Al fin se resolvió el futuro -al menos por cinco años- de la segunda plaza de toros en relevancia del orbe taurino; la de Sevilla.
Después de casi cien abriles de la familia Pagés al frente del coso hispalense (la relación comenzó en 1932), la temporada venidera será José María Garzón quien lleve las riendas de la Real Maestranza de Caballería.
Garzón, sevillano de pro, se había postulado para tal responsabilidad sin hacer ruido, haciéndoselo saber a quien debía saberlo, y sin entrar al trapo de (des)informaciones interesadas que en las últimas semanas dejaron entrever que, “a buen seguro”, Ramón Valencia seguiría en las oficinas de la Calle Adriano al menos dos años más.
No se sabe de dónde saldría tal macutazo, pero el caso es que se ha probado infundado.
La noticia, hecha pública el sábado, tiene gran trascendencia y, aunque con total seguridad será motivo de gran orgullo para José María, no deja de ser una encomienda de responsabilidad mayúscula, mucho más que las que acarrean plazas como las de Málaga o Córdoba, por citar dos plazas también regidas -y con brillantez, por cierto- por la empresa Lances de Futuro, encabezada por Garzón, si bien la malagueta anda en este momento sin empresario.
En la actualidad José María es, además de empresario, apoderado del matador de toros Juan Ortega y, como triste dato anecdótico, añadiremos que quedó huérfano a los catorce años al fallecer sus padres en un accidente de tráfico producido cuando volvían de un tentadero en la ganadería de Núñez del Cuvillo.
Visto con ojos ciudarrealeños, podemos decir con cierto orgullo que Garzón hizo su debut en una plaza de segunda categoría allá por el año 2008 en la plaza de toros de Ciudad Real, a la que, en un momento de gran complejidad taurina en la capital manchega, acudió junto a la familia Miranda y Pedro Pérez “Chicote” en la sociedad Ruedos Bravos, trayendo unas más que recomendables -necesarias- nuevas formas de hacer que tan solo contaron con el debido respaldo político durante un año.
Sin embargo, aquel paso por Ciudad Real le granejó a Garzón, junto a sus socios en algún caso y en solitario las más de las veces, un crédito de credibilidad en la provincia de Ciudad Real que le llevó a gestionar cosos como los de Almodóvar del Campo, Daimiel, Torralba de Calatrava o Alcázar de San Juan, entre otros.
Vaya nuestra enhorabuena para el nuevo empresario desde estas líneas.
