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Bodegas San Ricardo, un lugar único cerca de Valdepeñas

Bodegas San Ricardo 30

En plena llanura manchega, cerca de Valdepeñas, Manzanares y Membrilla, está Bodegas San Ricardo. Un espacio único, entre campos, en la inmensidad de La Mancha, que es el sueño de Maribel Migallón y Antonio Barrau, dos inquietos tomelloseros que se enamoraron de esta bodega levantada a mediados del siglo XIX sobre una quintería del siglo XVII. Ahora, tras una ingente y respetuosa tarea de renovación, abren las puertas de la casa para que el visitante pueda disfrutar de su historia, que es la historia de La Mancha, de la paz casi conventual de sus estancias y enamorarse de ese sitio único, como le sucedió al periodista.

Antonio recibe a los visitantes en una propicia tarde finales de verano, fresca y apetecible. Pasamos a un corral donde se unen el antiguo cortijo y la bodega. Sorprende la blancura inmaculada de los edificios, intactos, como si el tiempo no hubiese pasado por ellos. Nos explica el origen del lugar, San Ricardo, es una bodega levantada a mediados del siglo XIX sobre un cortijo del siglo XVII, en el cruce del antiguo Camino Real con el Cordel de Santiago. Antonio, simpático y cercano, nos va contando que se enamoraron de la finca y con no poco esfuerzo la compraron.

Toda la familia se volcó en devolver la vida a un lugar que se paró en los años 80 de siglo pasado en una aventura titánica que ha merecido la pena. Un trabajo cuidadoso, hecho con mucho respeto y que les ha proporcionado, nos cuenta, muchas sorpresas que muestran al visitante con orgullo.

Al pasar a la bodega causa asombro el gran patio empedrado. Miles de guijarros forman un pavimento único y eterno, brillantes como joyas con el sol de la tarde. En una de las naves, el muelle de carga, se encuentra la tienda. Allí se pueden admirar objetos antiguos, maravillosos. Maribel Buitrago, la madre de nuestra anfitriona, es la propietaria de “La era” en Tomelloso, un negocio de restauración de muebles y objetos antiguos; Maribel Migallón, también tenía una tienda de decoración en Madrid que cerró para poder dedicarse en cuerpo y alma a San Ricardo.

De allí pasamos a la bodega. Un verdadero santuario que alberga 100 tinajas de barro del siglo XIX, hechas a mano en Villarrobledo. No hay ninguna igual. Destacan las líneas rectas del empotre de madera. El lugar es otra cámara del tiempo que conserva los afanes y trabajos de tantas y tantas personas por lograr un vino excelente. Y, como no podía ser de otra forma, Bodegas San Ricardo comercializa sus propios vinos. Las etiquetas han sido diseñadas por la artista Jimena Barrau Migallón en las que funde La Mancha y el anime. El lugar también tiene una mínima capilla preparada para celebrar misas en las épocas de recolección.

Desandamos nuestro camino y volvemos al origen de todo. A la quintería del siglo XVII. Los interiores están restaurados con un cuidadoso gusto. Prima el blanco de la cal, las líneas suaves, el minimalismo manchego. Durante las tareas de restauración encontraron en una de las paredes un grabado de las guerras napoleónicas. Maribel se incorpora y nos acompaña en la última etapa. Admiramos una cueva, el origen de todo. Y es que, los agricultores de la zona antaño las excavaban como refugio, como casa de campo.

La vista acaba (se nos ha hecho corta la tarde entre la belleza del lugar y la simpatía y amenidad de los propietarios), en la sala de catas saboreando los vinos de Bodegas San Ricardo. Al fondo hay una ventana por la que se puede admirar la eterna puesta de sol manchega sobre la llanura. Estamos desenado regresar de nuevo.

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