Los estudiantes más aventureros del mundo viven en Villarta

Noemí Velasco Villarta de San Juan

Manuel José Carpintero, con Helena, Tomás, David, Virginia, Alicia y Amalia, los seis niños de quinto y sexto de primaria que viajaron en abril a Noruega del colegio de Villarta de San Juan / Clara Manzano

Seis estudiantes del colegio de Villarta de San Juan viajaron en abril al norte de Noruega para conocer las auroras boreales. Manuel José Carpintero, maestro y uno de los 50 exploradores más influyentes del mundo, ha abierto en este centro una ventana a la ciencia, la curiosidad y la aventura. El proyecto educativo se llama ‘Little explorers’, y dentro del programa Erasmus+ también ha mandado alumnos a Polonia. Los próximos destinos son Rumania y el volcán Etna en Italia. Además, por el colegio han pasado referentes como el buceador especialista en tiburones Carlos Micó y la bióloga experta en jaguares Silvia Benito

La historia de cómo un colegio de Villarta de San Juan ha convertido a sus estudiantes en los más aventureros del mundo comenzó a principios de los 90 en Medellín. Manuel José Carpintero era un joven estudiante de magisterio que llegó entusiasmado a “la ciudad de la eterna primavera” impulsado por un coctel de compromiso social y aventura. Iba a trabajar como voluntario misionero con los niños de la calle, los “gamines”, para alejarlos “de los sicarios, la droga y del mundo de Pablo Escobar que estaba en pleno apogeo”. Allí, entre casas agolpadas con fachadas de colores vibrantes recibió el “bofetón” que cambió su vida.

Manuel José Carpintero (en el centro), con 20 años, en su primera aventura en Medellín y la selva tropical de El Chocó en Colombia / Lanza

Manuel José Carpintero (en el centro), con 20 años, en su primera aventura en Medellín y la selva tropical de El Chocó en Colombia / Lanza

“Fue un cambio brutal. Con tan solo 20 años me hizo ver que hay otra realidad, que en Europa vivimos muy bien y que tampoco puedes ir con la idea del europeo bueno que va a salvar el mundo”, explica treinta años después desde el laboratorio del colegio Nuestra Señora de la Paz de Villarta, donde es director. En aquel viaje en el que participó en la inserción de los gamines en comunidades en plena naturaleza y que le obligó a vivir en El Chocó, la selva tropical donde Neil Armstrong preparó su llegada a la Luna, descubrió que la educación era su vocación y que nunca abandonaría las expediciones, los viajes, la naturaleza, ni la curiosidad.

Miradas despiertas al ver una piel de foca de los inuit

Videollamada con Villarta durante el viaje de los estudiantes de quinto y sexto a Polonia / Clara Manzano

Videollamada con Villarta durante el viaje de los estudiantes de quinto y sexto a Polonia / Clara Manzano

Primero fundó la Asociación Astronómica y Geográfica de Ciudad Real, y después empezó a llevar a sus clases elementos de sus expediciones, del Cabo de Hornos a la selva Lacandona de Chiapas. “Llevé una piel de foca que me habían regalado los inuit (pobladores) de Groenlandia y un machete que utilicé en la selva”, comenta. Entonces, empezó a notar que despertaba un mayor interés en los chavales y que motivaba “un estudio de la geografía, de la historia o de las ciencias más estimulante”. Más allá del conocimiento que puede proporcionar un texto o una fotografía en un libro, el profesor ciudarrealeño supo que la posibilidad de tocar, oler o experimentar acercaba a sus alumnos a la ciencia y les permitía comprender lo que sucedía en el entorno.

Así nació el proyecto educativo ‘Pequeños exploradores’ (Little Explorers), hace seis años, cuando Carpintero tomó las riendas como director del colegio. Tiene dos objetivos: atraer al centro a personas que puedan ser “referentes” y viajar con los chavales “para que puedan conocer el mundo”, tanto que este año han volado hasta el Círculo Polar Ártico. Para conseguir lo segundo, el profesor señala que cometieron “la osadía de participar en el programa de intercambios Erasmus+”, que no solo está reducido a estudiantes de secundaria y universitarios. En la actualidad también comprende un programa STEAM para fomentar “la ciencia, la tecnología y las matemáticas”, junto a la robótica y otros proyectos innovadores.

