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Rosa Sanz: La losa del sexo

Hace más de dos décadas que se habló por primera vez en televisión sobre sexo. La doctora Elena Ochoa, elegante y grave, se adentraba en una temática que causaba, cuanto menos, pudor. Después llegaría Lorena Berdún y otros profesionales buscando hacer normal una temática que hasta la fecha no lo era. Hoy en día, un cuarto de siglo después, sigue provocando todo tipo de reacciones: desde la sonsirisita nerviosa por verbalizar ciertas palabras que habitan en la intimidad de las personas hasta el chiste fácil, ya sea tanto por parte de un hombre como de una mujer.

En España ser sexóloga no tiene que ser fácil, desde luego no se recibe igual que cuando se dice: soy abogada, arquitecta o dependienta en una tienda. Y eso, a dos años de empezar la tercera década del siglo XXI, llama la atención.

La atención, desde luego, se la llamó a Rosa Sanz, geóloga de formación hasta 2012 en la que, como siempre, la crisis cambió su rumbo laboral superados ya los 40 años de edad.

Hoy, hablamos de sexo. De sexo en la mujer, de sus deseos cohibidos por una educación reaccionaria y de la presión que siente el hombre por tener que ser el macho alfa que le garantice a su pareja la obtención del placer. Hablamos sobre el efecto de una sexualidad mal entendida porque fue mal enseñada o directamente ni siquiera se enseñó y de la falta que tiene este país de una educación afectivo-sexual, desde edades tempranas.

Le pregunto cómo llega una geóloga a ser sexóloga. “Yo me había preparado unas oposiciones, porque hice Ciencias y ahí di ciencias naturales y, cuando me quedé sin trabajo, me llegaron por casualidad unas charlas en un centro sobre sexualidad pero de una forma muy genitalizada, ciencia pura”, cuenta Rosa Sanz. La experiencia docente le gustó, se supo cómoda en ese papel y tardó poco tiempo en darse cuenta de que podía ser un camino profesional para después hacer “en la Sociedad Sexólogica de Madrid el Máster en Orientación Sexual y Terapia Sexual y de Pareja. Mi paso por el máster fue muy enriquecedor y me cambió como persona. Todas las mujeres, al final, antes o después, deberíamos trabajarnos estos temas”, asegura.

Cómo no cambiarle la perspectiva cuando recuerda una frase de uno de sus profesores y me advierte: “Es un poco bestia -dice para añadir- a los hombres les educan para meterla y a las mujeres para que no se la metan”.

Lo es, sí, pienso para mí. Pero es tan gráfica como cierta. Igual que lo es que en Google el término más buscado, con diferencia, es sexo. Nos importa, nos sostiene, nos divierte, nos hace evadirnos e incluso nos da salud porque nos genera bienestar y, sin embargo, seguimos hablando de ello con la boca muy pequeña o hacemos chistes como el que decía el otro: “el sexo es bueno porque conoces gente”.

programa de Libertad FM/Lanza

 

Las rebajas y el tiempo

Ella misma, una vez adentrada en el sector que le paga las facturas y que centra su vida laboral, ha cambiado. Hablar con Rosa Sanz sobre sexo es como quien habla de las rebajas o del tiempo, conduce la conversación con tal naturalidad, como buena profesional, que una se encuentra repasando las diferentes vertientes tanto psicológicas como sociales que tiene el sexo. Y las primeras llaman poderosamente la atención porque hasta tal punto la mujer española tiene limitaciones como “algunas mujeres quieren pero no pueden; me explico: hay mujeres que tienen tantos problemas con su intimidad por su aprendizaje, porque han tenido malas experiencias, porque no se manejan bien que cuando llega el momento son incapaces de seguir y paran. Y ahí no vale la frase de algunos hombres ‘No me puedes dejar así’. Y el hombre tiene que parar por mucho que ella haya estado coqueteando”.

Es inevitable hablar con ella sobre el caso de La Manada, caso con el que ha sido tremendamente crítica desde sus redes sociales. “Hay cosas que no pueden ser, un abuso sexual, psicológico, es una violación, ¿como no va a ser violencia un abuso sexual? Un no tiene que ser un no, evidentemente” dice rotunda. Pero la misma rotundidad usa cuando se pone del lado del hombre al añadir: “Hay que tener cierta empatía con los hombres porque van a terminar pensando que ya no pueden acercarse a una mujer, porque se les va a acusar de acoso”, dice.

Me intereso por saber cómo es la sexualidad en los jóvenes, ella además de tener su propia consulta imparte talleres y ponencias en centros escolares  por lo que está muy en contacto con este sector de la población y me confirma que sigue habiendo mitos referidos al rol de género: “Si un hombre se relaciona con muchas mujeres es un machote y si es una mujer, es una prostituta. A veces les pregunto qué le parece y me contestan que no es justo que para un mismo comportamiento se juzgue de manera diferente a hombres y mujeres pero los chicos todavía siguen pensando que para una relación seria no quieren estar con la que ha estado con muchos chicos. Hay muchas cosas por hacer”.

Presentación en Los Placeres de Lola

Le restan importancia

La sexóloga ha constatado también que una parte de los adolescentes no valoran suficientemente un encuentro sexual en el sentido de que está tan disponible que le restan importancia. Hay chicas que tienen sexo a cambio de afecto y otras que lo practican con cualquiera y sin protección, como si quisieran imitar a ese hombre promiscuo al que le otorgan una posición de superioridad. Hasta tal punto está llegando la frivolidad que hace unos años nació en Colombia una práctica que ha llegado a Europa y se conoce como ‘El juego del muelle’. Que no es otra cosa que un grupo de chicos sentados en círculo desnudos de cintura para abajo y un grupo de chicas que van sentándose sobre su pene y van pasando de uno a otro. Ya ha habido algún caso de embarazo no deseado con el agravante de no saber quién es el padre.

El tema daría para mucho tiempo, y si no que se lo digan a Google, pero la conversación vuelve de nuevo a la necesidad de una educación sexual racional y normalizada. Y la mujer tiene que hacer un esfuerzo porque “también está muy mal que nosotras no sepamos decirles cómo nos gusta. Hay muchas mujeres que no se conocen bien y que piensan, por ejemplo que no es bueno masturbarse, es que son incapaces y ellas mismas no se lo permiten”. Y qué hacer frente al hombre, le pregunto, porque no sabe si subimos o bajamos. “Por un lado -asevera- el machismo en la sexualidad afecta negativamente al hombre porque como decía Gregorio Marañón ‘No hay mujer frígida, sino hombre inexperto”. Pero nuestro placer no depende solo de ellos porque ellos mismos también sufren si la mujer no disfruta, sienten esa responsabilidad y eso es consecuencia directa del machismo”.

Al final, concluimos, todo es cuestión de respeto. Cualquier práctica puede ser sana y satisfactoria si hay acuerdo mutuo, al fin y al cabo, asegura la sexóloga “Nos movemos por la búsqueda del placer y la evitación del dolor”.

Y como siempre educación. Que se convierte muchas veces en innovación en nuestra propia vida. Algo similar a lo que Rosa Sanz hizo, se arriesgó y hoy es feliz, después de mucho esfuerzo, en su profesión en la que a veces… también sigue puliendo comportamientos que son tan férreos como las rocas que le ocupaban antes el tiempo.