María Teresa Fernández-Montes, cotitular de una explotación agraria: “ahora soy más jefa que antes”

Julia Yébenes Ciudad Real
La agricultora trabajando con su tractor / El Campo

La agricultora trabajando con su tractor / El Campo

Es una de las 162 mujeres de Castilla-La Mancha -del medio millar que hay en España- acogida al régimen de titularidad compartida en el campo

La agricultora María Teresa Fernández-Montes Jiménez, de 40 años, es una de las 162 mujeres de Castilla-La Mancha -del medio millar que hay en España- acogida al régimen de titularidad Compartida de las Explotaciones Agrarias.

Su alta como profesional del sector agrario, al estar al frente de la explotación que trabaja y gestiona junto a su marido en Llanos del Caudillo, ha supuesto un revulsivo personal y familiar como trabajadora por cuenta propia, pues le permitirá cotizar y cobrar una jubilación

Fernández-Montes es un ejemplo de paridad a la hora de realizar las duras tareas del campo, que conoce desde bien pequeña por tradición familiar.

“Soy agricultora al 50%”, desde que hace unos años tramitó en la oficina de AGROTC de Amfar su titularidad compartida, para así poder cotizar por el trabajo que realiza en sus 60 hectáreas de vid, hortícolas y cereal.

Según explica con gran proverbio, el papel de la mujer está cambiado “bastante” en un ámbito muy arraigado al varón, y va copando plena presencia, como es su caso en tareas como el plantado y recogida de sandías y calabazas, o en el laboreo de la vid con el tractor.

Además, en la época de siega del cereal, de la que se encarga su marido, Teresa se ocupa “al 100%” de las hortícolas.

La dedicación al ámbito agrario de Fernández-Montes no es única en la pequeña localidad donde vive, de 780 habitantes, pues hay un nutrido colectivo de agricultoras dadas de alta, como por ejemplo “mis amigas”.

“Antes era injusto” y ahora “soy ejemplo para mis dos hijas de 12 y 13 años”, orque “no sólo trabajo, sino que soy más jefa que antes”, sostiene.

Así, desde dentro de la actividad percibe “más implicación y reconocimiento” a estas autónomas del campo, que también, de manera cada vez más equitativa, están más aliviadas a la hora de asumir las tareas domésticas.

En casa de Fernández-Montes “todos colaboramos”, una realidad que choca con la herencia de hace unos años, por la que en el mismo pueblo (y en todos los de España) las mujeres desarrollaban solas las labores del hogar, incluso cuando llegaban de ayudar del campo a sus maridos.

Con todo, esta agricultora está “a gusto y contenta” con su profesión, en un día a día “que nunca es igual” porque el campo “depende de factores exteriores y de la meteorología”.

Rentabilidad

Respecto a la rentabilidad del negocio agrícola es otro cantar, porque, según dice, “sigue sin estar muy valorado”, y los precios en origen “son extremadamente bajos”.

“En el campo pasamos frío o calor cultivando alimentos de calidad, pero a la hora de venderlos se deprecian en la cadena del medio”, se queja.

Ante esta realidad, su marido y ella tienen organizado el negocio con una fórmula que les da seguridad económica, como es la contratación anticipada de la venta de sus productos con empresas “que vienen, los retiran y se los llevan”.

“No se puede estar a la aventura en el el mercado actual, como hace años”, indica.

También son socios de la cooperativa manzanareña Jesús del Perdón, donde llevan la uva de sus viñas.

Fernández-Montes también habla de los costes de funcionamiento de este tipo de explotaciones, sobre todo en épocas de presequía como la actual, con falta de lluvias, que les obliga a utilizar más el riego. “Representa un gasto, porque el agua es vital”.

Preguntada por las demandas más urgentes del sector, apunta a la necesidad de que las administraciones concedan “más ayudas para el sector agroalimentario”, uno de los pilares de la economía regional y en permanente internacionalización.