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Por los campos de Montiel

“Y era verdad que por él caminaba”. El artículo se refiere en este caso al Campo de Montiel y quienes caminaban no eran otros que don Quijote y su escudero Sancho Panza.

El Campo de Montiel es una comarca natural que ocupa buena parte del sureste de la provincia de Ciudad Real y algunos municipios del suroeste de la de Albacete.

Los ayuntamientos de la zona, y los responsables del turismo de la misma, llevan unos años empeñados en ponerla en el mapa y en hacer valer que el libro de Cervantes la menciona cinco veces y que tienen tanto derecho a considerarse “el lugar de La Mancha” como cualquiera otra que hasta ahora haya venido haciéndolo. Y para demostrarlo han llenado las señalizaciones de carretera de grandes placas, encabezadas por la frase que encabeza estas líneas, acompañadas de la inevitable iconografía quijotesca.

Puede que don Quijote y Sancho anduvieran por aquí; no lo dudamos. Lo que resulta a buen seguro más difícil es atraer al perezoso turista estacional que, como mucho, se acerca al agradable paraje de las lagunas de Ruidera, movido sin duda por el señuelo del agua, pero al que resulta más complicado arrastrar hacia las innumerables (y en muchos casos interesantes) iglesias, torreones, sitios arqueológicos, museos locales, de los veintitantos pueblos que componen la comarca.

La hemos recorrido un fin de semana de agosto, cuando ya los rigores del calor se iban desvaneciendo y hemos encontrado sorpresas agradables de un patrimonio poco conocido, una naturaleza muy variada, alejada de la horizontalidad de la llanura manchega; una gastronomía recia y sabrosa y unas gentes (quizá en declive demográfico) resignadas a seguir construyendo su futuro entre las incertidumbres de la rentabilidad del campo y las incógnitas de los nuevos sectores económicos (el turismo, especialmente). Esto es, de modo muy telegráfico, algo de lo que hemos podido ver en estos dos días de derroteros montieleños.

La Torre de Juan Abad (1.081 habitantes) es el lugar del que Quevedo fue señor, allá por el siglo XVII, aunque para discutir de letras y religión e incluso para morir, prefiriese la cercana villa de Villanueva de los Infantes (capital de la comarca, entonces y ahora). Puede visitarse (si se llega a tiempo) la casa en que vivió Quevedo, gestionada hoy por una Fundación y que además de una muestra sobre la figura de Quevedo y su relación con La Torre en la primera planta, ofrece exposiciones temporales de artistas locales. Pero lo que presenta mayor interés es su iglesia de Ntra. Sra. de los Olmos (del siglo XVI) bastante bien conservada y con una excelente información para el viajero en su interior. La joya de la misma, además de unas excelentes pinturas murales en la bóveda del altar mayor, es su órgano histórico construido en 1763 por Gaspar de la Redonda Zeballos y en el que con asiduidad se celebran conciertos de primeras figuras de este instrumento.

Villamanrique (1.239 habitantes) se siente orgullosa de su castillo de Montizón, de propiedad particular situado a unos poco kilómetros del pueblo. También conserva restos de una fortaleza árabe, Eznavejor. Dentro del pueblo podemos visitar la iglesia de san Andrés (del XVI) y la llamada casa de los Manrique, también de propiedad particular, por lo que no puede visitarse y en la que vivieron algunos miembros de esta ilustre familia de varones de armas y de letras. Su estado de conservación no es bueno, por lo poco que puede intuirse desde el exterior. Existe una estructura arquitectónica que fue destinada a Fábrica de Harinas, en su interior albergaba un restaurante ya cerrado.

Villahermosa (con 1.961 habitantes) parece tener mayor dinamismo. Posee más oficinas bancarias (esto es sólo un índice) y algunos otros servicios públicos: biblioteca, hogar para la tercera edad, etc. Su iglesia del siglo XV, declarada bien de interés cultural, de una sola nave, cuenta con una portada plateresca espectacular. Entre Carrizosa y Villahermosa comparten patrona, la Virgen de la Carrasca, que tiene un enorme santuario (no lo pudimos ver; también estaba cerrado) aunque su exterior daba cuenta de la magnitud de la romería que cada año se origina en torno a él.

Villanueva de la Fuente es un pueblo grande (según el último censo cuenta con 2.267 habitantes). Lo que más nos agradó de él fue un espacio natural donde aflora el agua del acuífero 24 y origina un agradable jardín muy apto para el recreo y el descanso, construido en torno al nacimiento del río Villanueva. Anualmente celebra una feria dirigida al turismo cinegético que mueve importantes cantidades de dinero en toda la comarca, Mencatur. Es un pueblo con gran riqueza arqueológica y etnológica y cuenta con dos pequeños museos en los que se recoge y explica ésta.

Albaladejo es un pequeño pueblo serrano (1.235 habitantes), enclavado en un cerro, muy cuidado por su vecinos, muy limpio y agradable. No pudimos ver la iglesia de Santiago Apóstol del siglo XVI, pero sí las espléndidas vista en su entorno así como los restos de un torreón fortificado.

Terrinches (748 habitantes) cuenta con algunas cosas dignas de visitarse. La ermita de Ntra. Sra. de Luciana, patrona de la villa, y un torreón defensivo, similar al anterior que ha sido recientemente restaurado pero que por desgracia tampoco pudimos visitar (no al menos en la mañana de un sábado, que parece un horario bastante habitual para unos viajeros curiosos). Distintas instituciones (Unión Europea, Ministerio de Fomento, Junta, Diputación y Ayuntamiento) han realizado una importante inversión en su restauración (eso dice al menos el cartel que andaba por allí, tirado en el suelo) pero la utilidad social de ese dinero no acabamos de verla. En cualquier caso parece que el Ayuntamiento está preocupado por los temas de patrimonio y cultura como demuestra el libro del arqueólogo Benítez de Lugo, publicado con aportación municipal.

