De los quioscos de prensa, con Esteban Bravo en El Torreón y un diario de 1920

Luis Miguel García de Mora Ciudad Real
Esteban Bravo, en su quiosco de El Torreón / Luis Miguel García

Esteban Bravo, en su quiosco de El Torreón / Luis Miguel García

Ahora parecen más grandes, aunque haya menos periódicos que hace años, será porque el señor, o señora, extiende por su acera, con sumo esmero, todo un muestrario de revistas, fascículos, libros… ¡Será por lectura! Será por lo que sea, pero venimos echando de menos muchos quioscos de prensa en pueblos o ciudades

Ahora parecen más grandes, aunque haya menos periódicos que hace años, será porque el señor, o señora, extiende por su acera, con sumo esmero, todo un muestrario de revistas, fascículos, libros… ¡Será por lectura! Será por lo que sea, pero venimos echando de menos muchos quioscos de prensa en pueblos o ciudades. En el nuestro, La Solana, se nos fue el último no hace mucho, aunque oímos que el joven propietario andaba un poco malillo y ojalá vuelva porque el quiosco sigue en su sitio, y dan ganas de asomarse y dar los buenos días y que te los devuelvan. Recordamos el primero que hubo en plena Plaza Mayor, un señor quiosco, arriba, conciertos de música los domingos, en los bajos, un hombre y una mujer, hermanos, no daban abasto con tanto periódico y revistas, ¡ay!, y hasta por las casas repartían. Eran los años 60.

Y más, perdón, menos. En el tren, que tanto se leía, o vienes con el periódico o lees el teléfono; ya no está aquel socorrido y romántico quiosco, con el señor deseándonos buen viaje. En estaciones que frecuentamos como Alcalá de Henares, Alcázar de San Juan o Manzanares han pasado a la historia. ¡Cuántos trenes de todas clases verían pasar! Y conversaciones con gentes diversas de ida y vuelta, o para quedarse, y una dirección que alguna vez nos dieron, o un consejo, o una buena noticia en ese periódico que comprábamos a veces al galope, maleta en mano, porque pitaba nuestro tren. Igual que se han escrito historias sobre el tren, muchas, habría que hacerlo y muy merecidamente, con toda gratitud y emoción, a esos heroicos y viejos quioscos que durante tantísimos años estuvieron allí, en calles, plazas, estaciones… Por cierto, otra pena grande, vas en el tren y ya no hay ni estaciones, sí, están ahí, con el nombre y las puertas, y unas pintadas adornando la pared. Dan ganas de llorar casi…

Nos hemos animado, en verdad, y para que la crónica, o lo que sea, quede un poco bonita, charlando con… el señor de un quiosco de Ciudad Real, Esteban Bravo López-Cano, a quien hacía algún tiempo que no saludábamos. Muchos años ya en su quiosco del Torreón del Alcázar, ocho siglos nos contemplan, con Alfonso X el Sabio detrás – y al frente – de tanta historia. Está bien el hombre que nos dijo en una ocasión que era de Malagón, con su bella historia también con Santa Teresa de Jesús, y le preguntamos si conoció a un célebre artista de circo, y especialista de cine, nacido allí, llamado Juan Maján, al que no tuvimos la suerte de conocer, pero que alguien que lo conoció y bien, el recordado también Reyes Abades, otro mago del truco y efectos, nos habló de su gran amistad y películas juntos. Y nos dijo que lo vio por allí alguna vez de visita familiar, pues él vivía en Madrid. Ya nos hubiera gustado ver de cerca a un personaje como Juan que condujo la cuadriga de Ben-Hur, luchó con el toro de “Ursus”, y era una figura muy respetada en Europa y América.

Y Esteban, claro, tan campechano y persona trabajada y viajera también, con parada para siempre en Ciudad Real, con su mujer Felisa, quien le ayuda lo suyo con la prensa y demás, y su hija. Tuvo un camión y recorrió España y toda Europa, en un paréntesis con el quiosco, para volver de nuevo. Hablamos de los madrugones, a las 5 de la madrugada, de su “fuga” del quiosco por un rato para repartir la prensa caliente… aunque ya menos que antes, y a la Biblioteca pública. Y del diario LANZA, tantos años, tantas cosas buenas todos los días, a primera hora, cuando vienen más clientes. Y, claro, los amigos, que, aunque no compren ya el periódico saludan. Le hablamos de un diario de Ciudad Real, de un ejemplar que conservaba nuestro padre en casa, El Pueblo Manchego, del 15 de agosto de 1920, con muchos buenos artículos y fotos de artistas manchegos como el barítono Marcos Redondo, el pintor Gregorio Prieto o el escultor Jerónimo L. Salazar. Y las reinas de las Fiestas que las anunciaban como Corte de Amor de los Juegos Florales.

Hasta otra, Esteban.