Un epicentro para los grandes exploradores españoles

El huevo de un tiburón expuesto en una vitrina en el laboratorio donde antes había ordenadores obsoletos atestigua que desde entonces ha pasado por el colegio el buceador especialista en escualos Carlos Micó, que es historiador, naturalista y trabajador del Oceanographic de Valencia, al igual que los fósiles de la Antártida hablan de que también ha estado el científico y escritor de la historia polar Javier Cacho. “Es importante que los niños tengan referentes, que es uno de los problemas que tienen actualmente”, explica Carpintero. Para ellos, “gente importante” puede ser cualquier persona, insiste, “desde un científico a un explorador o un hombre que se dedica a cuidar la naturaleza porque es guarda forestal”.

Este pueblecito situado en el corazón de La Mancha con menos de 3.000 habitantes conserva unas botas del explorador Miguel Gutiérrez-Garitano, que halló la que podría ser la tumba de Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno; un cuaderno de campo de jaguares de la bióloga Silvia Benito, que estudia los grandes felinos; un álbum de David Pacheco, que es experto en perros polares; y un machete del experto marino Telmo Aldaz, sobrino del veterano Miguel de la Quadra-Salcedo. Todos han pasado por el colegio, incluso el científico Juan García Arriaza, que trabaja en la vacuna contra el Covid-19 y llevó unas muestras del virus.

Un mini satélite al espacio

Manuel José Carpintero enseña un proyecto de la Agencia Espacial Europea para colegios / Clara Manzano

Manuel José Carpintero enseña un proyecto de la Agencia Espacial Europea para colegios / Clara Manzano

Por las mesas hay ejemplares de la revista National Geogràphic, donde por el veinticinco aniversario apareció Manuel José Carpintero junto a otros ocho exploradores españoles, y un proyecto de la Agencia Espacial Europea, que permite a los estudiantes decidir “qué materiales utilizar para construir una nave espacial, según la conductividad, el magnetismo o el peso”. Ocupa un lugar especial el mini satélite del tamaño de una lata de refresco que lanzaron con éxito al espacio en 2021, el primer colegio de primaria en abordar un proyecto de similares características en Europa. Al fin y al cabo, además de ‘Little explorers’ son Escuela de Astronautas.

Los estudiantes han conocido en este tiempo las profundidades del mar y las curiosidades de la selva a través de los ojos de exploradores y científicos, pero el colegio de Villarta ha servido de trampolín para que ellos vivan sus propias aventuras, desde Reino Unido a Chipre o Polonia. “La puesta en marcha del proyecto Erasmus+ ha significado un cambio impresionante en el centro”, reconoce Carpintero. La mayoría de los estudiantes nunca habían salido de España y ahora, cuando abren las puertas de sus casas, son conscientes de que existe un mundo al margen de Villarta, que “no solamente se puede ir de excursión a Toledo aunque sea muy bonito” y que pueden buscar nuevos “retos y aventuras”.

El canto a las auroras en Noruega

Helena, Tomás, David, Virginia, Alicia y Amalia con la bandera de Villarta en el Círculo Polar Ártico / Lanza

Helena, Tomás, David, Virginia, Alicia y Amalia con la bandera de Villarta en el Círculo Polar Ártico / Lanza

“Aurora, Aurora, ¿dónde estás?”, gritaron desde una cabaña de madera Helena, Tomás, David, Virginia, Alicia y Amalia, los seis niños de quinto y sexto de primaria que participaron en abril en la excursión a Noruega. Amalia Rodríguez, de sexto, cuenta que “el último día, cuando teníamos menos esperanzas, porque el cielo nublado nos había impedido ver las auroras boreales antes, las vimos”. Para ella, este fenómeno en forma de luminiscencia que surge del cielo nocturno en las zonas polares “son cosas muy bonitas para los ojos, que no tienen nada que ver con las fotos”. Se pueden ver de muchos colores, pero ellos las vieron verdes, “una experiencia muy chula e inolvidable”.

