes locales. Viven en campamentos, en tiendas, y tienen que aprender a subsistir con el calor y las moscas, “todo está lleno de moscas”. “Durante el día nos alimentamos de arroz, fruta, frutos secos, y por la tarde comemos algo de embutido. Siempre llevamos grandes garrafas de agua, siempre caliente. Las temperaturas del verano en La Mancha parecen frescas en comparación”, explica.

Las mujeres, “el puntal de la sociedad africana”

Carlos Infante quedó impactado por

Carlos Infante quedó impactado por "la fortaleza" de las mujeres africanas / Lanza

Al llegar, los forasteros se tienen que acostumbrar al lugar y los autóctonos a ellos. Hay veces que los niños de 6 y 7 años nunca han visto al hombre blanco, que les asusta y les da miedo. Carlos siempre intenta aprenderse unas palabras en la lengua local, “hola, adiós, guapo”, y utiliza la música, que es un idioma universal, para ganarse a la gente. “Les canto canciones en español y enseguida te siguen. Les gusta mucho la música, siempre están palmeando con las manos y tararean”, cuenta mientras que recuerda un estribillo que aprendió allí.

Desde que pisó el Sur, lo que más le impactó fue “la fortaleza de las mujeres”, que considera “el puntal de la sociedad africana”. “Ellas tienen 10 y 12 hijos a lo largo de la vida y se les mueren la mitad. Están a acostumbradas a sobrellevar la muerte. Tienen una mirada especial”, explica Carlos Infante. “En África dan colorido a sus vidas con el color de los ropajes”, y luego está “su manera de bailar”, añade, y las tradiciones. Por ejemplo, los Mundari, los pastores de vacas, consideran que en este animal concentra el poder, y al saludar imitan con sus brazos la posición de los cuernos.

El 'main street' en Sudán del Sur / Carlos Infante

El 'main street' en Sudán del Sur / Carlos Infante

En las tribus, los fotógrafos se tienen que ganar el respeto de la gente, pero no suelen tener problemas, pero la ciudad es otro cantar. En unos lados y en otros, el kalashnikov siempre presente. “Cuando estás haciendo una foto en una gran ciudad y abres el objetivo corres el riesgo que a alguien no le haga gracia, es peligroso”, explica. Y así fue como le rodearon, le empujaron y le quisieron quitar la cámara en Sudán del Sur. Todavía no sabe cómo consiguió llegar al hotel para que en recepción le explicaran a un policía de peto amarillo qué es lo que hacía allí.

India, Pakistán y las gentes de los Kalash

En el interior de una casa, en Pakistán / Carlos Infante

En el interior de una casa, en Pakistán / Carlos Infante

Pakistán e India le enamoraron. Allí estuvo un tiempo con los Kalash, “en plena montaña, entre glaciales, vive la gente más longeva del mundo, viven más de 100 años”, cuenta. Sociales y muy amistosos, los habitantes de esta zona muestran sus bailes y trajes regionales, sus terrazas y casitas de madera. Pero el afán aventurero de Carlos Infante le llevó más allá y llegó a cruzar la frontera de Afganistán, unos meses antes de la toma del poder por parte de los talibanes.

Mercados en India, por Carlos Infante

Mercados en India, por Carlos Infante

Será por el colorido, pero la India hipnotiza a cualquier fotógrafo. “La India tiene una magia especial, su gente super amable, es tan dura, puedes ver a mutilados, a chavalillos pobres tirados en la calle, pero tiene una luz especial”, comenta. No suele ir solo, aunque se escapa. “Al final la fotografía es un ejercicio solitario”, explica. Es la única forma de conocer historias como la del pajarillo de Pakistán al que sueltan de su jaula todos los días, pero que siempre vuelve. Al pasar sus fotos, los recuerdos se arremolinan.

Una de las últimas fotografías de Carlos Infante, en Vietnam 

Una de las últimas fotografías de Carlos Infante, en Vietnam 

Estados Unidos, Senegal, Vietnam y otra vez la India figuran en sus próximas rutas de viaje y Carlos Infante no pretende cambiar de rumbo, porque la fotografía le ha hecho fijarse “en los matices de la vida”. Dice que quiere cambiar de ‘furgo’, arreglar su página web y hacer varias exposiciones en Cuba. Quiere escribir y publicar su trabajo en algunos libros, pero no se preocupa en participar en certámenes. Solo le interesa ahorrar y no dejar de recoger su ‘world vision’.