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La vida en el ‘Bronce manchego’

La alta conflictividad y las tensiones entre poblados fueron características propias del llamado ‘Bronce manchego’. El arqueólogo Miguel Torres afirma que la vida era “muy dura”, como refleja el armamento encontrado, como dagas, puñales, flechas, arcos y alabardas, además de los diferentes “marcadores antrópicos” en el terreno y las expresiones de violencia en los cuerpos enterrados en la necrópolis.

Ahora bien, el experto señala que los intercambios con forasteros existían, y de hecho, las excavaciones arqueológicas, impulsadas primero a través de la Universidad de Granada y que han implicado al Ayuntamiento de Daimiel y a la Junta de Comunidades en los últimos años, han permitido localizar una pulsera de marfil y una concha marina en el poblado, en esas “casas de planta oval o rectangular, zócalo de mampostería y alzado de barro”.

El abastecimiento de agua estaba garantizado por el pozo de la motilla y algunos de los elementos de la triada mediterránea ya estaban presentes en la dieta gracias al cultivo del cereal, que configuraba un paisaje agrario muy parecido al contemporáneo.

Miguel Torres indica que “el paisaje de la Motilla estaría formado por pequeñas manchas de montes de dehesa, con coscojas, quejigos y encinas”, y zonas agrarias que aprovechaban la potencialidad de la vega para el cultivo, por lo que “no sería excesivamente diferente del actual”.

Para acompañar el trigo, la cebada, las lentejas y los guisantes, los ascendientes directos de la cultura íbera cocinaban carne “de oveja, cabra, vaca, algún caballo y hasta perro”, entre algún animal salvaje como “zorros, conejos, liebres, anátidas y jabalís”.

Y entre las curiosidades, Torres advierte que existen vestigios de que los “motilleros” comían queso por una pieza para prensar la leche y separar el suero de la cuajada encontrada en la zona y que expone el Museo del Queso de Manzanares.

La esperanza de vida rondaba los 27 años

Enterramiento prehistórico en la Motilla del Azuer, con el cuerpo colocado en posición fetal y las extremidades flexionadas / J. Jurado

Con una esperanza de vida que rondaba los 27 años de edad, marcada por la alta mortalidad infantil, pues alrededor del 35% de los niños no lograban sobrevivir, Miguel Torres habla de los enterramientos, casi siempre localizados en la zona del poblado, fuera de la Motilla, en el suelo de las viviendas y en las paredes.

Los arqueólogos han destapado más de 100 tumbas, en las que siempre los cuerpos aparecen en posición fetal, con las extremidades flexionadas dentro de una fosa rodeada de piedras, como cualquiera puede observar en la réplica localizada en la fortificación.

El director del yacimiento señala que, aunque en la mayoría no aparecen objetos, más allá de algún juguete en las infantiles o algún elemento de cerámica, “resulta llamativa la presencia de útiles de metal en las tumbas de mujeres”, en concreto puñales.

Estos elementos, que nunca aparecen en los nichos de los hombres, podrían estar relacionados con una posición de relevancia social. No era lo común, pero también han hallado alguna tumba de personas con edades comprendidas entre los 45 y 60 años.