El viaje comenzó en Oslo, donde los seis elegidos acompañados de tres profesores visitaron los museos de los exploradores y conocieron la historia del barco del Fram, utilizado por los noruegos Fridtjof Nansen y Roald Amundsen entre 1893 y 1912 en sus expediciones por el Ártico y la Antártida. Manuel José Carpintero cuenta que también visitaron el Museo Kon-Tiki, “que recorre la historia de Thor Heyerdahl, que construyó una pequeña balsa de madera para cruzar el Pacífico”. Y desde allí se dirigieron a Stokmarknes, una población del norte, situada en la isla de Hadsel, con vistas directas al fiordo, un paisaje donde se fundía la montaña, el mar y la nieve.

Fotografía de las auroras boreales tomada por los chavales de Villarta / Lanza

Fotografía de las auroras boreales tomada por los chavales de Villarta / Lanza

Actividades en la nieve, comida en el hielo y hasta baño en el Ártico. Los niños “tienen que entender que cada vez que salen de su hogar protagonizan una aventura, ya sea para irse al parque del pueblo, para conocer un árbol o para acudir a un estanque con patos”, dice el director, pero sin duda la que vivieron en el norte de Europa fue con mayúsculas. Carpintero señala que “los chavales metieron los pies en el Ártico para comprobar el frío extremo del agua, a 4 o 5 grados”. Alicia Jiménez, de sexto, habla de que además se montaron en un barco para ver cómo cazaban los salmones noruegos y comieron ballena. “La cocinó el profesor y llevaba tomate frito. Está muy rica, sabe a ternera”, explica, al mismo tiempo que advierte que las cabañas la recordaban a las de las películas.

Vestidos con trajes de astronauta, el viaje terminó en el Andoya Space Center, la base de lanzamiento situada al norte de Noruega que estudia las auroras boreales y que ha lanzado al espacio más de 1.200 cohetes de sondeo desde los años 60. De enviar objetos al espacio también saben los estudiantes de Villarta, pues consiguieron que el astronauta Miguel López-Alegría subiera al espacio un parche de tela con su logotipo en la primera misión privada a la Estación Espacial Internacional. “Pronto nos mandará la imagen de nuestro parche flotando por la estación”, explica el profesor.

Cabañas de madera con vistas al fiordo en las que estuvieron los estudiantes de Villarta en Noruega / Lanza

Cabañas de madera con vistas al fiordo en las que estuvieron los estudiantes de Villarta en Noruega / Lanza

Durante el viaje, los estudiantes también visitaron el colegio de Stokmarknes y realizaron actividades con los alumnos. Amalia y Alicia confiesan que con el inglés se desenvolvieron muy bien e incluso todavía se escriben con los estudiantes noruegos, a los que les hicieron una demostración de jotas. A los villarteros les llamó la atención “la vestimenta de los chavales de su edad, siempre con botas en la calle y con dos vestimentas, una impermeable y para el frío, y otra para estar en clase”. También “que iban andando al cole varios kilómetros sobre la nieve y soportando todas las inclemencias adversas del tiempo”. Eso sí, comprobaron que “les gustan los videojuegos y las chuches”. “¡Si son como nosotros!”, exclamaron.