Una de las sorpresas del viaje fue Almedina; con apenas 555 habitantes su Ayuntamiento ideó hace unos 8 años la colocación de paneles con reproducciones de cuadros de su hijo más ilustre, el pintor renacentista Hernando Yáñez de la Almedina, y éstas, en soporte de mosaico, a buen tamaño, y debidamente colocadas a lo largo de las principales calles del pueblo lo embellecen y permiten ser disfrutadas por todos; máxime cuando de este artista es difícil ver obra salvo en el Museo del Prado, y en las catedrales de Cuenca y Valencia. Una idea excelente, no creemos que demasiado costosa y que se convierte en un buen atractivo para conocer este pueblo en el que nació asimismo el gramático y lingüista Bartolomé Jiménez Patón, una de las figuras claves del humanismo del s XVII. Este municipio alberga la sede del Centro de Estudios del Campo de Montiel, una institución que edita una revista y se preocupa por recuperar los valores de la comarca.

Programa

Fuenllana es un pueblo aún más pequeño (253 habitantes) a escasos 3 kilómetros del núcleo cultural de la comarca, Infantes. El Ayuntamiento ha decidido publicar la cifra del censo de los últimos trimestres para que los vecinos y visitantes puedan ver la evolución del número de sus habitantes. Esta villa vio nacer a dos figuras importantes: el que sería reformador y arzobispo de Valencia, Tomás de Villanueva (1486-1555) luego canonizado cuyo IV centenario se celebra este año, y el filósofo Antonio Rodríguez Huéscar, discípulo de Ortega y autor de un interesante ensayo antropológico sobre la comarca, “El hombre de Montiel” (Homo montielensis).

La curiosidad aquí es que un antiguo convento de agustinos que se inició en el XVIII sobre la que había sido casa natal del santo, incluye en el mismo edificio el Ayuntamiento, el centro social recreativo, un patio para actividades culturales, la biblioteca y la Iglesia (que no pudimos ver por estar cerrada).

Montiel, cuya villa da nombre a toda la comarca pasó a la historia por ser el lugar en que se produjo la muerte de Pedro el Cruel (o el Justiciero, como otros prefieren) a manos de Enrique de Trastámara, en 1369, en las interminables guerras entre nobles que asolaron la Edad Media castellana. Al margen de eso Montiel (1.400 habitantes) es el pueblo de José Mota, cuya cara puede verse por todo el pueblo, anunciado una entidad financiera regional. Al parecer tiene un excelente trato con sus vecinos, y el pabellón cultural municipal (sobre unos silos recuperados) lleva su nombre completo “José Sánchez Mota”.

Por último la capital de la comarca, Villanueva de los Infantes, (5.243 habitantes) es con todo orgullo la segunda ciudad más turística de la provincia de Ciudad Real, después de Almagro, e intenta por todos los medios hacer de la cultura y de su patrimonio una fuente de riqueza y supervivencia. La descripción de toda su riqueza patrimonial daría para otro artículo como éste, por lo que lo vamos a omitir. Sólo cabe mencionar, como novedad, la reciente apertura de un Museo de Arte Contemporáneo, en el antiguo mercado municipal, en una instalación bastante digna. En la parte inferior pudimos ver un amplia muestra antológica del artista local de dimensión internacional Juan Antonio Giraldo (pintura, escultura, collage, etc.) y en la superior una muestra de artistas locales. En todo caso en Infantes es donde con más fuerza se ve el empeño por poner al campo de Montiel en el mapa, sin el más mínimo complejo hacia las restantes comarcas cervantinas.

Del histórico Campo de Montiel, dejamos para otra ocasión Alhambra (1.009 habitantes) con sus impresionantes vistas y restos arqueológicos; Carrizosa (1.299 habitantes) y su iglesia parroquial de Santa Catalina; Alcubillas (510 habitantes) atravesada por el Río Jabalón; Santa Cruz de los Cáñamos donde más se acerca el Camino de Aníbal cuya ruta está señalizada; Castellar de Santiago (2.006 habitantes) que aún mantiene tradiciones festivas reseñables como las hogueras; Cózar (1.017 habitantes) donde nació el insigne cronista de Indias fray Gregorio García (1556-1527); Puebla del Príncipe (752 habitantes) con su llamativa fortaleza; Torrenueva (2.820 habitantes), pueblo grande muy cercano a Valdepeñas con su hermoso santuario de Nuestra Señora de la Cabeza; San Carlos del Valle (1.170 habitantes) bien conocido por su Plaza Mayor e Iglesia; Ruidera (580 habitantes) y el sonido de sus lagunas, y ya en Albacete, Ossa de Montiel (2.422) donde se encuentra la cervantina cueva de Montesinos y que vive más mirando a la provincia de Albacete y a Tomelloso.

Este recorrido nos muestra la variedad y riqueza de los valores y el patrimonio de una comarca con una gran historia y con un futuro esperanzador. Los próximos días 20 y 21 de septiembre se celebrará en La Solana un congreso sobre “El Patrimonio en el Campo de Montiel. Investigación, gestión y difusión” en el que más de 30 investigadores y profesionales de la comarca intentarán buscar soluciones para la sostenibilidad futura y la pervivencia de un legado cultural centenario.