Viera Clavijo en La Mancha

Viera Clavijo

Viera Clavijo

Viera Clavijo realiza un viaje acompañando al marqués de santa Cruz del que deja constancia en su obra Viaje a la Mancha de 1774

La Biblioteca Nacional presenta hasta el 5 de mayo de este año una exposición de un ilustrado canario, José de Viera Clavijo. Un investigador que posa con actitud irónica y desenfadada en los retratos que se presentan en la exposición sobre su obra, como en el dibujo que acompaña el libro de la Vida del noticioso José Sargo de 1745, escrito e ilustrado por José de Viera y Clavijo con 14 años. Sus comentarios ingeniosos e incisivos hacen que sus textos tengan un especial atractivo y así cuando vuelve de su viaje a Roma dice: El Papa también usa polvos (para maquillarse), admirado de que el Papa estuviera a la moda del momento.

Viera y Clavijo nació en 1731 en Realejo Alto, Tenerife. La exposición cuyo comisario es Rafael Padrón Fernández ha recopilado un conjunto de obras, la mayoría de las ediciones y manuscritos procedentes de Canarias. Sus primeros trabajos sobre su tierra y la historia de las islas realizada en 1772 fueron su aval para ingresar en la Real Academia de Historia. Un hombre ilustrado al igual que Feijóo, Jovellanos o Campomanes. Numerosas obras sobre su tierra, pero también con una dimensión internacional por ser preceptor del hijo del Marqués de Santa Cruz, lo que le permitió conocer las cortes europeas. En París, conoció a Voltaire, al que tradujo, D’Alembert y Condorcet, a los que llamaba los oráculos del siglo.

Un científico adelantado

Viera Clavijo lanzó el segundo globo aerostático en España, en 1783, que aparece en un grabado del año siguiente, Fiesta de toros en el aire, en el que, entre el público que asiste al espectáculo, está él en una esquina junto al marqués de Santa Cruz. El estudio de la naturaleza le lleva a rescatar una Carta filosófica sobre la aurora boreal. Elaboró el Diccionario de historia natural de las islas Canarias en 1799, que estudia los reinos animal, vegetal y mineral de la zona.

Su poema Los aires fijos trata sobre los elementos gaseosos, y escribe un tratado sobre la fecundación de las especies vegetales, titulado Las bodas de las plantas en 1806. Fue un clérigo adelantado para su época que propugnaba unir razón y fe, rechazando la superstición lo que le valió algunos problemas con la Inquisición. Al final de su vida en 1806, dejará constancia de sus viajes y actividades en sus Memorias. En un retrato de 1812, meses antes de morir en Gran Canaria ya con aspecto de anciano, se presenta con una sonrisa irónica.

Viera Clavijo y el marqués de santa Cruz en Valdepeñas

A principios del siglo XVII, el marqués de Santa Cruz recaudaba en el término de Valdepeñas cerca de 500.000 maravedíes en concepto de diezmos del vino que representaba el 14% de las rentas totales de sus dominios lo que da una idea de la importancia del vino producido en estos momentos. En 1752 existen tres millones y medio de cepas que van creciendo, sustituyendo poco a poco a otros cultivos y la producción llega a 175.000 arrobas.

Viera Clavijo realiza un viaje acompañando al marqués de santa Cruz del que deja constancia en su obra Viaje a la Mancha de 1774. Un libro del que tengo una edición que aparece como del Taller de edición escolar del Instituto Clavero Fernández de Córdoba y que bien merecería una buena edición como excelente promoción turística de nuestra tierra. Un libro que describe la Mancha con un entusiasmo a la vez que con una ironía que lo convierten en una deliciosa lectura. En el año 2012 se realizó una edición en Tenerife con un cuidadoso estudio de Victoria Galván.