Polonia y el firmamento de Copérnico

Alumnos de Villarta durante el viaje a Polonia, los Cárpatos y el Museo Copérnico de Varsovia / Lanza

Alumnos de Villarta durante el viaje a Polonia, los Cárpatos y el Museo Copérnico de Varsovia / Lanza

Otros seis chicos partieron para Polonia en la segunda semana de junio para visitar el Museo Copérnico de Varsovia. El director explica que este astrónomo polaco-prusiano del Renacimiento “fue capaz de observar el firmamento tal y como lo vemos ahora”. Fue quien formuló la teoría heliocéntrica del Sistema Solar, que explica que la Tierra orbita alrededor del Sol y rota sobre sí misma. También estuvieron en un parque arqueológico al lado de los Cárpatos, “para conocer cómo vivían los pobladores hace miles de años”, y en Biecz, población con la que realizan el proyecto Erasmus+. “Allí la mayoría de las ciudades son pequeñas y medievales”, con murallas y castillos, y todas tienen su museo de la guerra, “donde cuentan las sucesivas invasiones de rusos y alemanes que ha sufrido el pueblo polaco durante toda su historia”, comenta Carpintero.

La implicación del profesorado y la comunidad educativa

Un equipo Erasmus, formado por tres docentes más la dirección del colegio y el área de inglés está al frente de cada viaje, aunque todo el profesorado también colabora. Hay que tener en cuenta que, según explica Manuel José Carpintero, “es muy importante la información que aporta el tutor, que es el que valora la realidad de cada alumno y da pistas sobre cómo puede reaccionar” ante las diferentes situaciones que se le presenten. “Tengo la experiencia de expediciones extremas y te das cuenta de que no todo el mundo reacciona igual ante un peligro”, añade. Luego hay que tener presente que la actividad docente continúa en Villarta y otros profesores tienen que suplir el horario lectivo de sus compañeros.

Este tipo de proyectos son posibles “en cualquier colegio”, explica Carpintero, pero hay que “trabajar duro, presentar un proyecto decente y que sea elegido”. Luego queda preparar aviones, seguros de vuelo, seguros del Covid y, lo más divertido para el director, “calcular tiempos, seleccionar los sitios a visitar, pensar en el equipaje”. “Es verdad que al final la realidad supera la ficción, pero muchas veces no lo valoras hasta que no vienes. Quizás en las grandes aventuras que he vivido, he sido consciente de todo lo ocurrido en la vuelta”, expresa.

La complicidad con la comunidad educativa, destaca Carpintero, es muy importante, “porque no son solo 4 los que se van, somos todos”, el conjunto de los estudiantes se va a nutrir de la experiencia. Cuando vuelven, a los viajeros les llaman “alumnos expertos”, ya que “ayudarán a preparar la siguiente movilidad dando consejos al resto”, es una especie de “refuerzo positivo”. “Los padres nos dicen que sigamos haciéndolo, que no nos echemos para atrás. Les gusta la idea y consideran que es ventajosa para todos”, explica el director, que hace unos meses recibió la distinción del Explorers Club como uno de los 50 exploradores más influyentes del mundo, precisamente por su labor docente.

Más inglés, mejores notas y autonomía entre los estudiantes

Alumnos durante el intercambio Erasmus+ en Noruega / Lanza

Alumnos durante el intercambio Erasmus+ en Noruega / Lanza

El colegio no solo ha ganado con la experiencia, sino que el claustro detecta que el inglés ha mejorado gracias al proyecto, porque “los chavales se dan cuenta de que les abre puertas para comunicarse con un polaco, un rumano o un italiano”. El colegio considera que “ésta es la mejor forma de conocer un idioma, más que el bilingüismo, que está fallando en algunos centros”. Además, la manera de elegir a los participantes ha estimulado el estudio, porque son los mejores, “los que trabajan, los que tienen buen comportamiento, los que se esfuerzan en inglés y en el resto de asignaturas”, los que van a las excursiones. Aquí no importa la clase social, pues los viajes son “a coste cero”, e incluso este año han tenido preferencia los alumnos que tienen beca de libros por rentas bajas.

