Tirso de Molina orientalizado: ‘Marta la Piadosa’ sorprende en Almagro

Javier Guijarro Almagro
Marta o Mukta 'La Piadosa'/ Festival Almagro

Marta o Mukta 'La Piadosa'/ Festival Almagro

Marta ‘La Piadosa’, de la compañía El Clavileño, es una oportunidad para entender el teatro barroco a través del mismo periodo histórico en la India.

La compañía teatral El Clavileño escogió la obra Marta ‘La Piadosa’ de Tirso de Molina para hacer un trasplante del Siglo de Oro en las arenas de la India. Una comedia que llama la atención sobre un tema de actualidad: el empoderamiento femenino. La Marta o Mukta (como la tradujeron al hindi) de esta obra representa la astucia, el ingenio y la ferocidad de una mujer que quiere decidir sobre su porvenir.

Encontrar denominadores comunes de culturas que han vivido dificultades en momentos históricos próximos es una tarea no muy complicada. El llamado Siglo de Oro de las Letras Españolas surgió al calor de una cruenta crisis económica, social y también de valores. De forma paralela, en la India se vivía la contienda contra el Imperio Mongol. Por otra parte, la de los matrimonios concertados o impuestos por los progenitores es una tradición hindú que se remonta a tiempos inmemoriales.

Esta comedia de Tirso y la efectiva acomodación cultural que se ha hecho de ella representa muy bien un puente entre civilizaciones, costumbres y sociedades. Este montaje nos plantea una visión panorámica muy interesante, pues nos hace ver que aunque en lo estético y formal (si queremos denominarlo así), India y España estén muy separadas, los temas que el autor plantea tienen vigencia común a través del tiempo y la distancia.

Según la propia compañía,  Marta ‘La Piadosa’ es una oportunidad para entender el teatro barroco a través del mismo periodo histórico en la India, y así es, pues aunque el esqueleto del texto fuese de Tirso de Molina, se modificó de una manera respetuosa y enriquecedora para ofrecer una visión de la cultura de la India.

Gajes menores de la lengua

El elenco estaba compuesto íntegramente por actores indios, claro está, hablantes nativos del hindi, con todo lo que eso conlleva. Es cierto que podría costar un poco entrar en la obra y mantenerse en ella: la pronunciación no siempre era nítida y en muchos casos, se perdían rimas y ritmo por causa de la modificación del texto. No es una crítica negativa, de hecho, la obra funcionaba muy bien y era efectiva en todos los sentidos.

Una obra, en síntesis, barroca pero con un planteamiento enriquecedor y vivo.