Alimentación saludable con platos sabrosos es una de las características más celebradas de la dieta mediterránea, uno de los elementos de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO y que el 13 de noviembre celebra su día mundial.
Una “valiosa herencia cultural”, tal y como la describe la Fundación Dieta Mediterránea, que va más allá de una simple pauta nutricional, sino que es una forma de vivir. No solo son recetas o formas de cocinar, comprende celebraciones o costumbres que definen toda un área del mundo, las que baña el mar Mediterráneo y en entre ellas España y dentro de esta, la región y provincia.
Basado el consumo de alimentos como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos o el aceite de oliva, los beneficios para la salud de esta dieta están demostrados científicamente ya que, según ha explicado la experta en nutrición, Gema Martín, hay evidencia que asocia la dieta mediterránea “con menor mortalidad total, menor riesgo de enfermedad cardiovascular, mejores marcadores metabólicos (menor inflamación, mejor sensibilidad a la insulina) y sobre todo menor riesgo de algunos cánceres y de deterioro cognitivo y envejecimiento”. Además, también tiene un impacto ambiental bajo al basarse en productos locales y de origen vegetal su gran mayoría.
Una dieta que ha ido evolucionando observándose una “fuerte tendencia a la occidentalización en España”, pero también en otras áreas de la zona mediterránea. Una evolución consistente, ha explicado esta profesional, en el consumo de menos frutas, legumbres, pescados, cereales integrales y, en contrapartida ha aumentado la presencia en la alimentación diaria de carne, lácteos y ultraprocesados.
Pero a pesar de esta tendencia, aún hay una buena proporción de la población española que sigue la base de la dieta mediterránea con algunas modificaciones porque “evidentemente todo está cambiando”.
La dieta mediterránea tal cual la conocemos seguirá, opina la nutricionista, pero considera va a ir modificando y transformando sus presentaciones, adhiriéndose a las nuevas necesidades y gustos de la población. Basándose en su experiencia, ha explicado, que mucha gente sigue prefiriendo las elaboraciones más tradicionales (guisos, aceite de oliva virgen extra, consumo alto legumbres y pescado); pero existe una fuerte demanda por versiones modernas reformuladas que usan los mismos ingredientes básicos con presentaciones técnicas contemporáneas, ya sea por motivos de salud, sostenibilidad, tiempo más limitado o la experiencia gastronómica.
Decálogo de la dieta mediterránea
Sea cual sea la preferencia, si optar por una versión más contemporánea o más tradicional, la dieta mediterránea se basa en una serie pautas que se apuntan en el decálogo de la web de la Fundación dieta mediterránea:
- Utilizar el aceite de oliva virgen extra como principal grasa de adición.
- Consumir alimentos de origen vegetal en abundancia: frutas, verduras, legumbres, champiñones y frutos secos.
- El pan y los alimentos procedentes de cereales (pasta, arroz y especialmente sus productos integrales) deberían formar parte de la alimentación diaria.
- Los alimentos poco procesados, frescos y de temporada son los más adecuados.
- Consumir diariamente productos lácteos, principalmente yogurt y quesos.
- La carne roja se tendría que consumir con moderación y si puede ser como parte de guisos y otras recetas. Y las carnes procesadas en cantidades pequeñas y como ingredientes de bocadillos y platos.
- Consumir pescado en abundancia y huevos con moderación.
- La fruta fresca tendría que ser el postre habitual. Los dulces y pasteles deberían consumirse ocasionalmente.
- El agua es la bebida por excelencia en el mediterráneo. El vino debe tomarse con moderación, muy ocasionalmente y durante las comidas.
- Realizar actividad física todos los días, ya que es tan importante como comer adecuadamente. Mantenerse físicamente activo y realizar cada día un ejercicio físico adaptado a nuestras capacidades es muy importante para conservar una buena salud.
