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“Las nuevas tecnologías han abierto un campo profesional enorme a los músicos”

Carlos Cano Escribá, flautista, compositor, arreglista y productor musical, pertenece a la cuarta generación de una familia de músicos de La Habana (Cuba), su ciudad natal. En una entrevista concedida a Lanza afirma que es un enamorado de la música, algo que también deja muy claro a lo largo de la conversación. Carlos asegura que no es consciente de cuando descubrió su pasión por la música porque en su familia lo habitual era ser músico y artista. “Cuando tenía 10 años empecé a estudiar la flauta aunque realmente quería tocar el oboe; tuve que cambiar de opinión porque mi hermano mayor eligió ese instrumento y no hubiera podido soportar sus burlas”, explica entre risas.

Cursó sus estudios musicales en el Conservatorio Manuel Saumell de La Habana y con apenas 22 años formó parte de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. En 1994 llega a España dentro de una gira internacional y aquí se queda, en Madrid, como inmigrante ilegal. “La situación en Cuba era, y sigue siendo, muy mala. Eso me llevó a decidir quedarme en Madrid”, explica. El primer año “sobrevivió” tocando en la calle, recuerda una tarde fría de invierno animando con su flauta, en compañía de un guitarrista, a las miles de personas que aguardaban su turno para entrar en el Museo del Prado, y como empleado en un puesto de venta de cuchillos y navajas en el popular Rastro madrileño. También ha sido pintor de brocha gorda.

Carlos Cano Escribá, flautista, compositor, arreglista y productor musical, pertenece a la cuarta generación de una familia de músicos de La Habana (Cuba), su ciudad natal /Elena Rosa

Empezó a colaborar con orquestas como la Sinfónica de Madrid o la Sinfónica del Gran Teatro del Liceo de Barcelona, y como miembro del Trío Cervantes, agrupación que ha sido premiada en diversos eventos musicales y con la cual ha participado en numerosos festivales hasta que, en el año 2002, aprobó la oposición y sacó la plaza como profesor de Conservatorio. “Soy músico y moriré músico”, resume Carlos Cano su trayectoria mientras recuerda que tomó posesión de su plaza en Puertollano para, a los dos años, trasladarse al de Ciudad Real.

Y ahora, tras llevar una década formando parte del equipo directivo del Conservatorio Profesional de Música “Marcos Redondo”, ha accedido a la dirección, junto a Fernando Villanueva, jefe de Estudios, y Lorena López, secretaria, con tres objetivos muy claros: trabajar para aumentar el presupuesto del centro, que el Conservatorio sea un referente cultural en la ciudad y mejorar su labor como docentes. “Y todo esto se retroalimenta”, explica Carlos Cano quien asegura que “todo lo que está funcionando bien seguiremos fomentándolo”, al tiempo que alaba el magnífico trabajo que han llevado a cabo los dos equipos directivos anteriores al suyo.

Un gran cambio en 2007

Sin duda uno de los hitos más importantes para el conservatorio de música fue el traslado, en 2007, al actual edificio, mucho más espacioso, con un gran auditorio y más equipamiento que logró, también, estimular al alumnado.

“Tenemos un edificio nuevo pero no tenemos un presupuesto anual que lo acompañe”, se queja el nuevo director quien refiere que para poder llevar a cabo un mantenimiento adecuado del inmueble, que permita su utilización al 100%, así como para disponer de “una dotación instrumental de primera línea” sería necesaria una dotación económica anual de 130.000 euros, una cifra bastante alejada de los poco más de 86.000 euros que reciben, por parte de la administración regional, cada año.

“Dentro de nuestro proyecto directivo figura el aprovechar al máximo el presupuesto que tenemos e intentar aumentarlo” asegura el nuevo director quien recuerda que, entre otras cosas, al edificio le hace falta una mano de pintura y que el instrumental tiene un altísimo precio, tanto en su adquisición como en su posterior mantenimiento y afinación.

Alrededor de 540 alumnos

El Conservatorio Profesional de Música “Marcos Redondo” de Ciudad Real cuenta en la actualidad con alrededor de 540 alumnos. Su director es consciente de que la bajada de la natalidad les va a afectar dentro de unos años “y por eso nos queremos adelantar a esa realidad”. En este sentido recuerda que el centro ofrece estudios elementales, dirigidos a niños y niñas con edades comprendidas entre los 8 y los 12 años de edad, y profesionales que es, explica Carlos, “donde más estamos creciendo porque nos nutrimos de toda la provincia”.

La oferta académica es muy alta con diecisiete especialidades instrumentales; piano, violín, viola, violonchelo, contrabajo, guitarra, saxofón, flauta, clarinete, oboe, fagot, trompeta, trompa, trombón, tuba, percusión y canto, y más de 60 profesores que las imparten.

“Nos gustaría crecer con Arpa y Clavicémbalo”, añade el director quien indica que la implantación de los estudios de Arpa ya han sido solicitados al Gobierno regional.

Salidas profesionales

“Las nuevas tecnologías han abierto un campo profesional enorme a los músicos; hay música en todo lo que rodea nuestra vida, en el teléfono móvil, en el supermercado, en la consulta de un médico…; no hay vida sin música y los músicos tienen que saber explotar lo imprescindibles que son para la vida”, afirma Carlos Cano.

No duda ni por un momento de que estudiar música ha de ser por vocación, unos estudios muy largos, 14 años, una carrera que está llena de escollos y vicisitudes. “La música es un campo muy abierto y con muchas más salidas profesionales de las que se aprecian a primera vista”.

Una importante cantera

A lo largo de estos años son muchos los alumnos del Conservatorio Profesional de Música “Marcos Redondo” que han sido premiados y distinguidos en certámenes de música nacionales e internacionales. “Tenemos un alumnado que promete muchísimo”, afirma su director quien recuerda los nombres de algunos de los últimos alumnos premiados.

“Esa magnífica cantera que tenemos se tiene que ver y se tiene que saber en la ciudad; hay que hacer una labor pedagógica importante y para ello hemos preparado, también, un plan de comunicación”, insiste Carlos Cano quien destaca que Ciudad Real “es una ciudad pequeña que hace muchas cosas ‘underground’ pero no existen festival estables que tengan que ver con la música y eso contribuye a que no se valore”.