“Los niños son como una esponja”, de manera que plantearles que van a conocer un lugar nuevo, que van a hacer amigos nuevos, es muy fácil, reconoce el profesor. Este año han viajado 12 chavales y el que viene está previsto que lo hagan 24, por lo que saldrán de España la mayoría de los estudiantes de quinto y sexto de este colegio con 250 alumnos. Así seguirán por lo menos hasta 2027, porque han conseguido la acreditación hasta entonces, lo que supone por lo menos dos viajes anuales. Hoy en día el Erasmus+ no es como los antiguos intercambios de ida y vuelta, ya que solo es necesario tener un colegio de acogida para el viaje, que no necesariamente luego va a devolver. Eso sí, al volver la comunicación es mucho más fluida a través de las plataformas digitales, nada que ver con el lenguaje epistolar de antaño.

Pese al Covid-19, que les obligó en el último año a hacer un intercambio virtual, ningún viaje ha registrado incidencias reseñables. “Es verdad que teníamos mucho miedo al principio, pero creo que los colegios hemos sido un ejemplo de cumplimiento de las medidas higiénico sanitarias”, señala Carpintero. Aparte, por supuesto que han existido “incidencias típicas”, como que a un niño no le gustaba la comida o que ha vomitado porque le ha sentado algo mal. Los chavales, sin embargo, ahora son más europeos y más autónomos, pues otro de los problemas que detectan en las aulas son los efectos de “una sociedad superprotectora”. “Antes el niño salía de su casa, volvía a las 8 y se le daba el bocadillo por la ventana. Ahora, sin embargo, los llevas a extraescolares, les das el bocadillo, los vigilas para que no se manchen. Son menos autónomos y está claro que necesitan un poco más de vidilla”, reconoce el docente.

Próximos destinos: Rumania y el volcán Etna

Estudiantes de Villarta en Varsovia enseñan la bandera de su pueblo / Lanza

Estudiantes de Villarta en Varsovia enseñan la bandera de su pueblo / Lanza

¿Cuáles son los próximos destinos? Dentro del actual proyecto les quedan dos viajes, uno a Rumania, donde visitarán un lugar donde están desarrollando una depuración forestal por la lluvia ácida derivada del desastre nuclear de Chernóbil y otro al volcán Etna en Italia. “Después del volcán de La Palma, es interesante que los chicos vean que la contaminación no solamente viene del hombre, sino también de desastres naturales como la erupción de un volcán”, explica. También comprobarán cómo es vivir con un cráter activo a diario. Después de eso, Carpintero no establece un rumbo fijo, pues según confiesa, “en Europa hay sitios espectaculares, Francia, República Checa, Bulgaria”. “El problema es dónde no ir. Si me dejan los llevo al espacio… si somos Escuela de Astronautas”, bromea el director.

A nivel personal, el destino parece más claro, porque pretende organizar en invierno una expedición con el explorador Javier Cacho a la Antártida, después de que bautizaran a nivel internacional a una isla del continente helado con su nombre. La isla está al lado de la base española de la isla Livingston. Tendrían que viajar hasta Ushuaia en Argentina o Puerto Williams en Chile, y luego zarpar en barco hacia la Antártida, pasar el cabo de Hornos y el mar de Hoces. Les gustaría hacerlo en Navidad, porque coincide con el verano austral, pero de momento lo tienen “difícil” por la falta de patrocinadores.

Construir futuro

Alumnos de Villarta vestidos de astronautas en el Andoya Space Center / Lanza

Alumnos de Villarta vestidos de astronautas en el Andoya Space Center / Lanza

Científicos, astronautas o incluso un presidente del Gobierno, ¿quién sabe qué profesiones ocuparán los estudiantes que han crecido con estos mimbres? La historia de estos viajes, según cuenta Manuel José Carpintero, “es que al final los padres se dan cuenta de que los chicos pueden hacer más cosas que ir a la feria”, pueden ir a un museo, viajar y conocer nuevos mundos. Amalia Rodríguez, a la que le encantaría viajar a Grecia y que este verano tiene planeado hacer el descenso del Sella en Asturias, de mayor quiere “investigar y viajar por el mundo”. Alicia Jiménez, para la que el norte y Suiza tienen luces de neón, quiere ser profesora en un futuro y convertir a sus alumnos en “niños exploradores”.