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Nuevos aires

Con una moción de censura celebrada el 31 de mayo y aprobada el 1 de junio en el Congreso de los Diputados, el gobierno de Mariano Rajoy ha caído y ha sido nombrado presidente del gobierno Pedro Sánchez. Muchas lecturas son posibles y cada partido esgrime sus estrategias electorales y de partido para tomar las decisiones que considera oportunas. Pero en todas ellas hay un denominador común que podemos asumir colectivamente. La sociedad no podía seguir tolerando el gobierno de un partido con numerosos dirigentes, en cargos importantes en su momento, condenados por corrupción. Hemos vivido largos tiempos de una triste política, explicada desde los planteamientos de la crisis y que se argumentaba como mejor con los índices de la bolsa y de la prima de riesgo. Pero una política de lo anodino y alejada de las ilusiones y esperanzas de mucha gente

 

Las referencias éticas

Podemos entender que ese comportamiento afecta a personas individuales, pero no a cualquiera de ellos, han sido altos cargos del gobierno y del Partido Popular los implicados en los asuntos ya juzgados y en los que se avecinan en los próximos meses. Y ese comportamiento acaba afectando a todo el partido y a la opinión que la sociedad tiene de él. Y el Partido Popular ha querido salvar su imagen con el silencio, con la referencia a las leyes, a la justicia sin adoptar una clara postura frente a esos comportamientos. Y al final le ha pasado factura la corrupción de algunos de sus importantes miembros. Y por ello, la moción de censura insufla un aire fresco a la vida española en la que se tenía la sensación de que todo estaba permitido y que los jueces eran los responsables de la moral de la vida política.

Sería bueno que los comportamientos alejados de referentes éticos empezasen a ser valorados por los electores y los que trabajan en la vida pública de forma más enérgica. Comportamientos como los que han tenido algunos responsables de diferentes niveles nacionales, autonómicos o municipales son motivo más que suficiente para dejar la vida política además de exigir las responsabilidades jurídicas que sean necesarias.

Y ello en un clima democrático de respeto a las otras formaciones, pero con la rotundidad y exigencia necesaria de los comportamientos propios y ajenos. Las afirmaciones radicales y agresivas para justificar determinadas actuaciones hacen dudar todavía más de en qué medida esos comportamientos personales han sido conocidos, tolerados o incluso han servido de beneficio para las instituciones administrativas o los propios partidos políticos.

 

Nuevas responsabilidades políticas

Como resultado de esa moción de censura, de forma acelerada, Pedro Sánchez toma posesión como presidente del Gobierno y debe nombrar su gobierno. Y como siempre surgen opiniones y comentarios sobre cada uno de los propuestos. Algunos nos parecen incontestables y otros no nos gustan nada o casi nada. Es un proceso normal que afecta a los temas que cada uno consideramos más próximos y a los conocimientos de las personas elegidas para cada uno de los ministerios.

Pero hay una sensación de confianza y tranquilidad de muchos de ellos por sus condiciones personales y profesionales. No se trata simplemente de currículos legal y correctamente desarrollados, sino de experiencias profesionales que acreditan los conocimientos y buen saber hacer de muchos de ellos. Cada ministro no tiene porqué ser experto en todas las áreas de su ministerio. Pero hay numerosos temas que en la administración facilitan la gestión política cuando se conocen, cuando se tiene idea de la dinámica administrativa a la que tiene que enfrentarse cada uno de ellos.

Profesionales que conocen los campos de la administración local, regional, estatal y europea son esenciales en un proceso de gestión de lo público. Y personas con experiencia en áreas educativas, sanitaria, en los aspectos económicos y sociales dan, de entrada, la tranquilidad de saber que el objetivo es gobernar lo mejor posible. No se trata de atender las demandas que cada miembro del correspondiente partido con sus poderes locales, regionales o de otro tipo pueda presentar. Se trata, esencialmente, de buscar los más adecuados para cambiar la sociedad y las demandas que tiene la ciudadanía.

 

El lenguaje y las nuevas esperanzas

En política los mensajes son importantes, muy importantes. Y por ello resulta sorprendente la persistencia de un presidente y ministros con una capacidad de comunicación tan reducida como los que hemos tenido en los últimos años. Por el contrario, resulta especialmente gratificante escuchar algunos mensajes y afirmaciones que deseábamos oír desde los ministerios. “La universalidad es irrenunciable en la sanidad. Volveremos a impulsar ese derecho. Hay que regresar al origen, a la Ley General de Sanidad de 1986 de Ernest Lluch. Que todas las personas en cualquier situación que estén tengan derecho a una atención”, dice la nueva ministra de sanidad Carmen Montón.

Personas que han defendido en estos años, desde su responsabilidad en el Congreso de los Diputados, temas esenciales como los de las pensiones ahora tienen la responsabilidad desde su Ministerio como Matilde Valentín.  La ministra de educación Carmen Celáa decía a propósito de la Educación Profesional “Es un compromiso que abordo de manera muy específica”, ha advertido para completar que quieren “hacerle un buen ‘lifting’” a estos programas” Un modelo educativo que gira en torno a atender la pluralidad, la universalidad y la gratuidad”. Escuchar al ministro de Asuntos Exteriores que una de las prioridades de su ministerio es la cooperación internacional ofrece nuevas perspectivas de comportamientos internacionales.

Son todavía discursos iniciales de un gobierno con apenas semanas de funcionamiento. Pero las palabras de aire fresco resultan también necesarias y gratificantes. Son condición necesaria del nuevo camino a emprender desde la política. Ahora habrá que tomar decisiones, prioridad objetivos, acordar propuestas en un parlamento altamente dividido en el que convendría aprender a acordar más que a dividir y lanzar panfletos agresivos contra otros partidos. Sin ese necesario entendimiento es difícil avanzar en temas que socialmente parecen suscitar acuerdos significativos. Hemos abandonado actuaciones próximas a comportamientos, ética y legalmente inaceptables, y ahora toca avanzar en un camino en el que seamos capaces de encontrar valores sociales comunes que superen las torpes expectativas de muchos de los partidos viejos y nuevos.