Un libro que realiza después del viaje con voluntad de dar a conocer su recorrido, de contrarrestar descripciones foráneas poco acertadas y con una mezcla de rigor y divulgación cargada de ironía y buen humor. La edición crítica de Ángel Romera comienza con esta descripción: “Este viaje tan pensado, tan deseado y tan bien dirigido se ha verificado por fin a las tres y media de la tarde en dos coches de colleras. Todavía no sabemos cómo se llaman las mulas, pero seguro que no faltará alguna Coronela o Comedianta. ¿Y por qué no han de tener nombre los coches como los navíos? Llamaremos al principal, que hace veces de capitana, el Tostador; el segundo, a ejemplo de la otra famosa nao portuguesa, el Cagafogo”. Recorridos por Laguardia, Tembleque, Villaharta, Manzanares y por fin Valdepeñas siguiendo después por Viso del Marqués y otras poblaciones de la provincia.

El recibimiento en Valdepeñas es especial: “Excelentísimo Señor, Vuestra fiel villa de Valdepeñas se pone a los pies de Vuestra Excelencia y le da la bienvenida a Vuestra Excelencia y al Señorito su hijo, con muchas gracias por la bondad que tiene Vuestra Excelencia de dar a sus vasallos este consuelo”. El señor Marqués respondió: “A la villa, que aprecio mucho su atención y que deseo servirla”. En el camino la gente gritaba: “¡Viva, viva su Excelencia!” Todos se hincaban de rodillas. Todas las mujeres estiraban los brazos hacia adelante, y, levantándolos y bajándolos cuanto podían, clamaban con ternura: “¡Ya llega, ya llega nuestro padre!“.

Parada en Valdepeñas y visita a su bodega

El día 13 visita la fábrica de paños con sus batanes, zona de teñido de paños y acabado de los mismos, la de jabón y la bodega que tenía inmensas tinajas “en número de ciento ochenta y forman un intrincado laberinto, o, por mejor decir, una real biblioteca de tomos y atlas de más de a folio”. En la biblioteca hay también sala para los libros prohibidos (las tinajas de aguardiente).

La bodega que describe como excelente biblioteca “compónese de largos lagares y otras galerías, cuyas inmensas tinajas (dulces prendas de Chinchón y del Toboso) están bien empotradas en número de ciento ochenta y forman un intrincado laberinto, o, por mejor decir, una real biblioteca de tomos y atlas de más de a folio”. “Día 15: Hoy daremos noticia de la portentosa cueva que hay en esta casa, objeto digno de la atención de los viajantes, como una de las siete maravillas de la Mancha y aún de la Europa. Toda ella está abierta en peña viva. Bajamos entre once y doce de la mañana por una boca muy capaz y unas escaleras de sesenta gradas muy anchas, tendidas y repartidas en varios descansos. Caminando después sobre la izquierda, se halla como un largo cañón de Iglesia; otro más largo corre a la derecha, que se subdivide hacia el fin en otras dos grandes galerías colaterales.

Sobre una de ellas se ve cierta especie de media naranja o cimborrio por donde con tornos suben y bajan las tinajas pequeñas con el vino. En esto de tinajas no hay que detenernos, porque dicho magnífico panteón o catacumba están rodeadas y guarnecidas de estas estatuas colosales o monstruosas momias con sangre. En nuestra presencia hizo el bodeguero una sangría que ni Salesas. El buen orden de las tinajas, las lámparas encendidas, las lumbreras o respiraderos, la extensión, la pulidez del suelo, paredes y bóvedas, la lobreguez, el frío, el pozo, la consideración de que se tiene toda la casa encima, el excelente licor que allí se encierra: todo esto respira seriedad y provoca entusiasmo”. Sería bueno tratar de acceder a esta cueva y a sus instalaciones que algunos vecinos de la ciudad localizan en un edificio de la población.

La exposición de la Biblioteca Nacional sobre el canario Viera Clavijo es un buen motivo para recuperar uno de los recorridos por la Mancha más sugerente, escritos con una calidad descriptiva repleta de ironía y buen humor.